ENTREVISTA DE TAPA | Cacho Castaña | “Enojarse con Dios es recurso de mediocres”

Publicada el 17 de noviembre de 2013 en Tiempo Argentino

Es lunes. Jornada de descanso en la morada de Cacho Castaña. “Ayer vinieron a un asado Guillote (Coppola) y Coco (Silly) y se quedaron hasta las mil quinientas. En un momento les dije: bueno, muchachos, muy lindo todo, pero me voy a torrar. Y me fui”, cuenta Cacho, divertido, como nene luego de una travesura. “¿Me bancás que me tomo un feca?”, pregunta en natural lunfardo, previo a hacer las fotos y arrancar la nota. “Cuando tenés 30 años pensás que pateás puertas, te quedás tres días sin dormir y no pasa nada. Ahora me llego a quedar una noche en vela ¡y estoy una semana para recuperarme!”, exagera; la melena planchada hacia atrás, las cadenas y brillos abundantes sobre el pecho.

“Pasa que yo también soy un boludo porque me dije: ‘Este año no voy a laburar. Voy a estar más tranquilo.’ ¡Y mirá todo lo que terminé haciendo!”, protesta en referencia a Buenos Muchachos (el programa que comparte con Coppola, Bambino Veira y Coco Basile por C5N), Tu cara me suena (el reality de Marley en Telefe) y Aquellos viejos amores, su flamante nuevo disco, que viene presentando en el Gran Rex (lo hizo el 7 de noviembre y repite el jueves 21) y que lo muestra sin orquestas ni artificios: apenas acompañado por un veterano dúo de guitarras y caminando como pocos la cancha. “Me enganché con el laburo y no puedo parar. Pero no me quejo, eh”, sonríe.

Surgido a fines de los sesenta a caballo de “la nueva ola” que enganchó a tantos jóvenes deseosos de experimentar “las nuevas ondas”, Cacho Castaña supo destacarse en las radios y los bailes de Carnaval con su carisma de reo a lo Elvis y temas de corte pop español como “La reina de la bailanta” o “Lo llaman el matador”. Sin embargo, la vida hizo de la suyas. Y de la mano de tangazos como “Garganta con Arena” o “La Gata Varela”, terminó convirtiéndose en un referente ineludible de la bohemia tanguera y la virilidad urbana en 2x4. Un ícono popular. “Es todo muy mágico lo que pasó, porque al mismo tiempo que lo del tango, mucha pendejada empezó a adoptarme. Pibes que vienen a mis teatros y cantan ‘Garganta con arena’ o ‘Café la humedad’. Un misterio, la verdad.”

–No parecés un tipo que esté buscando afecto. ¿Es así?
–Sí. No soy de los que andan pidiendo mimos. Pero ojo: la soledad te la bancás hasta cierto punto. Cuando estás mucho tiempo solari empezás a pensar pelotudeces. Está bueno verse rodeado de gente que te aturda un poco. Porque si le das rienda suelta a la cabeza por ahí te traiciona…

–¿Cómo cambió tu vida después de aquellas graves internaciones de 2010 por problemas respiratorios?
–Me di cuenta que era un boludo. Que si no me seguía cuidando me iba a morir. Además, crecer espiritualmente no le hace mal a nadie: está bueno. Te hace bien. En ese momento fue: o me sigo portando mal o me cuido.

–¿Y cómo es cuidarte en tu caso?
–Y… Ser más ordenado. Hacer una vida un poco más sana, sólo un poquito. Tomar las cosas con más delicadeza y no tan desbordado. Lo que pasa es que uno viene mal acostumbrado.

–¿Se extrañan esas trasnoches?
–Sí, porque los deseos no se van (risas). Uno cambia, envejece. Pero los deseos siguen siendo los mismos. Es una cagada. La naturaleza no es muy sabia, en ese caso.

–Pero algo te tiene que dar a cambio…
–¡Al revés! ¡Te pide el vuelto! Y no sólo eso: una vez que te retirás de la ventanilla, chau. Si te he visto, no me acuerdo. Pero bueno, no te queda otra que aprender. Decir: “Ya está, ya disfrutaste. Bien o mal, con aciertos y desaciertos. Pero ya está.”

–¿Te arrepentís de algo de lo vivido?
–Sí. No soy de esos que dicen: “No me arrepiento de nada. Si volviera a nacer haría todo lo mismo.” No. Yo, todo lo mismo, no. Hay muchas cosas que no las volvería a hacer ni loco.

–¿Por ejemplo?
–Bueno, cosas que casi todo el mundo ha hecho: chupar, escabiar, mandarse al frente con el pelotudeo. La verdad, no sirve. La droga no va para nada. Le pide un vuelto a la vida mal. En ese sentido, prefiero tomarme un vaso de vino y chau. Porque tampoco la pavada: con yogur no creo que nadie haya escrito un tango. Pero como decía Piero: manso, manso…

–¿Y cómo quedaron tus afectos, tus vínculos, después de tantos años de carrera y trasnoche?
–Y… De repente esta carrera te lleva a desprenderte un poco o a no darle mucha bola a los que te quieren, las cosas que sirven. Pero después te das cuenta de que lo que realmente vale es la familia y los amigos. Todo lo demás es cartón pintado. Incluida la fama.

–¿Y el amor? ¿Las parejas?
–Las parejas… El amor… Yo que sé: es el eterno problema. Porque al año y medio las querés matar. La verdad, no sé cómo hacían nuestros viejos, que vivían 40 o 50 años juntos. Un misterio para mí.

