ENTREVISTA DE TAPA | Maximiliano Guerra | “Este es un país que baila mucho”

Publicada el 5 de noviembre de 2012 en Tiempo Argentino

Luego de tres temporadas con Talento Argentino, Maximiliano Guerra vuelve a la tele, pero ya no con un reality, sino con un programa dedicado específicamente a lo suyo: las danzas. En este caso, las danzas argentinas el gato, la zamba, el escondido y la chacarera. “La idea es ver cómo funcionan estas cuatro danzas que están entre las más populares y luego incursionar en otras no tan conocidas”, cuenta el reconocidísimo bailarín, estrella de la internacional de la disciplina, y responsable — junto a Julio del Boca — de que el gusto por la danza clásica se haya vuelto de consumo popular en los últimos años. “Fue un trabajo que hicimos con Julio durante muchos años y que no fue tan dificil porque somos una tierra que le gusta bailar, que siempre bailó desde sus inicios — con los indios, los criollos y los gauchos — hasta al dia de hoy. Muy distinto a Italia, por ejemplo, que es un país que canta mucho más de lo que baila ¿Cuántas danzas italianas conocés? Muy pocas. Nosotros, en cambio, tenemos una danza específica y particular para cada región. Es un país que baila mucho”, destaca con felicidad.

Mientras mantiene las presentaciones de Iván el terrible (obra que protagoniza y de la que es responsable de la coreografía y la dramaturgia), Maximiliano se entusiasma con En Danza, que irá desde hoy a las 21 por Encuentro, y que la trajo varios motivos para participar: “Por un lado, Encuentro me parece un canal muy educativo y federal. Y por el otro, me parece que éste es un momento indispensable para salir a contar que es la danza, ahora que está un poco tergiversada”, subraya, serio, aludiendo sin dudas a Bailando por un sueño (ver recuadro).

—¿Interveniste en el armado del programa? ¿propusiste esquemas o alguna estéticas?
 — Charlamos bastante al principio cuando se gestó todo porque evidentemente es importante la mirada que tenemos nosotros los profesionales de la danza. Y después trabajamos mucho con los guiones, siempre tratando de simplificar el contenido para la gente que no sabe tanto del tema y se puede interesar.

—Tiene su arte conducir un programa. ¿Cómo fue para vos que no venís del medio?
 — Y… No quería buscarle muchas vueltas y no quería tampoco hacer un personaje. Quería simplemente ser yo contándole a la gente lo que pienso de la forma más natural posible; desde el lugar de la persona y no tanto del artista. Porque justamente lo que sucedía antes con los artistas líricos, del Colón, es que había mucha distancia con la gente, parecían inalcanzables, y creo que esta otra forma permite que por ahí te conozcan enojado, como me pasó en Talento Argentino, o en momentos cotidianos, riéndome con mi familia o con la gente que laburo. Encontrarse con la persona.

—¿Cómo es tu vínculo de vida con el folclore?
 — No soy de escuchar folclore en casa, a veces, sí, voy a ver espectáculos. El folclore que llevo en las venas es el tango porque nací y crecí a seis cuadras del Abasto. Después, en la Escuela de Teatro del Colón, tuve una materia de folclore argentino y ahí me conecté más. Y también cuando empecé a recorrer el país con mis viajes y conocí mucho más el folclore de las provincias.

—¿Como es para un profesional de la danza acercarse a las danzas populares? ¿Cómo se conjugan ambos mundos?
 — Yo creo que no viéndolas como opuestos. De hecho, en nuestra compañía tuvimos un espectáculo que se llamó Argentino que vincula tango y folclore. Quizás lo que hacemos nosotros es estilizarla un poco a la danza. La música, por otro lado, viene de músicos un poco más contemporáneos, no tan ortodoxos de lo que es la música folclórica en sí. Y la realidad es que aprender folclore nos hace mejores profesionales de la danza. Es un complemento que te desarrolla como artista. Y esa división de folcloristas por un lado, tangueros por el otro, contemporáneos por el otro, y clásicos por el otro, ya no casi no existe más. Son veredas que se fueron juntando, por suerte.

—Algo que muestra el programa es lo vigentes que se mantienen danzas como el gato, la zamba, el escondido o la chacarera en corazón de mucha gente, ¿no?
 — Sí. Y si te vas para el noreste vas a encontrar que se sigue escuchando y bailando mucho el chamamé. Ves que es algo cotidiano de ellos. Y es buenísimo. Me acuerdo una vez, antes de tener la compañía, cuando había traído un grupo de cubanos para un espectáculo, de ir a bailar después de la función en Catamarca y que en la disco sólo pasaran folclore. Así de fuerte es.

