A veces nos preocupa entregarnos, porque cuando nos entregamos, casi nunca regresamos enteros.
Tenemos miedo de quedarnos con el corazón mutilado, que ese vacío permanezca para siempre, y nunca termine de doler.
Sin embargo, llegarán a nuestras vidas, aquellos que dejarán pedazos suyos en reemplazo…