ENTREVISTA DE TAPA | José María Listorti | “Me volqué a la conducción porque no tenía intensiones de morirme con la mía”

Publicada el 18 de julio de 2014 en Tiempo Argentino

¿Qué pasa cuando un traductor de películas rusas algo inmaduro y torpe, padre no del todo presente de una adolescente que lo cuestiona, se ve envuelto en una conspiración internacional con explosiones, agentes de Interpol y la actual pareja de su ex mujer como inesperado compañero de aventuras? Pasa Socios por accidente, el salto de José María Listorti de la tele al cine. Y el debut –también en la pantalla grande– de Peter Alfonso, luego de su explosión mediática que lo llevó de productor, coguionista y confidente de Listorti en la realización del film (que esta semana llegó a las salas del país) a directamente coprotagonizarla.

“Para mí fue antes que nada una experiencia muy enriquecedora”, dice el humorista y conductor de Este es el show (El Trece). “Primero porque significó muchísimo laburo. Fueron tres años enteros de dedicación. Segundo porque aprendí un código que no conocía, que es el del cine. Y tercero porque tuve la suerte de compartir este proyecto con Nicanor Loreti y Fabián Forte, dos grandes directores que me supieron llevar.”

Para el responsable del recordado Navajo de Videomatch, fue fundamental jugarse a fondo con la producción de la película. No escatimar en gastos y realización: “Tomamos el asunto de manera muy profesional, no subestimamos al público. No pusimos a dirigir a un amigo de la tele a ver cómo zafábamos. Convocamos a dos profesionales como Loreti y Forte. Después la peli te puede gustar o no. Pero no vas a salir de la sala diciendo: ¡Uh, mirá el curro que hicieron! No: Socios tiene un sonido 5.1, mucho laburo de guión, escenas que se rodaron realmente en la selva de Misiones (y no en los bosques de Palermo)”.

— Siendo que tenés buen acceso al mundo del espectáculo y la farándula, y que es tu primera experiencia en el cine, ¿pediste consejo a algún actor?
 — No, porque confié mucho en lo que me decían los directores. Me dejé guiar por ellos. Te doy un ejemplo: la película la ensayamos tres meses antes para que no haya problemas con el guión o busquemos introducir modificaciones a último momento. Pero la primera vez que nos juntamos, me acuerdo que fue en la casa de Fabián, yo quise lucirme y mostrar todo mi histrionismo hasta que ellos me pararon en seco: “¿Qué hacés?”, me dijeron. “No podés moverte tanto en el cine.” ¿No? “¡No! Tenés que hacer reír con la mirada.” ¿Con la mirada? “Sí, sino la gente se marea.” Yo no tenía idea de eso. Pero me puse a ver comedias de acción y vi que era tal cual. Lo mismo con sus películas previas: Diablo de Loreti y La corporación de Forte, que me encantaron. Y aprendí.

— Cómo describirías a Matías, el traductor de películas rusas que te tocó interpretar?
 — Un tímido que quiere hacerse el canchero. Uno que quiere hacerse el banana y no le sale. Navajo, mi personaje en Videomatch, era un poco así. En este caso, Matías es un tipo que se deja el pelo largo aunque le queda medio mal; y que es súper inteligente en lo suyo aunque no sea capaz de cuidar con solvencia a su hija adolescente. Su gran tema es que se sigue sintiendo engañado por su mujer, pese a que ya lo dejó hace más de dos años, y no pudo despegarse de eso.

— Como decías recién, implica mucho esfuerzo proyectar y terminar una película. ¿Cuáles son tus expectativas ahora que ya está en cartel?
 — Que la gente que vaya, sea una o 100 millones, salga contenta del cine. Que diga: me gustó. O que en el asado del domingo uno comente: che, sabés que fui a ver la de Listorti? ¿Sí? ¿Y qué te pareció? Bien, me gustó mucho, la recomiendo. Que se comente: “Che, parece que está buena la peli, eh”. Que en líneas general guste. Que marque un momento en la vida. Que salgas del cine y te la acuerdes. Me encantaría que haya chicos para los cuales Socios por accidente sea su primera vez en el cine. Sería un orgullo para mí.

— Como humorista y como conductor construiste cierto perfil, ¿qué lugar te gustaría ocupar en el cine?
 — Si te digo un nombre va a aparecer que me quiero comparar. La famosa: ¡Ah, pero te faltan años luz para parecerte a ese! Aunque si me conocés un poquito sabés para qué lado quiero ir. Igual, me parece que nadie tiene que remplazar a nadie, porque siempre le estamos buscando un remplazo a todo, ¿no? Messi y Maradona, Tinelli y Pergolini, Francella y Olmedo. Y resulta que son todos casos distintos, incluso el mío. Porque no hay muchos casos de conductores que salten a una comedia de acción en el cine.

— En el sistema de medios y espectáculos anterior, con celebridades que no se movían de sus ámbitos, era inimaginable.
 — Sí, es otra tele, otro cine, otra realidad. Y el máximo ejemplo es Peter, que arrancó como Pedro ayudándome a escribir la película y terminó protagonizándola casi a la par mía.

