ENTREVISTA DE TAPA | Facundo Arana | “Prejuicioso es quien deseó con toda su alma ser algo que no se animó”

Publicada el 3 de agosto de 2014 en Tiempo Argentino

La historia es conocida pero vale la pena recordarla: Facundo Arana se presenta al casting de Canto Rodado (aquel envío juvenil de Canal 13 en los ’90, previo a Montaña Rusa pero posterior a Clave de sol) por recomendación de su profesora de teatro, Betiana Blum. “Andá, que ya estás listo”, le dijo la actriz. Y el futuro galán fue con su saxo y su timidez a cuestas. Sin saber que el autor del programa (que se proponía recrear una especie de Fama a la argentina, con las vicisitudes de los estudiantes y aspirantes a la gloria que nutren año a año las escuelas de arte porteñas) había imaginado un personaje hecho a su medida: el de un flaco pelilargo, rubio, que tocaba el saxo a la gorra en el subte.

“Él vivía en Santa Fe y Pueyrredón, a metros de la estación donde yo paraba. Y cuando se enteró de que era yo el que se había presentado al casting no pudo creerlo y… me confirmó para el papel”, cuenta Arana sobre el golpe de suerte que lo metió en la tele. Y que, a posteriori, lo convirtió –junto con Pablo Echarri– en uno de los galanes principales de la telenovela argentina con Muñeca Brava, Sos mi vida, Yago y Padre Coraje, entre tantas otras.

La música, sin embargo, quedó en veremos. Y pese a que durante un tiempo formó una banda junto con Lisandro Etala, David Libedinsky, Ligia Piro y otros, el proyecto no prosperó por dificultades varias (entre ellas, la crisis de 2001). “Después quisimos reflotar el grupo. Pero se nos hizo muy difícil. En mi caso conocí a mi mujer, tuvimos una familia, seguí trabajando un montón, y dejé de insistir…”, cuenta Arana después de haber podido revertir la situación nada menos que con Salir a tocar, un CD de versiones del rock clásico de los ’70 y ’80 editado por Sony y grabado junto con una banda de acompañamiento con músicos de lujo.

–¿Qué pasó en el medio?
–Tuve un aval muy importante, el de mi mujer (María Susini). Ella veía que me amargaba por tener relegada la música y empezó a decirme: “¿Por qué te hacés esto?, ¿por qué dejás de lado algo tan importante para vos?” “Mi amor, ¿te parece?”, le decía yo. “Sí, me parece”, me contestaba ella. Y ahí arranqué.

El primer paso, cuenta, fue armar una banda con la cual salir a tocar. A través de Dizzy Espeche (reconocido músico del funk local, guitarrista de Fito Páez y de los Illya Kuryaki, entre otros) Arana formó un grupo de acompañamiento de lujo e inmediatamente salió a tocar (por eso el nombre del CD). ¿El repertorio? Clásicos del rock de los años ’70 y ’80 (ver recuadro) con la voz del actor al frente.

–Sacar un disco siendo un galán reconocido es también exponerte a las críticas. ¿Te preocupa?
–Poder hacer en la vida lo que a uno le gusta ya es un milagro. Se tienen que alinear muchos planetas. Pero cumplir, además, ese sueño que tenías postergado es ya directamente increíble. Algo así como tachar la doble en la generala. Entonces, cuando esa partida te salió bien, ¿cómo preocuparse por los prejuicios?, ¿cómo molestarse cuando en la presentación para la prensa pude tocar con la pulserita que hizo mi hija y junto con una súper banda como la que tengo? El prejuicioso es quien deseó con toda su alma ser algo que no se animó a ser. El que dice: por qué él y yo no, y termina siendo un avión estrellado.

–Con Dizzy Espeche hay mucho swing en la banda.
–Sí. Y nos gusta. Y se dio naturalmente. Cada uno puso su forma de tocar.

