ENTREVISTA DE TAPA | Donna Caroll | “De chiquita usaba la mensualidad para comprarme discos de Frank Sinatra y Bing Crosby”

Publicada el 2 de julio de 2012 en Tiempo Argentino

Mucho antes de la revolución de los Beatles, los Rolling Stones y el flower power que puso patas para arriba varias convenciones sociales de la época, la canción popular estadounidense copaba el segmento anglo de las radios argentinas, con su audio suave y limpio que coqueteaba con el jazz, pero sin perder nunca el formato canción y una voz referente.

“Conocí estas canciones de chiquita, cuando mi padre me daba una mensualidad y yo la usaba para comprar discos de Frank Sinatra, de Bing Crosby, de Rosemary Clooney, y me enamoraba de esas voces”, cuenta Donna Caroll, figura icónica a nivel local de ese repertorio que en 48 años de carrera nunca se dejó tentar “por los vientos de cambio” o “las nuevas modas” y se mantuvo fiel a su primer amor artístico.

“A mí a veces me decían: ¿por qué no pasás al tango o al folklore? Pero nunca me salió acomodarme según la conveniencia, no es mi estilo”, subraya esta cantante que dos veces debió emigrar del país por cuestiones políticas. La primera, durante la Guerra de Malvinas, sospechada falsamente de ser pro británica; y la segunda, en el menemato, cuando su filiación radical le cerró innumerables puertas en el espectáculo. Pasó por todas a lo largo de su vida: desde un padre árabe chapado a la antigua que la obligó a un casamiento por arreglo hasta quedarse sin ahorros por apostar a la música y tener que reinventarse en el negocio inmobiliario. “Me mató participar en la campaña de Angeloz del ’89. Se me cayeron todos los contratos, los de los canales de televisión y los de Michelangelo, y desaparecí del mapa”, recuerda.

Casada desde hace 46 años con el eximio guitarrista Oscar López Ruiz, integrante durante años del conjunto de Astor Piazzolla, el presente de Donna Caroll luce por suerte mucho más feliz que en aquellos años difíciles: conduce todos los viernes por la noche junto a su marido un envío de música en Nacional Clásica; y prepara un ciclo de recitales para septiembre (también con Oscar) en el Che Flores de Las Cañitas. “Estoy feliz con este momento de mi vida. Estoy llegando a los cincuenta años de carrera y siento que llegué a un lindo lugar, tanto en lo personal como en lo profesional”, reflexiona. Y agradece a su público: “No es imenso, pero es fiel y seguidor. ¡No sabés la cantidad de mensajes y agradecimientos que todos los viernes nos llegan al programa! Nos sentimos muy queridos con Oscar.”

La primera evidencia del talento de Donna Caroll, que desde el primer día lució un timbre de voz cálido, como de diva, y una perfecta pronunciación para el inglés estadounidense, vino con una anécdota de su infancia que involucra a Homero Manzi y no muchos conocen. “Cuando era chica mi padre me mandaba el Lincoln School, donde todas las tardes, después de cenar escuchábamos esta música y aprendí a amarla”, relata Donna. “Y cuando estaba en casa, en la zona de Libertador y Oro, me juntaba con los chicos del barrio y Manzi, que vivía cerca, nos agarraba y decía: ‘Colorada, vení, cantate algo. ¡No saben cómo canta en inglés esta colorada, yo no he visto cosa igual!’” (risas).

La reacción del padre de Donna fue mandarla a un profesor de piano que, a su vez, luego de un tiempo, le recomendó que diera un paso todavía mayor: “Le dijo: ‘Esta chica tiene que estudiar en París con Marguerite Long’, y mi viejo respondió: ‘¿Qué? ¡Ni loco! Yo lo único que quiero es que sepa suficiente música como para dar un concierto en una fiestita familiar, esas cosas’”, recuerda Donna que protestó su padre. Y así fue que, de un día para el otro, la futura cantante se quedó directamente sin clases, sin profesor y sin música. “Y nunca más toqué el piano. Si me decís ahora, no puedo”, revela.

Pero “lo que no sale por un lado, sale por el otro”, continúa Donna, porque no pasó mucho tiempo hasta que la música, en su modo más interpretativo, apareciera en su vida. “Yo me había separado de mi primer marido, un millonario dueño de una empresa de aviación con el que me habían obligado a casarme sin estar enamorada, y necesitaba ganarme la vida. Fui a una audición con Horacio Malvicino para un canal. Y apenas me escuchó detuvo la prueba, llamó al gerente y me hicieron firmar un contrato.” En ese momento, fines de 1963, empezó todo para Donna Caroll: una carrera como voz icónica de la música popular americana y cara visible de varios de los shows televisivos para público juvenil de la época de los años siguientes como Show 90 y otros.

“Las dos veces que tuve que emigrar fuera del país porque se me habían cerrado las puertas acá, me fue muy bien”, remarca Donna. “Hice giras por Estados Unidos, Europa, toqué en Egipto y en varias partes del mundo. Pero siempre quise volver. Nunca me gustó quedarme afuera. Yo amo mi país, soy más argentina que el bife, y todo lo que podía ser como artista necesitaba hacerlo acá”, completa, feliz con su presente y todavía con fuerzas para el camino que aún falta por recorrer.


Donna y La Pesada

Para los estudiosos del rock nacional, Donna Caroll es también una gran cantante que supo tener un encuentro con la troupe de La Pesada del Rock and Roll que comandaba Jorge Álvarez, legendario editor y productor de bandas como Manal, y pionero creador del sello Mandioca. Por iniciativa de Álvarez, la Caroll cantó en Buenos Aires Blus y luego junto a su marido Oscar López Ruiz grabaron un muy buen álbum (el homónimo Donna Caroll) con músicos como Billy Bond, Alejandro Medina y otros habitués de La Pesada. Hoy es pieza de colección y una joya de su discografía.

–¿Cómo fue que terminaste grabando con La Pesada?
–Fue idea de Jorge Álvarez. Y fue la oportunidad de hacer cosas maravillosas, sobre todo para Oscar, que aprovechó para interactuar musicalmente con La Pesada. Ellos se portaron excelente con nosotros. Y aún hoy, cuando nos vemos, nos abrazamos y nos saludamos con mucho cariño. Por ejemplo con Alejandro Medina cuando nos encontramos en Sadaic. La verdad que me encantó hacer ese disco con ellos y hoy lo recuerdo como un momento muy lindo.


Originally published at tiempoargentino.com.

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