ENTREVISTA DE TAPA | Nico Vázquez | “Soy muy optimista”

Publicada el 19 de enero de 2014 en Tiempo Argentino

Como aquel famoso spaghetti western de Sergio Leone que parafrasea el título de la película, Por un puñado de pelos propone la aventura loca y bizarra, pero también cálida y querible, de un cheto arquetípico con problemas de alopecía y un elenco tan variopinto como entrañable que, de algún modo, le termina aportando una solución mejor: ser mejor persona. Desde Rubén Rada y Carlos “El Pibe” Valderrama hasta el mini de Duro de Domar y el doble de Luis Miguel, todos tienen lugar en ese pueblito no tan fantasma del Norte argentino y ese milagroso lago que cura “la caída del cabello”, pero que también guarda, en sus tumultuosas aguas, más de una historia trágica.

“Leer el libro y enterarme de a poquito de qué se trataba me generó una simpatía inmediata”, cuenta Nico Vázquez sobre la película que llega en estos días al cine (el trailer puede chequearse en YouTube o en su sitio oficial), implicó el primer protagónico en pantalla grande del actor, y fue dirigida y coescrita (junto a Damián Dreizik) por Néstor Montalbano (el mismo de Soy tu Aventura y Pájaros volando; ambas con Capusotto). “Eso sí, cuando llegué a la escena donde aparece Luis Miguel lo llamé enseguida a mi representante y le pregunté: ‘Che, ¿cómo es esto de que aparece Luis Miguel?’. ‘Sí, dicen que tienen al doble del cantante…’. ‘Ah bueno’, lo interrumpí, ‘quiero hacer esta película ya. No me la puedo perder. Por otra parte, yo ya había visto las anteriores pelis de Néstor y tenía muchas ganas de filmar con él”.

–A días del estreno, ¿el entusiasmo va en incremento?
–Tiene que ver con mi forma de ser: soy muy optimista. Después, también, con lo que a me pasó al hacer esta película: desde el principio se notó que estaba en un proyecto que todos los involucrados (o sea, Néstor, el director, los productores, el equipo) quieren mucho. Y no es para menos: es una peli que costó un montón hacer y se llevó adelante con mucho amor. Tené en cuenta que grabamos a 1200 metros de altura, en lugares donde era difícil acceder, con muchas horas de trabajo en la sierra, con inundaciones que hacían todavía más complicada la entrada y salida de los lugares porque crecían los ríos y había que cargar los equipos para poder llegar. ¡Fue una aventura! Y lo más loco es que no tiene una frase doblada. Se hizo con viento, con lluvia, con todo tipo de complicaciones y no necesité doblar la voz ni una sola vez. Y eso creo que tiene que ver con cómo trabaja Néstor: un enfermo del cine. Un tipo muy meticuloso, muy seguro, que sabe a dónde va.

Tuti Turman, el personaje que compone Nico Vázquez, es de esos chetos que abundan en algunos barrios de Capital y zona Norte: acelerados, mezquinos, autosuficientes, fanáticos de la “Play” (o de la heladeras cuasi vacías) y algo subestimadores de todos aquel que visualicen como de estatus inferior. También, al mismo tiempo, y sin perjuicio de lo anterior, queribles a partir del sinceramiento de sus carencias que los muestran frágiles, tal vez víctimas de una cierta ausencia de amor filial. “Pibes como Tuti hay un montón”, dice Vázquez. “Flacos de una clase social un poquito más arriba a los que el departamento por ahí se los paga el papá y viven pidiendo sushi todo el día. Cuando publico el trailer en el Twitter o Facebook se me llena de mensajes de pibes que me dicen: ‘¡Uh! ¡Ese pibe habla de lo mismo que me pasa a mí!’.

–¿De qué te valiste para componer a Tuti?
–Por un lado, conecté con ese mundo que está muy presente en Capital. Todos conocemos alguien como Tuti Turman. Pero por el otro atendí los pedidos de Néstor, que me pidió que dejara de entrenar un poco y subiera de peso. “Vas a usar ropa más holgada y vas a tener una pelada”, me dijo y cuando me vi, no podía creerlo. Me dije: esto realmente va a ser muy grosso. ¡Porque realmente era muy diferente a mí!

–Claramente es clave su mala relación con el padre…
–Sí, siente una falta de cariño terrible. El papá le dice todo el tiempo: boludo, pelotudo. La baja autoestima seguramente tiene que ver con eso. El padre le marca el camino diciéndole que no va a ser nada en la vida.

El actor festeja que haya mucha aventura en la película. “Pero una aventura que parte de lo chiquito del personaje, que va dando pasos de a poquito. No es que le pasa todo de repente. El hecho mágico, que es la recuperación mágica del pelo, es uno solo. El resto es una cálida y entretenida historia centrada en un personaje al cual este pueblo y toda su cultura del interior le terminan cambiando la vida. Un poco como fue en su momento Historias mínimas, pero obviamente con una producción mucho mayor, con un arranque impresionante, bien mítico”.


“A Valderrama le pregunté de todo, lo exprimí”

–¿Qué papel juega esta película en tu carrera como actor?
–A mí, que tengo poca experiencia en cine, me sirvió muchísimo. Que te llamen para protagonizar semejante proyecto es un salto tremendo. Por otro lado, también fue un desafío. Porque el elenco era: un jugador de fútbol como El Pibe (Valderrama), un cantante popular como Rubén Rada, actores profesionales como Ivo Cutzarida, Norma Argentina y yo. Y luego todos actores no profesionales. Y eso fue un gran aprendizaje para mí.