–Y estando en una banda con gente con tanto escenario, ¿sentiste presión de no desentonar?
–No, porque cuando el músico es bueno hace que quien está al lado pueda estar a la altura.

–¿Un código entre músicos que en la actuación no sería tan habitual?
–(Silencio). Con los buenos artistas, sí. Actor no es lo mismo que artista. El buen artista hace eso. Sube a sus compañeros o se baja hacia ellos. En ese sentido, yo soy un muy buen público. A mí me llevás a ver una muestra de primer año de teatro de cualquier escuela y yo me siento y se me caen las lágrimas, me creo todo, me copa.

–No vas con falsas exigencias.
–No se me ocurre. De hecho, tengo la mano pesadísima de entrenar años para cuando me cruzo un prejuicioso poder decirle: “Vení, no me gusta que seas prejuicioso con ese chico al que le gusta bailar breakdance en la calle. Si querés te invito una cerveza y te explicó por qué. Si no, te explico de otra manera”.

–¿Y qué le enseñó esa experiencia callejera al Facundo Arana que luego conocimos?
–Lo que pasa es que no estuve en el inframundo, era una calle más naif. Nunca en mi vida vi droga, por ejemplo. Hoy mismo me ponés cocaína y azúcar frente a mí y no las sé distinguir. Y eso que toqué con Bianca Atwell en El Dorado y terminé siendo malcriado por las drag-queens. Ellas eran preciosas y me cuidaban (risas).

–¿Porque habías elegido tocar en la calle?
–Porque el ’92 fue un año muy recesivo en lo personal. Yo acababa de recuperarme de una enfermedad tremenda (NdelR: cáncer). Y eso lleva su tiempo, aunque tengas 20 años. Era mi presente. Recuerdo que terminé una suplencia y no sabía de qué iba trabajar. Pero una tarde fui a visitar a mi vieja a su taller. Y cuando pasé por Corrientes y Callao escuché un sonido conocido saliendo de la boca del subte y bajé. Ahí ví a un tipo tocando el saxo tenor más viejo que había visto en mi vida. Y con el estuche de cuero puesto boca arriba para recibir unas monedas. Me dijo: “Eh, vení a tocar.” Yo era muy tímido. Tímido de verdad. Jodidamente tímido. Pero en vez de darme vuelta e irme corriendo, abrí mi estuche y me puse a tocar con él. Melodías fáciles, simples, que iban y venían. Cuando terminamos me dijo: “Tomá, acá está tu plata.” “¿Qué?”, le contesté. “Sí, por tocar. Es tuya.” Y ahí descubrí que podía buscar mi propia estación de subte. Y no porque me faltase el plato de comida (mi viejo era abogado, vivíamos en Junín y Las Heras), pero sí porque necesitaba tomar mis propias decisiones. Las que bancás a muerte. Aunque sean un mamarracho.

Arana cuenta que pasaron días, semanas, hasta que pudo vencer su timidez y finalmente sentarse a tocar para la gente. “Al principio me choqué con la realidad. Me daba mucha vergüenza que la gente me viera tocando”.

–¿Cómo manejaste esa decisión con tu familia?
–Me acababa de recuperar de algo muy grave. Entonces era: “Hacé lo que quieras porque por lo menos estás acá.” (risas)

–De alguna manera, le sacaste un costado positivo al hecho de haber vivido esa situación.
–Pero no conscientemente. Aunque mirando para atrás, me doy cuenta de que así como el cuerpo se lastima y no podés hacer mucho al respecto salvo cortar la circulación para que no sangre más y al final cicatriza la herida, con esto que me pasó sucedió algo parecido. Pude salir adelante.

–¿Cómo ves a la distancia aquella experiencia?
–Si yo pudiera sentar ahora, acá, a aquel chico que fui yo en mis 20 años, probablemente no te miraría a vos a los ojos. No te sabría explicar tampoco por qué tenía ese deseo irrefrenable de tocar en el subte, asustado porque cada segundo que estaba ahí era un segundo menos que le dedicaba a la facultad para convertirse en alguien competente y competitivo.

