ENTREVISTA DE TAPA | María Martha Serra Lima | “No hay que casarse: hay que tener músicos que duran más que los maridos”

Publicada el 12 de octubre de 2010 en Tiempo Argentino

Hace diez años fue noticia porque bajó 67 kilos de golpe y sin operación. “No quería pasar por el bisturí, a si que le di duro al régimen”, explicó, en su momento, orgullosa. Unas cataratas y una diabetes fulminante la asustaron y produjeron el milagro de ver una María Martha Serra Lima flaquísima, sin esa voluminosa figura que la acompañó gran parte de su vida y hasta le dio cierto encanto escénico a su gran voz. “Ahora estoy en nueve kilos mas de los 67 que adelgacé. Y la verdad, no no puedo creer el éxito que he tenido con este cuerpo y esta papada. Yo fui tocada por Dios. Tenía todas las contras para ser artista. Era mujer, gorda, grande, porque me lancé tarde, a los 33 años, y bolerista. ¡No existía un caso así! Encima me decían: ‘las mujeres no venden discos’, ‘las mujeres te van a odiar porque sos gorda’, pero fue todo al revés”.

— ¿Y cómo hiciste?
 — Nunca competí con las mujeres, siempre las apoyé. Y eso que a mí los hombres me encantan: en mis canciones les tiro palos, pero me perdonan porque en el fondo saben que se los merecen. Vos lo sabés: son unos atorrantes. Aunque para mí siempre serán la única opción.

Tal vez esa obsesión por “el otro” masculino —que se verifica en sus conciertos, siempre compuesto, a diferencia de otros artistas románticos, por público de ambos sexos — explique un poco la vigencia de María Marta Serra Lima; además de su voz, claro, siempre cristalina pese a los años y el trajín. Evidentemente, algo en la interpretación de la cantante le merecieron el aprecio de una platea masculina que a través suyo y de clásicos como “A mi manera”, “Voy a perder la cabeza por tu amor” o “Los enamorados” con el Trío Los Panchos aprendió poner en palabras el amor que sentían y quizás a entenderlo.

— ¿Por qué hay tan pocos boleristas en la Argentina?
 — Hoy soy la única. Cuando todavía estaba Olga Guillot yo era una piba. Como es un género tan antiguo, más de 150 años de historia, los grandes boleristas se murieron. Acá sólo quedaron autores como Mario Clavell y Chico Navarro. Yo creo que caí en el momento justo. Nunca busqué el éxito que tuve. Nunca golpeé la puerta ni rogué, ni me arrodillé. Todo se me dio naturalmente

Con el alma es el título del nuevo disco que la cantante presenta el 23 de este mes en el Opera y que significó su retorno a los estudios, justo cuando especulaba con no grabar nunca más. “No tenía ganas. No encontraba nuevas canciones que me enloquecieran. Pero me topé con dos temas que me mataron: ‘La que más te ha querido’ de Concha Valdez Miranda y ‘Qué hermosa tarde’ de Rudy Pérez, que la tenía reservada para Alejandro Fernández y otros cantantes latinos para quienes trabaja, pero que yo se la robé”, revela con picardía.

En Con el alma se escucha a una María Martha Serra Lima con un acompañamiento suave, sencillo, que recupera un poco su época junto al Trío Los Panchos. “No hice ninguna demostración de voz porque la gente ya sabe cómo canto”, dice. “Entonces interpreté los temas con los ojos cerrados y a media voz nada. Sin gritos y con un feeling muy dulce”

— Le cantaste al amor desde los inicios de tu carrera, ¿cómo te fue en lo personal?
 — Bien con los novios y mal con los maridos. No hay que casarse. Me casé tres veces y las tres veces me harté. Hay que tener músicos que duran mucho más que los maridos.

— O sea que siempre le cantaste al amor idílico, pero en tu vida te costó concretarlo…
 — Y porque es un ideal que no existe. Al principio todo es lindo, bárbaro y después no. También la vida del artista complica. Tus parejas creen que es todo diversión. Y, como no cantan, tus parejas te dicen vamos para acá, vamos para allá, creen que todo es diversión. No se dan cuenta de que uno se cansa mucho.

En pareja desde hace más treinta años con Horacio Pérez Ugidos, un abogado que también oficia de representante y manager de su carrera, María Marta dice haber encontrado la fórmula para el amor: vivir en casas separadas. “Soy viuda de mi primer marido, me separé del segundo y ahora con Horacio llevamos casi 30 años juntos. Le consulto todo, comemos juntos, hablamos todos los días, nos escribimos. Pero no vive en casa porque es inaguantable”, sentencia.

— ¿Se podría llegar a hacer un bolero de tu historia con Horacio?
 — Sí. Y de hecho Mario Clavell me hizo una canción que habla de nosotros dos. Mario nos conoce mucho, es como si fuera mi papá. Y se inspiró una vez que estando en el camarín, después de un show, lo escuchó a Horacio cantando en el baño. “¿Quién es ese que está cantando?”, me dice. “Es Horacio”, le digo. “Ay pero qué horror”, me dice, “¡qué desafinado!” Entonces se va, pero antes me dice: voy a escribirles una canción que hable de vos y el desafinado. Y lo hizo. “A veces… los dos”, se llama.

— ¿Y qué dijo Horacio? ¿Protestó?
 — ¡Nooo! ¡Qué va a protestar! ¿Vos sabés lo que es compartir la vida con alguien que desafina así? Muchas veces, cuando termina el show y nos volvemos en el auto pone un CD mío — porque le encanta mi música, no lo puede evitar — y se pone a cantar encima. ¡Una tortura! Al punto que una vez Manzanero me dijo: “No puede ser este Horacio, ¡tan desafinado!”.

