ENTREVISTA DE TAPA | Palomino y Attias | “El sentirse importante para el otro es fundamental en todo amor”

Publicada durante noviembre de 2015 en Tiempo Argentino

Ya desde el afiche de Contrasangre, la nueva película de Nacho Garassino (el mismo director de El túnel de los huesos de 2011) se puede ver el contraste: por un lado él, Daniel, el guardia de seguridad encarnado por Juan Palomino, un actor de robustez instantánea por donde se lo mire; por el otro ella, Analía, una mujer que rehuye al contacto de los hombres interpretada adelante por Emilia Attias, una actriz naturalmente delicada, esquiva y misteriosa. Ambos mundos (diferentes) entran en contacto por un hecho fortuito. Y, desde ese punto, el suspenso se dispara, con todos elementos del thriller o el policial psicológico demandan.
 
“Es una historia muy atrapante. Muy atractiva para interpretar”, señala Attías una tarde soleada en Palermo. Y Palomino agrega: “El thriller, en la Argentina, tiene su historia. Basta recordar las primeras películas de Adolfo Aristarain o de Juan Carlos Desanzo. Y creo que Contrasangre sigue esa línea”.
 
 — A la hora de aceptar participar en una película, no suele haber certezas sobre su resultado. ¿Cómo fue en este caso?
Attias: -Exacto. Nunca sabés. Ni aunque sea una gran producción de capitales muy grandes. Porque en ese caso te garantizan la distribución o la difusión pero no su calidad artística. Nunca realmente sabes si la gente va a elegir la película o si la van a comunicar bien. Por eso, elegir hacer una película es casi siempre asumir el riesgo en base a tus intuiciones. Porque lo que sí no podés hacer es lo que no estás convencido. Te tiene que inspirar el director, el guión, todo.
 
Palomino: — Hay cosas que ni siquiera dependen del equipo de trabajo sino del momento en que sale, cómo está el público en ese momento. Por eso creo que la aventura del cine tiene que ver con la realización. El contar una historia en el aquí y ahora con tus compañeros. Ahí se produce ese hecho mágico. todo lo otro no depende de vos. Y sino, fijate cuando (Ricardo) Darín y (Gastón) Pauls Nueve Reinas: nadie, durante el rodaje, se imaginaba que iba a ser la película que fue, el film bisagra del cine argentino. Y así fue.
 
 — Se conocían fuera del set, pero nunca habían trabajado juntos. ¿Cómo funcionó el feeling actoral durante el rodaje?
Attias: — Fue maravilloso. (Mira a Palomino) Vos sos muy divino. Y lo sabés (risas). La verdad que tuve mucha suerte. Porque mi personaje, Analía, se apoya mucho en él. Y eso implicaba escenas de mucha intimidad. Y en ese sentido no sólo me sentí respaldada desde la sólida presencia actoral de Juan sino también como compañero de rodaje. Un tipo muy generoso, muy gamba y contenedor. Yo suelo ser cero chupamedias, cero. Y si digo esto es porque realmente lo sentí. Es un regalo encontrar compañeros así.
 
Palomino: — Gracias, Emilia. Es mutuo. Por suerte, casi siempre me he encontrado con buenos compañeros en este ambiente. Y con los pocos que no han sido, por lo menos pudimos llegar a buen puerto, que es lo más importante. En general trato de pasarla bien, sea una telenovela, una película o una obra de teatro. Porque no hay que olvidarse que poder ser actor y encima poder vivir del oficio es una bendición. Hay que estar agradecido. Por eso recuerdos poco gratos tengo uno o dos. Y siempre relacionados con lo déspota o lo tirano, que no me va. Pero son excepciones. La mayoría de las veces son grandes encuentros con compañeros y compañeras en el marco de lo que uno quiere hacer. Y estoy agradecido al destino. En este caso fluimos mucho con Emilia. Y para eso fue importante lo que pudimos construir fuera del set, las charlas que también tuve con el Turco Naím (N del R: actor y pareja de Attias), los momentos que compartí con ellos fuera de la grabación.
 
Attias: — Hay que tener en cuenta que los actores nos desnudamos mucho a la hora de ejercer nuestro oficio mucho porque no es sólo que nos exponemos a la vista de todos sino que nos tocamos, nos olemos y nos miramos a los ojos cuando ejecutamos una escena. Nos alimentamos constantemente de la energía del otro. Una intimidad mucha mayor que cualquier otra disciplina artística. Entonces, si no te conocés previamente, rompés la barrera en seguida. Y empezás a compartir muchas cosas con el otro. Conocés su intimidad, su mundo, sus cosas.
 
Palomino: — Aún así, yo me he encontrado con compañeros que miran para adentro. Están tan compenetrados con su trabajo de actor que no están para vos. No te miran ni se conectan. En esos casos no se genera mucho ida y vuelta. Por suerte éste no fue el caso.
 
