Ignacio

No está de más decir que te voy a querer siempre y que muy probablemente tu nombre me haga sentir mariposas en el estómago toda mi vida. Porque uno nunca olvida al primer gran amor. Sos como un tatuaje que llevo en la piel. O una cicatriz, porque no me dejás de doler.

Dicen que las mujeres siempre sabemos, no sé cómo, pero siempre sabemos cuando algo está mal y yo hace rato que sentía que algo no estaba bien. Y bastó con mirarte a los ojos en la computadora para entenderlo todo, para entender que nuestros caminos eran rectas que empezaron siendo paralelas pero que de repente se escaparon una de la otra. Que tenemos objetivos distintos: que yo quiero e imagino una vida con vos y no pido mucho más que eso; pero que vos querés otra cosa, que tenés sueños y anhelos … pero yo no estoy en ellos. No porque no me veas a mi, Carla, sino que no ves a nadie. No ahora. Y está bien.

Está bien porque yo entendí hace poco que vos y yo somos personas distintas, entidades separadas y completas. Que una persona no necesita que la otra la complete sino que la complemente, que la acompañe. Y yo necesito tu compañía. Quisiera caminar junto a vos toda mi vida. Pero vos no. Vos podés caminar solo. O al menos no junto a mi ahora.Quizás si hubiera abandonado la idea de que mi mundo se revolvía alrededor tuyo a tiempo no estaría acá, llorando. Me di cuenta tarde de esto. Me verías fuerte, entera como me veía hasta hace poco porque me desarmé. Verías que sí me quiero, cada día un poco más porque entendí que primero voy yo y después va el mundo, pese a que creas que siempre pongo a los demás primero. Stephen Chbosky escribió “You can’t just sit there and put everyone’s lives ahead of yours and think that counts as love”. Cuánta verdad hay en esas palabras. Aunque te extraño.

Ya te extraño. A vos y al castillo que en todo este tiempo construí. Ese castillo con amistades compartidas, tu complicidad, tu incondicionalidad y la Carla que fui armando, todas esas cualidades que aprehendí en estos años y que me hacen lo que soy y que ahora se está derrumbando. Yo soy ese castillo que ahora tirás abajo. Y estoy rota. Soy un millón de pedacitos. Y mi familia y mis amigos tratan de reconstruirme. Juntan mis pedacitos y ven dónde iba cada uno. Quizás después de todo esto me arme de una forma distinta. Quizás mejor, más fuerte.

Quiero que sepas que voy a estar bien. Que ahora lloro y siento que el mundo se vino abajo, que la tormenta parece no amainar. Pero dicen que el tiempo todo lo cura. Y hoy estoy golpeada, magullada y me duele hasta la fibra más íntima de mi ser, pero mañana me va a doler menos. Me va a doler menos todos los días hasta que un día deje de doler. Espero que deje de doler. Y quizás un día vuelva a sonreír. Y no te extrañe tanto. Y pueda reír de nuevo. Y te vea y seas un lindo recuerdo y no un lindo recuerdo ennegrecido por mareo y ganas de estar seis metros bajo tierra. Porque me falta el aire, Ignacio, siento que me falta el aire. Pero sí, voy a estar bien.

Y ahora las horas pasan lento. Y se me corre el rimmel. Y desearía que no hubiéramos tenido un punto final. Sólo una coma. Pero esta historia la escribimos los dos y no nos pudimos poner de acuerdo. Así que por ahora te voy a seguir queriendo de lejitos.

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