— ¿Da vértigo esa velocidad?
 — Ahora me acostumbré, pero claro que da vértigo. Antes, cuando tenía 22 o 23 años, la tele era todo para mí. Ahora, al tener una familia, el laburo queda un poco más en segundo plano, más allá de que obviamente sigue siendo de las cosas más importantes en mi vida. Antes volvía a mi casa y no tenía nada. En cambio el año pasado, que no estuve al aire, lo disfruté un montón con mis hijos, mi mujer, la producción de Socios… No pasó como antes que por ahí estaba tres meses sin estar al aire y me agarraba la angustia: “Ah, la gente se va a olvidar de mí, la gente no me va a querer más!” (risas)

— No todos reconocen haber tenido esa debilidad…
 — Yo no tengo problemas. Me pasaba en el viejo Videomatch cuando por ahí grabámos notas que tardaban más de la cuenta en salir al aire y por ahí nos agarraba la persecuta: ¡Uh, me van a echar! ¿Qué hago? ¡Justo que empeza a despegar! (risas) Ahora sé que tengo otros recursos, que siempre algo va a aparecer.

— Convivís mejor con la incertidumbre, ¿no?
 — Lo importante es moverse, viborear y no quedarse quieto. Porque si yo me hubiese quedado en la cómoda de ser humorista nada más no sé qué hubiera pasado. Ahora el humor parece haber resurgido con Sin codificar. Pero yo me volqué a la conducción porque soy relator recibido pero también porque el humor no tenía cabida en ese momento. No tenía intenciones de morirme con la mía. Tengo claro que quiero laburar de esto. Me encanta estar en un estudio de televisión, las luces, estar acá, charlar con vos, hablar de los medios, de la prensa, compartir con otros colegas. Me gusta esto. Y me gusta más allá de participar como conductor, como humorista, como relator en la radio o como actor en el cine o en teatro.

— Todas cosas distintas pero unidas por el espectáculo
 — Es que me encantan todos los lenguajes. Siempre digo que en la lista de lo que hay que hacer me gusta tachar todo. ¿Hiciste teatro de revista? Sí, con Moria. ¿Hiciste comedia en teatro? Sí, la obra Pijamas. ¿Hiciste programas de espectáculos? Sí, Este es el show. ¿Hiciste reality? Sí, el Cantando. ¿Hiciste sketches y humor? Sí, en Videomatch. ¿Hiciste radio? Sí. ¿Hiciste cámara oculta? Sí. ¿Hiciste imitaciones? Sí. ¿Bailaste? Sí. ¿Hiciste una película? Sí, la acabo de hacer: Socios por accidente.

— ¿Qué te falta?
 — Una tira tipo Pol-ka. Nunca hice nada en Pol-ka y me gustaría participar en una tira con un personaje fijo, no con un cameo. No te digo un protagónico pero sí alguien que esté en la foto, empiece y termine con el programa.


“Fue un aivio el fin de Avenida Brasil”

La irrupción como fenómeno de Avenida Brasil el verano descolocó a muchos: se trataba de un enlatado doblado al castellano con más de dos años de antigüedad que conseguía niveles de rating asombrosos en tiempos de conectividad virtual y de bajas generalizadas en las audiencias de tele abierta en todo el mundo.

— ¿Fue un alivio que termine?
 — Sí, un alivio total. Ya había sido un alivio que pasara a la noche así no competía con Este es el show. Porque que Avenida Brasil hiciera 21 puntos de rating y vos 7, es sentirte violado (risas).

— ¿Y por qué tuvo tanto éxito?
 — La verdad, no sé. Sino ya estaba haciendo Avenida Brasil 2, je.

— ¿Cómo ves la tele hoy?
 — La gente ya no espera para ver qué pasó en la televisión. Obtiene esa información por otros lados. Por eso baja el rating. Cuando yo era chico, en cambio, sabía que si no veía un programa no lo veía nunca más. No había repeticiones, no había YouTube, ni programas de archivo. Y la otra vez cuando se pelearon Beto Casella y Ventura, lo seguí todo por Twitter. Ni necesité prender la tele o la radio.

—¿Y qué se puede hacer?
 — Creo que hay que fusionar. La tele con Internet. No hay otra forma.


Peter Alfonso: un compañeros de ruta

Una de las claves de Socios por accidente es la relación entre un traductor de ruso envuelto en el lío de su vida y el agente de la Interpol que “le robó” a su mujer. O sea, la relación entre el personaje de José María Listorti y de Peter Alfonso. “Cuando todavía estábamos armando el proyecto, los productores me dijeron que lo más importante de toda la película, lo que nos iba a garantizar el éxito, era la química que pudiera haber entre ambos personajes. ‘No importa si es un actor conocido o prestigioso. Lo importante es que te lleves bien’, afirmaron. Ahí no lo dudé y lo convoqué a Peter”, cuenta el conductor y humorista. “Con Peter nos conocemos, no tenemos esa competencia de quién puede tener más minutos en pantalla. Somos generosos”.

Pero esa decisión de incluir al novio de Paula y padre de Olivia implicó, al mismo tiempo, un inhabitual cambio de roles. “Con Peter arrancamos el proyecto. Las primeras reuniones eran solos en mi casa. Pero luego él explotó en “Bailando” y en un momento me comentó: ‘Che, no puedo más. Tengo que producir Este es el show, La Cocina, ShowMatch…’. ‘Bueno, sigo yo’, le dije. Después surgió la posibilidad de reincorporarlo para que sea mi coequiper y acá está.

—El vínculo que muestran en la historia recuerda a la dinámica “buddy-buddy” (compañero-compañero) en la cual se basan muchas películas de acción y comedia hollywoodense. ¿Lo tuvieron en cuenta?
 — Sí. Hablamos mucho de Arma Mortal, de esa relación amigo-enemigo pero no queríamos que el personaje de Peter quedara sólo como recio sino que fuera querible.

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