 — Hay un evidente gran contraste entre ambos personajes. ¿Cómo hicieron jugar ese aspecto a nivel actoral?
Palomino: — Desde lo estético me imaginaba un tipo anclado en los 90: las botas tejanas, el celular en el cinto, el saco de cuero de marcas que ya no existen. Y lo mismo el de Emilia con su contestador frío y anacrónico; su belleza, su delicadeza y sensualidad.
 
Attias: — El contraste, como decís, era evidente. Y me pareció bueno dejarnos llevar por él. En mi caso mi caso potencié mi energía femenina más delicada: todo lo que es vulnerable y con cierta histeria. Desde lo estético: la piel blanca, los ojos mojados, esa mirada frágil por momentos inquietante pero también insegura. Contrastes complementarios estaban tan a la vista que hubiese sido tonto buscar otra cosa..
 
 — Un tópico clave de la película es la protección, aquella que Daniel le ofrece a Analía y que es piedra basal de su relación. ¿Cómo rol creen que juega la protección en una relación amorosa?
Attias: — Bueno, es un tópico que ha sido analizado por grandes psicoanalistas. Yo creo que es un punto de atracción indudable. Hay gente que obsesivamente busca la protección. Y, al mismo tiempo, hay que gente que busca obsesivamente poder proteger. Después, yendo a parámetros más normales, es lógico que una persona no quiera estar con otra en una relación si no se siente protegida. O al revés. El sentirse importante para el otro es fundamental en todo amor. Y en el caso de Analía se ve que es algo que le está faltando.
 
Palomino: — En ese sentido, los hombres solemos ser más ingenuos. Estamos más desarmados ante el amor, ante la belleza, ante ese lunar puesto en el lugar más indicado. El hombre sucumbe ante ese tipo de cosas y llega a cometer acciones que quizás, en otro contexto, jamás hubiera cometido. Y de eso se trata Contrafuego. De responder la incógnita de ¿hasta dónde podés llegar? ¿qué sos capaz de hacer?
 
Attias: — El famoso hasta dónde estás dispuesto a llegar por mí…
 
 — ¿Alguna vez te tentó, Emilia, poner a tu objeto de deseo en esa situación?
Attias: 
— Y… es muy tentador. Es muy romántico. A veces es un jueguito y a veces es medio enfermo. Un morbo. Por suerte nunca llegué a esa situación.

— ¿Y tu caso cómo sería, Juan?
Palomino: 
— Yo soy una persona muy apasionada en los vínculos. Mi vida transcurrió así y sigue transcurriendo de esa manera. A veces trato de moderarlo pero me parece que a esta edad hay cosas que ya no se pueden corregir. En ese sentido: soy conservador: si estás conmigo, estás conmigo, no te voy a tracionar. Y pido lo mismo.
 
Attias: — Yo no llamaría conservador a lo que decís sino una actitud propia de una persona noble que logra relaciones de otro sabor; aquellas que sólo se consiguen a partir de la permanencia y profundidad con una misma persona. Y doy fe que efectivamente tiene otro sabor el amor con compromiso. Es otra cosa el viaje el que lográs con esa persona. Y a eso apunto.


Attias: “La astrología es una vocación escondida”

—Durante el rodaje, y como parte de un juego informal, le hiciste una carta astral a Palomino. ¿Qué lugar ocupa la astrología en tus intereses?
 — Sí, fue muy divertido ese momento. Me gusta hacerle cartas astrales a mis amigos. Me parece muy divertido. Podría hablarte un montón del tema. Sin embargo, en mi vida, la astrología ocupa un lugar chico porque estoy muy dedicada a la profesión. Aún así, toda esa temática me interesa un montón. La descubrí de chica porque mi mamá también le gusta y la charlaba mucho con sus amigas. Entonces empecé involucrarme de muy chiquita. Y de manera autodidacta. Me pasó de leer mucho, de apasionarme durante la astrología. Aunque sin estudiar formalmente. Nunca fui a Casa 11, por decirte un lugar típico. Pero la verdad es que me encanta y que me gustaría aprender más. La considero una vocación escondida. Por ahora va a quedar en mis adentros.


Palomino: “Pude romper el prejuicio del galán”

—Esta es la quinta película que estrenás este año. Y hay más en camino. ¿Te convertiste en una actor de películas?
 — Sí (risas). Tuvo que ver con las circunstancias, no lo planeé. Y la verdad lo vivo con alegría. Me gusta mucho ser convocado para hacer películas y poder dar lo mejor de mí. Toda mi vida soñé con ser un actor de cine y por suerte está pasando. Y creo que en un punto también tiene que ver con el auge de la producción nacional y con el hecho de que el Incaa abrió las puertas a nuevos directores y productores. En mi caso, pude romper el prejuicio del “galán de televisión” y hacer papeles muy distintos y de diversos géneros. De todos modos lo más importante sigue siendo, para mí, lograr historias contadas intensamente y con alegría. De eso se trata. Lamentablemente a veces las películas no duran más 15 o 20 días en cartel. Creo que es un asunto a resolver.