–¿De dónde venía tanta timidez?
–Era así. En la primaria, en la secundaria: tremendamente introvertido. De hecho, tengo un hijo que es muy parecido, un llaverito mío. La misma timidez total, pero con los ojos prendido fuego cuando lo mirás. En ese sentido, no hay nada que temer.

–Con la música entraste en la tele y ahora desde la tele volvés a la música. ¿Se cierra un círculo?
–La música fue la puerta de entrada a un oficio que venía estudiando y que se convirtió en mi profesión. Entonces, todo esto tiene una bella coherencia y mucha poesía. Es como querer describir la porcelana más fina del mundo. El color que le querés enseñar a tus hijos. Y eso me pone muy feliz. Al punto que a veces pienso si no me morí, estoy en el paraíso y todavía no me contaron. Pero, por suerte, no. Es lo que de verdad me está pasando.


La vuelta a Pol-ka

Si bien volvió a su primera pasión, la música, Facundo Arana no tiene pensado abandonar la actuación. “En septiembre arrancó con una nueva tira, un policial. Y me da mucha alegría volver a trabajar –posiblemente– con Romina Gaetani y Paola Krum, los dos nombres que se manejan hasta ahora. Y con Rodolfo Antunes y Jorge Nisco en la dirección. Me da mucha seguridad volver a trabajar en Pol-Ka y encima con un policial. Me encantan los policiales. Una historia de tipos corriendo a otros con una buena razón y vos en tu casa comiendote las uñas. Un thriller con mucho misterio y suspenso”, describe el actor sobre el nuevo proyecto actoral que tiene en carpeta.


The Police, Inxs y Radiohead según Arana

Con versiones de canciones de Kiss, The Police, Inxs, Radiohead, Tom Petty, Tracy Chapman y Bob Dylan, entre otros, Facundo Arana se anima en Salir a tocar (su CD editado por Sony) a varios clásicos del rock en su propia voz y saxo. Lo acompaña una banda de lujo integrada por Dizzy Espeche en guitarra, Alejandro Dixon en batería, Greta Moro en teclados, Natalia Castelli en coros, Izzy Gainza en guitarra y Aldana Aguirre en bajo. “Son canciones que en algún momento de nuestras vidas me influenciaron y volver a escucharlas me movilizan”, dice y cuenta que varios de los covers surgieron al propio calor de los ensayos. “Sure know Something”, de Kiss, la tenemos en una versión más soul, con la impronta de Dizzy. Y ‘Never tears us apart’, de Inxs, la sacamos más tribal. Así con cada una de las canciones: todas tienen nuestro aporte más allá de que también respetamos su versión original.”

Farsantes: oro en casa

Facundo Arana no se fue de la mejor manera de Farsantes (El Trece). Antes de que terminaran las grabaciones, dejó la serie presuntamente disgustado con Julio Chávez y Griselda Siciliani. El programa, sin embargo, terminó con buena aceptación de crítica y público. Y, hasta recibió el Martín Fierro de Oro.

–No participaste de la ceremonia y el festejo de los Martín Fierro. ¿Cómo lo viviste?
–Estaba en mi casa y lo viví con mucha pasión. Haciendo cosas que no te voy a contar. Después, me quedé dormido en brazos de quien amo. Eso sí, al día siguiente sabiendo que habíamos ganado el Oro le agradecí a Aptra. Creo que lo viví mejor que todos.

–¿Sentiste que ese Oro también era tuyo?
–Nunca busqué premios con mis trabajos. Y mirá que tengo premios. ¿eh? Mi mujer cada tanto me los pone arriba del piano. Son un montón. Pero no soy de los que se quedan esperando debajo del escenario a ver si se lo ganaron. Esa noche me pareció más bonito, poético y coherente quedarme en mi casa.

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