—Bueno, en Capital, en los últimos años, hubo un pequeño boom del folclore y las peñas. Se practica mucho mas danzas que antes
 — Yo creo que se dio por una conjunción de cosas. La acción de grupos y artistas como Los Nocheros, Los Tekis, La Sole, El Chaqueño, León Gieco mismo, que hicieron que el folclore se mantuviera en las radios, se siguiese popularizando entre los jóvenes, y que al fin de cuentas muchos dijeran: qué lindo poder bailar esto. Una situación que antes pasó con el tango también.

—Recién hablas de federalismo, ¿crees que somos un país que tiene como cuenta pendiente darle mayor visibilidad a estas danzas?
 — Yo creo que la cuenta pendiente que tenemos es lograr que Dios no atienda en Buenos Aires. Dejar de ser un país federal que funciona o piensa como unitario. Eso es lo que justamente me gustaba de mi anterior programa, Talento Argentino, con el que viajabamos a los lugares, las casa de los señores, para verlos actuar en los teatros de sus pueblos, verlos bailar, cantar, lo que supieran hacer, y darles un envión enorme. La realidad es que no vimos en un país europeo. Allá en siete horas como mucho te cruzaste Francia de norte a sur y acá, en la misma cantidad de horas, no llegás ni a la mitad del país.

—Es un mito muy extendido pensar que somos un país europeo…
 — Lo que pasa es que el argentino miró siempre para allá. Desde la época de Rosas que nos pasa eso de creer que si viene de Francia es lo mejor.

—En realidad, Rosas decía que no y le ponía un freno a esa idea…
 — Claro, ¿pero porque tenía que ponerle un freno? Porque era lo que pasaba. ¡Queríamos vivir como franceses en la Argentina!

—Fueron tres años intensos con Talento Argentino. ¿Desarrollaste alguna amistad profesional con alguno de los participantes?
 — Sí, con varios. Por ejemplo con el mago Leonardo de Rosario, que fue uno de los casos más contradictorios para mí porque no me gustan los magos y sin embargo este me pudo. Y después con el ganador del primer ganador del certamen que nos seguimos por twitter, hablamos, de vez en cuando nos vemos. La verdad que sucedieron muchas cosas lindas. Una que recuerdo con mucho cariño y simpatía es la historia de una chiquita que sabía hacer infinidad de globos de chicle, cada uno dentro del otro. Ella nos decía: “yo toco el saxo, toco el chelo, toco un montón de instrumentos, pero no quería venir a hacer lo que hacen todos”. Buscó su originalidad por el lado de los chicles. Me pareció tremendamente argentino eso.

—En ese ida y vuelta vos también recibiste una parte enriquecedora, ¿no?
 — Sí. Y casualmente eso es la esencia de la danza folclórica. Que a partir del movimiento de uno surja el del otro. Y esa modificación constante del ser humano es lo que nos permite vivir desde un lugar sensible.


La tergiversación del Bailando

— Recién nombrabas “la tergiversación que hoy sufre la danza”. ¿A qué te referís específicamente?
 — A eso, a mostrar la danza desde un lugar equivocado. Ese programa (El Bailando…) me parece criticable desde el mismo momento en que lo que importa es que se armen discusiones y no que se vea la danza como es. Constantemente se arman peleas entre el jurado, los participantes; se faltan el respeto entre ellos y a la imagen femenina… Sé que tienen coreógrafos, preparadores, calculo que eso no estará tan tergiversado. Pero la imagen de lo que vemos sí.

— ¿Pensás que eso puede tener un efecto negativo sobre la verdadera práctica popular de las danzas?
 — La tiene como imagen, como concepto, pero no creo que la afecte realmente porque en cualquier escuela de danzas que vayas encontrás otra cosa. Y ahí la danza termina siendo más fuerte. Prevalece.


El juego de las diferencias

— Si tuvieras que comparar la zamba, el gato, el escondido, la chacarera, respecto a su belleza, dificultad o simbolismo, ¿qué dirías?
 — La más bella y más difícil y más simbólica es sin dudas la zamba. Porque lo que tiene la zamba es la seducción constante a través del movimiento y del pañuelo, y sin tocar físicamente a la compañera. Es una danza totalmente de seducción. Muy bella. Y una de las más difíciles de bailar. Parece sencilla pero no lo es. Ojo, todas tiene seducción porque en algún momento el hombre se pone a zapatearle a la mujer (y la mujer, a zarandearle al hombre), pero por ejemplo, en el escondido, el hombre, cuando zapatea, la mujer se esconde y entonces el hombre zapatea buscándola. Es una danza más divertida y entretenida, el escondido. El gato, por otro lado, es la más antigua de todas y la más sencilla. Y es un poco mas de diversión. Y la chacarera lo que pasa es que tiene muchas versiones: la chacarera simple, la chacarera doble, la chacarera trunca. Todas tienen que ver con la diversión, el gustarle al otro y con momentos de alegría. Generalmente todas estas danzas nacían y se practicaban los fines de semana cuando los hombres y las mujeres terminaban de trabajar y entonces se juntaban y festejaban la buena cosecha.

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