ENTREVISTA DE TAPA | Mariano Peluffo | “Mi capital es la gente”

Publicada el 13 de mayo de 2015 en Tiempo Argentino

“Una vez uno de los tipos que más sabe de esto, que es Diego Guebel, me dijo: ‘Con vos pasa algo muy raro porque la gente te toma como que sos de la gente. Medio como que tenés inmunidad. Porque si hacés un programa que no funciona, la gente dice: ¿Y qué querés, pobre, con el programa malísimo que le dieron? ¡Bastante la remó! Ninguno te mata’. Y eso me hizo pensar. Porque capaz que mi capital es ese: la gente. Y eso es algo que quiero cuidar. Porque el día que la gente te da la espalda no hay plato volador que te salve”.

Estamos en la premiere de la segunda temporada de Masterchef, con todos los técnicos, asistentes, agentes de prensa y demás involucrados directos corriendo de acá para allá. A Mariano Peluffo se lo ve tan relajado y natural como en la tele. Casi que no hay diferencia entre uno y otro. Y, de hecho, así debe ser. Porque ya sea con jóvenes sin rumbo encerrados en un casa o –ahora– con tímidos aspirantes a nuevas promesas de la gran cocina nacional, lo suyo parece ser siempre la simpatía, la broma compartida por todos y ese vínculo genuino y sin intermediario con “a gente común”. De este y del otro lado de la pantalla.

“No te voy a dejar de reconocer que la tentación de subirse al ovni siempre está. Y que hay momentos en que está bueno sentirse un beatle. Pero a mí toda esa parte de ser famoso es la que menos me gusta. No me parece divertida”, le dice en un momento de la nota en la que no sólo escarba en las razones profundas del impacto ¿inesperado? de la primera temporada de Masterchef sino también en su propia condición de conductor ideal para los reality (al punto que es difícil imaginarlo conduciendo otra cosa) y ese don de “famoso querido” a quien no le entran las balas, al decir de Guebel, productor experimentado si lo hay.

–¿Cómo encarás esta segunda temporada después de todo lo que pasó en la primera?
–Definime “todo lo que pasó”.

–Y… que iba a ser un reality como tantos y terminó siendo uno de los programas más comentados de 2014.
 –Sí. Pero a mí lo que me pasa es que, aún entendiendo tu mirada, sabía que no iba a ser un reality más. En ese sentido, no me sorprendió tanto que explotara.

–Ya tenías expectativas.
–Tenía conciencia de lo que era Masterchef a nivel mundial. Una gran marca que funciona en muchos países. De todos modos, entiendo a lo que vas. Más allá de algunos que estábamos involucrados, no había conciencia de que podía generar tanto impacto. Porque de la calidad no tuve dudas nunca. Los niveles de calidad de estos formatos son muy estrictos y en todas partes del mundo hay que cumplirlos. Pero lo cierto es que también dijimos: “Bueno, un domingo, contra el fútbol y contra Lanata, ¿nos irá bien?”. Estaba claro que íbamos de punto. Y funcionó. Este año, en cambio, pasamos a un horario más fuerte. Con competencia de otro tipo.

–Este año ya no van de punto.
–Es cierto. Este año hay que…

–¿… ratificar?
–Sí. Totalmente. Lo bueno es que el canal armó una franja piola de entretenimiento que va toda la semana y que está puesta de manera inteligente. Porque este año la novela de El Trece es lo que fue Avenida Brasil el año pasado. Y a la ficción no le podés poner otra ficción: la gente elige la que está viendo, no la nueva. La única manera de contraprogramar es poner entretenimiento o deporte. Y el canal apostó al entretenimiento: va a estar el Chino Leunis, va a estar Marley y vamos a estar nosotros. Ahora vamos a ver cómo funciona.

–¿Y por qué pensás que Masterchef, aun teniendo estos estándares de calidad, haya tenido semejante impacto y lograra meterse en la vida cotidiana de gente que incluso no le importa tanto cómo se cocina? ¿Por qué tuvo ese plus?
–Creo que el rubro gastronómico tuvo un resurgimiento en la tele que es previo a Masterchef y que se ve en la sociedad en general. No por nada un canal como el Gourmet nació acá. O lo mismo Utilísima. La gente de un tiempo a esta parte se empezó a interiorizarse mucho más. Ahora busca comer bien, variado y rico. Cocinar mejor. Y este programa, como así otros no tan masivos, le da una gran visibilidad a todo ese mundo. Si lo pensás, siempre fuimos un país ligado a la gastronomía. Los turistas vienen y se vuelven locos con el asado, la carne ¡y hasta los deliverys! Porque te digo: conozco gente que ha venido de Londres, una ciudad súper cosmopólita y top, pero se te llega a ocurrir pedir algo teléfono después de las 22 y vas muerto. Acá, en cambio, por ahí llamás de madrugada y seguro una docena de empanadas te traen (risas).

— A todo hay que sumarle el factor jurado. El ahora famoso trío que conforman los chefs Donato-Martitegui-Cristophe.
 — Sí. Son tres rockstars. Son los Beatles. A mí la gente me dice: “¡Eh Mariano, una foto!”. Y queda ahí. Pero con ellos se tiran de cabeza: “¡Firmame el delantal! ¡Firmame el libro!” (risas). No paran. Y ellos la manejan muy bien. Porque son divertidos y a la vez muy sencillos. Nos hemos ido de viaje, hemos visitado bodegas y hemos compartido mucho tiempo juntos. Es impresionante el buen humor que tiene siempre, las jodas que hacen todo el tiempo. Creo que la gente compró a fondo los perfiles de cada uno de ellos.

