Esto lo escribí un jueves que parecía que iba a llover pero lo único que llovieron fueron lágrimas

Te fuiste y me dejaste la casa llena de vos, llena de algo que está por todos lados pero que ya no es porque ya no hay nada. Y esa nada es algo que todavía puedo sentir, es algo que me hace llorar de noche pero que no puedo tocar. Ni tampoco puedo agarrarlo y dejarlo en la calle para que venga el señor de la basura y se lo lleve.

Peor aún, te fuiste y me dejaste a mi llena de nosotros. Estoy llena de los dibujos que hacía cuando unía las galaxias de tus lunares y de los océanos que nadé en tus ojos. Estoy llena de tu imagen de recién despierto y con las marcas de la almohada en tu cara y estoy llena de la luz que irradiaban tus pupilas cuando hablabas de física o de los proyectos que tanto soñabas. Estoy llena de olor a los jazmines que me comprabas en ese puestito de flores de Coronel Díaz y Beruti.

Mi cuarto sigue tan impregnado de ese olor a jazmín que cierro los ojos y te siento. Te siento cuando camino por la calle y el iPod reproduce La vie en rose y me pongo a cantar. Pero cantando la voz se me quiebra porque esa letra me habla de vos y de cómo me pintaste la vida de rosa. Y ahora es gris. Y a veces miro el cielo, sobretodo cuando hay tormenta, y me acuerdo de cuando nos sentábamos a verlas en silencio en el piso 11 y me sentía plena.

Así como esas tormentas que veíamos juntos, vos sos como un tornado. Te llevaste todo. Te llevaste todo menos a mi.

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