–¿Cómo te adaptaste a esa nueva situación?
–Me dejé guiar por Néstor. Realmente sentí la famosa frase que dice que la película es el director. La vivencié más allá del lugar común. Néstor me decía las cosas de manera muy clara. Me decía: vamos por acá, confiá. Y confié. Y cuando por ahí le comentaba algo, que él después veía que le había servido, me lo reconocía. Nos contuvo un montón.

–Y con El Pibe Valderrama, ¿cómo fue el rodaje?
–¡Increíble! Es un tipo muy cálido, muy humilde. Yo estuve la mayor parte de la grabación solo, salvo un fin de semana que vino mi mujer. Y él estuvo todo el rodaje con su esposa. O sea, el otro extremo. Yo no tenía sexo nunca y el seguro todos los días (risas). Pero en esos momentos en que no estaba acompañado siempre me invitaba a tomar un vinito: “Ven aquí, Nico. Haga compañía”. “No, pero estás con tu mujer…”. “No importa, ven aquí”, me repetía con su acento cerradito, de Santa Marta. Lo disfruté muchísimo. Y le pregunté de todo. Hablamos de fútbol, del cinco a cero, jugamos un picadito… Lo exprimí (risas).

–De chico le dicen “El Pibe”, los Illya Kuryaki lo tomaron para su nombre, y ahora filmó una película. Evidentemente tiene un feeling especial con la Argentina.
–Sí. Y te digo que no lo dejaban tranquilo ni un minuto. Era impresionante cómo, adonde íbamos, le pedían fotos, le decían cosas, y él siempre muy amable. Tipo el Diego. Atendía del primero al último. Y siempre al final: muchas gracias. De él al que le venía a pedir una foto o un autógrafo, no al revés. Un ejemplo. Y un tipo adorable.


Mis amigos de siempre frente a Avenida Brasil

–Agustina Cherri, tu compañera en Mis amigos de siempre, la apuesta de El Trece para sus noches, dijo que la pasa bien en el programa, pero que si no estuviera laburando, “quizás no lo vería”. ¿Cómo lo tomaste?
–Tiene que ver con que de hecho no mira mucho televisión. ¡Ni siquiera vio Breaking Bad! Tiene dos nenes y durante mucho tiempo hizo otra cosa. Pero la verdad, lo que nos dice a nosotros, es que está muy feliz. Y se nota: está haciendo un laburo bárbaro y todos estamos muy conformes con lo que está pasando. La historia que nos tocó contar es muy sabrosa. Y también un desafío para mí, porque que mi personaje termine saliendo con la ex mujer de mi mejor amigo no tiene nada que ver con mis ideales. Yo he llegado a perder relaciones por falta de códigos. Te perdono porque no soy resentido, pero difícil volver a recobrar la relación.

–¿Cómo toman el fenómeno de Avenida Brasil?
-Está excelente, bien hecha. Aunque también es cierto que muchos productos nacionales están bien hechos. Muchas veces veo que le ponen fichas a Avenida Brasil y se olvidan de que es una lata. Pero bueno, es la tele de hoy. Y ha pasado desde siempre. Eso sí: me sorprende mucho el número. Porque ni siquiera a la noche se dan esas cifras. Por ahí hacen 70 grados de calor y la gente sale de donde está para poder ver la telenovela. Los productores me dicen: “Nico, esto paraba el fútbol en Brasil!” Okey, ¡nos hubieran avisado antes! (risas). Lo que está pasando a la noche es raro también: todo el prime time está muy parejo. Nadie se saca ventaja con nadie. Lo cual está bueno porque está parejo, pero no te permite tener números más altos.


Néstor Montalbano: “Tengo poco que ver con lo que se hace en el cine argentino”

Sin apuro pero también sin pausa, Néstor Montalbano viene recorriendo un camino muy particular dentro del cine argentino, que no tiene que ver con la noción de prestigio, pero tampoco con su contraparte (el esquemático éxito comercial), sino con la recreación de un mundo personal; afecto a cierta cultura de Clase B argentina, pero también a cierta ternura y conexión de raíz popular. “Siempre uno expresa lo que uno es”, cuenta el director. “Y en este caso, la peli tuvo que ver con una necesidad mía de retomar un camino que tenía ver con mi época de chico, cuando hacía pelis en súper 8 en el pueblo y preguntaba: ¿Qué quieren hacer ahora? Y me decían: un western. Y a través de la municipalidad conseguía un colectivo, nos íbamos a un pueblito y filmábamos cosas como El bueno, el malo y el feo. Entonces, en este caso, como estuve al frente de la producción, no hice concesiones y traté de llegar a ese origen. Decir: este es mi corazón. Lo que siento.”

–¿Cómo surgió la historia?
–De charlar en un bar con Damián Dreizik y decir: ya nos salió bien una película, hagamos otra (risas). Después, lo de la caída del pelo, es un disparador. Lo que más me interesaba era mostrar el crecimiento del personaje de Nico Vázquez. Un tipo de la vida real que siempre acomodo en mis películas. Son muy intensos esos personajes. Pero también tienen mucha ternura por el vacío que sienten.

–¿Cómo te sentís vos en el panorama del cine?
–Yo creo que no soy muy clasificable porque tengo poco que ver con todo lo que se hace en el cine argentino. Entonces, hay críticos que me entienden y críticos que no. De todos modos, no me dirijo a ellos; sí al público: las películas que yo como espectador quiero ver, que en el cine argentino que salvo dos o tres, no tengo, no encuentro. Darle al espectador una magia que no necesariamente la magia del 3D sino la del mago de barrio con la palomita y la galera. Creo que esa necesidad de magia de parte del cine nunca se va a perder. Hacer películas que sean orgullosamente aptas para todo público.


Originally published at tiempoargentino.com.

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