— Saliendo un poco de Masterchef, hay en vos cualidades como conductor que exceden las mínimas necesarias para llevar adelante un reality. Sin embargo, nunca dejaste de ahondar en ese género. ¿Por que pensás que te van tan bien los reality?
 — Es es una pregunta que me hice muchas veces. Y todavía le busco la respuesta, eh. Porque a mi puede que me guste mucho hacer un reality pero puede pasar también que a los reality, alguna vez, no les guste hacer un programa conmigo, eh.

— ¿Te parece? No estaría siendo el caso por ahora.
 — Okey, pero a veces ocurre que se te pasa el cuarto. Sobre todo para algunas cosas. Incluso dentro de los reality. Hay algunos, especialmente entre los últimos que salieron, que se nota que son para alguien más joven y dinámico y no para mí que ya cumplo 44, tengo tres pibes, dos autos y cuatro hipotecas (risas). No estoy para hacer Escape perfecto como el Chino Leunis.

— Hay una nueva generación de conductores.
 — Sí. Los conductores que hasta hace poco estábamos marcados así, como “la nueva generación”, ya llevamos 15 años de tele. Nos queda poco de “nuevos” a Santiago del Moro, a Mariano Iudica y a mí. Ya era hora que aparecieran tipos como el Chino o como Nico Magaldi. Y lo celebro porque esos formatos nuevos son para ellos. Pensá que mi hija empezó hace poco la secundario y ya tiene compañeras que me tratan de usted. Ya no puedo hablarle a esos pibes como les hablan ellos. Es una cuestión de ubicación.

— Igual, todo esto no explica por qué te va tan bien el reality.
 — Es cierto, je. Si le busco la respuesta, creo que tiene que ver con que algo que me gusta mucho del género y es que, en esencia, se trata de gente común en televisión. Gente que se cumple la consigna de los 15 minutos de fama de Andy Warhol. Y yo me siento muy cercano de toda esa gente. Porque es verdad: soy un tipo que labura de esto, estoy en la tele, soy conocido, pero al mismo al mismo tiempo me gusta hablarle de igual a igual con los participantes, me engancho con ellos de manera genuina. Con muchos terminamos charlando de la vida en los viajes largos que tenemos porque realmente me interesa. No es que terminó el programa y me subo al plato volador. No me sentiría cómodo conmigo mismo si fuera así. Por eso trato de mantener un equilibrio. Nunca volverme loco con la tele

— ¿Y cómo hiciste para mantener los pies sobre la tierra en tiempos del mega-éxito de Gran Hermano y los 50 puntos de rating?
 — Es un ejercicio constante. Y empieza con mis hijas.

— Claro, ellas te deben bajar de un ondazo.
 — No te creas, a veces pasa al revés. La de 8 años una vez le dijo a su maestra ,cuando entró a tercero: “¿Sabés quién es mi papá?”. “No, ¿quién es?”. “Mariano Peluffo, el de Gran Hermano”. “¿Sí? ¿Y vos sabés quién es mi tía?”. “No”. “Susana Gimenez”. Y ahí mi hija volvió tan impresionado que no volvió a joder más con lo de su papá Peluffo (risas). En esos cosas, entonces, a mi me encanta jugar para el lado de la maestra. El ejercicio dentro del ámbito familiar es aclararles que es un trabajo de mucha exposición pero que no deja de ser un trabajo más, que a veces podemos irnos de vacaciones y a veces no. O que a veces su papá tiene trabajo y otras veces no.


Menos pantalla que antes

–De un tiempo esta parte se te ve con menos frecuencia en la tele de aire. ¿Es algo que se dio así o fue algo planeado?
–Sí, porque tuve muchos años de realmente mucha intensidad. Mi hija mayor es marplatense porque tuve que viajar a Mar del Plata a hacer un programa. Con mi otra hija me acuerdo que casi me pierdo el parto porque estaba al aire. Y reconozco que estuvo bueno ese ritmo de rock and roll para un momento. Pero después hay que parar. Todavía hay gente que me dice: “Uh, ‘¡vos vivís en la tele!”. Y resulta que hace cuatro años que hago, como mucho, un programa por año y nada más. Y sin embargo quedó ese estigma. Pero no me molesta tampoco. Lo tomo como un cariño de la gente.

–¿Tendría que ocurrir un cataclismo para que te vayas de la pantalla de Telefe?
–Sí. La verdad es que estoy muy cómodo y feliz. Me dejan trabajar una vez por año y el resto del tiempo igual sigo vinculado al canal. Puedo presentar proyectos de mi productora y me siento como en mi segunda casa. Y en esos meses en los que no me toca estar con un programa al aire por suerte he logrado armarme de una vida familiar que tracciona mi parte personal. Lo mismo con mi productora o con la radio que hago los domingos. Con Telefe sabemos que cuando algo está bueno y me copa, hacemos algo. Si no, esperamos. Prefiero hacer menos programas, pero pero igual de buenos.


Gran Hermano: “fue un final anunciado”

–Volvió Gran Hermano pero por América y sin vos en la conducción. ¿Cómo lo vivís?
–Es raro. Es la primera vez que lo veo de afuera. Y esta bueno que sea así. Porque en definitiva terminan siendo etapas. Mi participación en GH siempre fue a través de Telefe, nunca a través de Endemol, la productora. Y ya cuando el canal decidió, en la gestión de Tomás Yankelevich, que no se iba a volver a hacer y desarmaron la casa…. medio que fue un final anunciado. Y ahí ya sabía que el programa iba a continuar en otro lado y que no lo iba a hacer.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated juan manuel strassburger’s story.