— ¿Qué cosas lindas vivieron como para que sigan juntos?
 — Lo que pasa es que él no se da cuenta, pero… sigue enamorado de mí. A veces me dice: “Con todas las mujeres regias que he tenido nunca me enamoré, no sé lo que es estar enamorado”. Entonces yo miro a los que están al lado mío y le digo: “éste, lo que no sabe, es que está enamorado de mí hace veintiocho años”. ¡Sino me tendría que haber mandado al diablo hace rato!

— Bueno, siempre tuviste un despliegue sensual sobre el escenario…
 — Sí, cuando estoy cantando en un teatro y veo que me gusta un hombre del público le mandó una mirada que te juro que la siente. Me ha pasado muchas veces. ¡Sabés las de miraditas que nos hemos mandado!

— Y te destacaste por usar un vestuario llamativo, con mucho glamour
 — Y es que ya de muy chica, a los 14 años, le sacaba el coche a mi mamá en Martínez y me iba una boutique que tenía infinidad de cosas de fantasía. Siempre me gustaron los brillos, las alhajas. Iba ahí y me compraba de todo: aros en caravana, anillos, brillantes. Todo eso me fascinaba.

— ¿Tener esa seducción es fundamental para cantar?
 — Yo siempre le canto a alguien. ¡Y me he enamorado tantas veces! Lo que pasa es que ahora estoy medio retirada, sin demasiadas ganas de tener nada.

— ¡Aparte tenés a Horacio!
 — ¡Sí, para que me cante! (risas). Yo tengo mis amigos, salgo, y a veces él se pone celoso y me pregunta ‘¿y ese quién es?’. Pero yo le digo que no pasa nada, que no se olvide que soy una señora. La señora María Martha Serra Lima.


A veces… los dos*

A veces me pregunto si es verdad
que un día tuve tu cariño…
Si es cierto que una tarde en aquel parque
nos reímos como niños…
Y en los atardeceres
de un tibio otoño
había siempre un verso y una flor
entre nosotros… ¿Recuerdas?

A veces me persigue la canción
que tanto y tanto nos gustaba…
Aquella que me hacía a mí reir
porque tú la desafinabas… ¿Recuerdas?
Y es cruel esta ironía de saber
que hoy todo lo daría por poder
oírtela cantada, aunque esté desafinada
como ayer!

Fragmento del tema que Mario Clavell compuso inspirado en la relación de María Martha y su marido


Entre Pity y Sandro

Mucho se habló de la relación entre Sandro y María Martha Serra Lima. ¿Pero cómo fue? “A fines de los setenta tuvimos un romance y después nos mantuvimos como amigos”, informa la cantante. “Hablábamos mucho por teléfono. Pero a mí se me pasó el amor cuando conocí a mi segundo marido”.

— ¿Y por qué no funcionó?
 — Porque era imposible: él siendo un ídolo tan grande y yo con mi carrera y mis dos hijos… Además a él no le gustaba salir, porque lo perseguían en todos lados, en cambio a mí me encanta salir a charlar y a comer.

— ¿Cómo era Sandro?
 — Un divino. Conmigo y con los demás. Un amor que quise muchísimo. Cuando íbamos a su casa, yo ya con Horacio y él con María Elena, nos recibía de pijama en blanco. Hacía una parrillada y nos quedábamos conversando hasta las nueve de la mañana. Por ahí María Elena y Horacio ya se habían desmayado del cansancio y nosotros seguíamos hablando dale que te dale. Juntos nos potenciábamos.

— En el último tiempo iniciaste un curioso vínculo con Pity, cantante de Viejas Locas e Intoxicados. ¿Cómo se dio?
 — En realidad no llegamos a conocernos porque vino a verme al teatro, todo de traje, muy bien vestidito, pero no se animó a saludarme. Me enterneció cuando me enteré que en uno de sus shows había hecho cantar al público uno de mis temas (“A mi manera”). Y ahora sé que no anda muy bien. Me encantaría poder escribirle para agradecerle y mandarle un mensaje de aliento.


Manzanero, no te quiero más

En una reciente entrevista con Tiempo Argentino, Armando Manzanero, uno de los mayores compositores del mundo en habla hispana, dijo que apreciaba y valoraba a todos los intérpretes de sus temas, pero que como María Martha Serra Lima “no había ninguna”. Sin embargo, ambos artistas mantienen una relación distante, tironeada entre la admiración mutua y los recelos. “A Armando lo conocí en el ’85 u ’86, durante un viaje en avión a Perú. Me tocó sentarme junto a él y en seguida nos hicimos amigos”, recuerda. Pero el conflicto surgió cuando, tras algunos shows conjuntos, la cantante descubrió una actitud que no le gustó nada. “Cuando terminaba el show y se bajaba el telón, él se iba por un costado y me dejaba despidiéndome sola. Yo pensaba: ¿y a éste qué le pasa? ¿se siente mal? Pero no, resulta que se iba a ‘comer’”. La cantante le advirtió la situación al mexicano, pero no hubo caso. “En un recital en Miami me lo volvió a hacer y entonces me dije: bueno, hoy me he divorciado artísticamente de Manzanero”. La intérprete de “Los enamorados” lamenta la situación porque, dice, se trata de unos de los mejores contadores de chistes que conoce “y eso es mucho decir”, remarca. “¡Lo que me he reido con ese nombre! Pero hace poco me invitó para cantar en España y le dije que no”.