–¿Tus viejos como se llevaban?
–Eran los Campanelli. Todo bien ordenado: los horarios, la familia. Mi viejo nunca me levantó la mano, pero me miraba y me cagaba todo. Falleció cuando yo tenía 20 años y yo ni me cruzaba por delante de su velatorio fumando…

–¿Con tu vieja cómo fue la relación?
–Fue diferente. Falleció hace 18 años. Se bancó la muerte de mi viejo, de mis hermanos. Cuando murió, recién ahí me sentí huérfano. Estaba muy orgullosa de mi carrera. Por ahí la llamaba después de haber estado en algún canal y para ella siempre había estado mejor que Raphael, que Elton John, que cualquiera. Y quizás había cantado como el culo.

–¿Cómo se llevó con tus mujeres?
–Las conoció a todas. Por ahí, con alguna, me llevaba detrás de la puerta y me decía: “¡te voy matar!”. Le caía el domingo al mediodía con cada atorranta a veces… (risas). Era una tana brava. No se comía ningún amague.

–Igual, por lo que se puede ver en Buenos Muchachos y en tus recitales, seguís siendo un seductor…
–Sí. Uno trata. Porque los deseos son los mismos…

–¿Te gustaría que te dejaran un poco tranquilo (los deseos)?
–No. Ni loco. ¡Que no se vayan! Si se van, sos boleta. Aunque ahora necesito otra cosas también…

–¿Qué cosas?
–Y… mirá: si al perro le gusta que le pasen la mano por la cabeza llega un momento en que a uno le gusta… que le pasen la mano por la cabeza. Es terrible, pero es así. Si no, no sirve. Por más que sea un minón.

–¿Y cómo se concilia entonces el deseo con esa necesidad de sentar cabeza?
–Y… Uno va cambiando la forma de pensar. De sentir. No es lo mismo ahora que cuando tenés 20 o 30. A esa edad te volteás lo que venga. Ya no. Ahora te fijás en lo que dice, lo que no dice. Hay mucha previa y son cada vez más largas (risas)

–¿Como cuando eras adolescente?
–Ja, sí. Como una vuelta a la adolescencia, pero desde otro lado. Una especie de neo-romanticismo.

–¿Y te gusta eso?
–Lo tenés que aceptar. ¿A quién le voy a reclamar? ¿Al Barbudo? ¿Sabés el laburo que tiene el quía? Lo están volviendo loco.

–¿Te enojaste alguna vez con Dios?
–Sí. Pero a la hora de la verdad, es un recurso de mediocres. Con el Barbudo no hay que ni enojarse ni manguearlo. Andá a saber si está, si no está, si no estuvo. Es tan raro… Pero bueno, hay que tener un poquito de fe también. Imaginarse que después de muerto hay otra vida. Decir: hay otra cosa, vamos a ver qué pasa. Está bueno eso. Así por lo menos no asusta tanto la muerte.

–Habría que ver qué tipo de vida viene después, también…
–Y… sí. Porque si estás con una túnica blanca, tomando unas sopas… No, eso yo no lo quiero. Voy a tener que ir al infierno entonces (risas) En el infierno están todos los amigos.


La paternidad y Cacho

— No se te dio ser padre…
 — No. Y ya estoy grande. No tendría paciencia para eso. Vos dame dos días que no duermo y ya lo estoy tirando por la ventana (risas). Eso sí, tengo una relación muy fraternal con mi sobrino nieto, Martín. Tiene 24 y por ahí me pide consejos, charlamos. viene acá, se queda con la novia, apoliyando. Le gustan los fierros, correr en el autódromo. Es un atorrante. Pero bien, más prolijo y más sano.

— ¿Te admira?
 — Mucho no me lo dice, pero calculo que sí. Sino lo mato (risas). Es una relación que se fue dando, natural.


Buenos muchachos: “La pasamos bárbaro”

“Con los ‘buenos muchachos’ nos cagamos de risa. Son buena madera todos: Bambino (Veira) es un personaje de leyenda, (Guillermo) Coppola tiene una Biblia en la cabeza, Coco (Basile) es una cosa de locos, lo amo a Coquito. La verdad, la pasamos bárbaro. Ellos van a hacer temporada teatral, pero yo no me anoté. Ya hice revista con Nito (Artaza), laburé todas las noches. Entonces, otra vez no. Tanto trabajo, no. ¡Sólo falta que haga de vuelta la colimba también!”, se ríe Castaña sobre sus compañeros de programa en C5N

El nuevo disco: luces bajas y tango a dos criollas

Con títulos clásicos como “Chorra”, “Mano a mano” y “El conventillo”, Cacho enhebra un disco de tangos a la viejísima usanza, apenas munido de su voz austera de firuletes, pero plena de seca expresividad; y un acompañamiento de bajo y guitarras arrabaleras en la senda del Lunfa Reo de Edmundo Rivero. “Para mí el disco refleja lo que fue mi adolescencia y mi niñez. Porque son todos tangos que yo escuchaba de pibe en la radio. Es música con recuerdo”, dice sobre el álbum, que también cuenta con la muy buena participación de Adriana Varela en “Bajo un cielo de estrellas” y “Romance de barrio”. Para una escucha de luces bajas y vermut a mano.


“El amigo es uno con la piel del otro”

–¿Ser buen amigo es vocación o virtud?
–¿Qué es un amigo? El amigo es uno con la piel del otro. Es un intercambio energético. ¿Viste cuando te levantás una mina que la mirás y ya sabés que te la vas a ganar? Cuando nace la amistad es así. Es un amor fraterno maravilloso. Quizá lo mejor que te pueda pasar.

–¿Tuviste amigos que te hicieron mucho daño?
–Sí, pero es como cuando se muere un ser querido: aprendés a convivir con el dolor.


Originally published at tiempoargentino.com.

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