ENTREVISTA DE TAPA | Pimpinela | “Nunca hicimos nada para gustarles a los de paladar negro”

Publicada el 16 de mayo de 2010 en Tiempo Argentino

Vendieron más de 18 millones de discos en todo el mundo, obtuvieron más de 60 discos de oro y platino en la Argentina, llegaron al Madison Square Garden de Nueva York, y prácticamente inventaron el género de la canción hablada en la que discute una pareja o se cuenta un melodrama. Siempre con humor. Sin embargo, el hecho más significativo, el dato que da la pauta de hasta dónde llega la fama de Pimpinela es su aparición en un capítulo de Los Simpsons, en el que Homero busca deshacerse de los discos del dúo que atesora Marge.

“Siempre quisimos ser populares. Pero nunca hicimos nada para gustarles a los de paladar negro”, sintetiza Joaquín Galán a Tiempo Argentino, a días de estrenar en Buenos Aires Pimpinela, La familia, el musical en el que por fin se decidieron a contar su particular historia: desde que eran pequeños y ya mostraban inquietudes artísticas en una caserón de Villa Urquiza de los sesenta, hasta sus primeros pasos artísticos y la conformación del dú con el que revolucionaron la canción pop en los ochenta y dieron la vuelta al mundo.

“Somos producto de un gran sueño”, sentencia Joaquín, mientras su hermana Lucía, atenta, asiente a su lado. “El sueño de una familia de inmigrantes españoles que vino al país y salió adelante con esfuerzo y sacrificio, y el sueño de nosotros como artistas, que al principio íbamos por caminos separados y al final terminamos juntos”. El hecho clave, cuentan los hermanos, fue la insistencia de su madre por unir ambas carreras divergentes: la actoral de Lucía y la musical de Joaquín. “Ella siempre nos insistía con que hicierámos algo juntos y nosotros no le dábamos bola. A lo sumo hacíamos un número en las fiestas familiares. Pero una tarde me aparecí con la guitarra en una clase de teatro de Lucía y cantamos juntos una canción. Fue el detonante. A todo el mundo le encantó. Y nos dimos cuenta de que teníamos que seguir juntos”, cuenta Joaquín.

Pimpinela, La familia ya tuvo su prueba de fuego en la temporada de verano de Mar del Plata. Y el resultado los dejó más que contentos. “Teníamos la ansiedad de estar haciendo algo nuevo, nuestra primera comedia musical con casi 50 personas sobre el escenario, cuando nosotros, como músicos, estamos más acostumbrados a algo más solitario”, compara Lucía, quien revela que durante mucho tiempo “un montón de amigos” les insistieron con que hicieran un musical. “Primero fue Jorgito Guinzburg, después Miguel Ángel Cherutti y Antonio Gasalla, y al final el productor Javier Faroni. Entonces dijimos: bueno, algo pasa que todos nos dicen lo mismo. ¡Hagámoslo!”

— Es imposible resumir la vida de Pimpinela en un musical, ¿qué quedó afuera y por qué?
Lucía: — Quizás quedaron afuera partes personales individuales que no tenían nada que ver con el relato. Pero después, lo que tiene que ver con nuestra familia y todos los acontecimientos que se fueron dando para llegar a lo que somos hoy es totalmente real.

Joaquín: — Tratamos de incluir elementos para que la gente se pudiera identificar con la obra, sino sería una cuestión biográfica y punto. Mostrar una familia de inmigrantes como tantas que formaron la cultura de nuestra país. Y vimos que la cuestión del trabajo, el esfuerzo y la lucha era común a todos. Lo particular nuestro eran nuestras ambiciones y nuestros sueños por el lado artístico.

Desde el ’81, cuando el Pimpinela sacó Las Primeras Golondrinas, su primer disco, el éxito no dejó de acompañar al dúo. Temas como “Olvidame y pegá la vuelta” coparon las radios y marcaron una nueva manera de encarar el pop, con letras que preferían hablar del matrimonio en vez de romances, y con recursos que los hermanos Galán extraían del teatro y el melodrama español en lugar de los típicos de la música. Sin embargo, siempre fueron resistidos por parte de la crítica y el “buen gusto” que no veía con buenos ojos este fenómeno multiclasista que hacía foco en lo cotidiano y mostraba el costado menos idílico del amor.

“A principios de los ochenta, éramos los que más vendíamos. Ya estaba el resurgimiento del rock nacional con Los Abuelos y Los Twist. También la Trova Rosarina. Pero nosotros éramos como la mosca blanca, no encajábamos en ningun lado”, recuerda con un dejo de amargura Joaquín, quien con Pimpinela, se dio el gusto de cantar con Django, Maradona y hasta con Superman, cuando aún lo encarnaba Christopher Reeve.

“A veces nos pasa que nos dicen: ¿Y? ¿Qué estuvieron haciendo todos estos años?’, porque hace mucho que no nos ven. Y la respuesta es que estuvimos viajando. Y el tiempo que no nos ven es lo que tardamos en volver a un determinado lugar. Porque la realidad es que nunca dejamos de trabajar”, subraya Joaquín Galán. Y es tal cual. Porque salvo cuando su hermana Lucía sufrió la isquemia cerebro-vascular que le dejó inmóvil el brazo durante ocho meses, Pimpinela no paró nunca.

A diferencia de otros grupos pop que sufrieron bajones y parates a lo largo de su carrera, el dúo de los hermanos Galán se las arregló para mantenerse presentes más allá de nuevas modas, aparición fulminante de otros artistas y hasta crisis económicas que pusieron en jaque a la industria discográfica. “Por suerte, nunca interrumpimos nuestra carrera por motivos artísticos o nos fuera mal. El único problema que tuvimos fue mi problema de salud, que por suerte ya quedó atrás”, tranquiliza Lucía.

— ¿Qué fue lo más injusto que les tocó pasar en estos años?
Joaquín:
 — Y, por ejemplo, en los ’80, en pleno boom nuestro, fuimos a cantar en el Radio City de Nueva York. En la cartelera figurábamos Rod Stewart, Yoko Ono y nosotros. Era surrealista. Ningún grupo argentino lo había logrado antes. Y me acuerdo que un diario muy importante nos dijo: “No vamos a dar la noticia, porque no cubrimos ese tipo de música”.

— ¿Sienten que con el tiempo se ganaron el respeto de los que al principio los miraban raro o tenían el paladar negro?
Lucía: — Nosotros siempre hicimos lo mismo. A lo mejor a los del paladar negro se les fue el gusto (risas)

Joaquín: — Nunca nos detuvimos a pensar que teníamos que hacer para ser aceptados. Nunca hicimos nada para gustarles a los de paladar negro.

Lucía: — Siempre quisimos ser populares. No nos gusta el elitismo, que nos vayan a ver 40 personas que digan ‘¡wow!’. No. Nos gusta hacer lo que hacemos desde la vibra y el corazón. Y cantar canciones que para algunos serán muy simples, pero son las que nos salen. Lo que pasa es que hay mucho prejuicio, mucha tontería de lo que es in, out, sí o no.

Joaquín: — Yo siempre recuerdo que una vez le preguntaron a Silvio Rodríguez en conferencia de prensa cuál era el artista más popular en Cuba y todos pensaban que iba a decir Mercedes Sosa y dijo Pimpinela. Por eso decimos que un público inteligente es aquel que tiene la cabeza abierta y le gusta desde Pink Floyd a Juan Gabriel.

— ¿Les pasó que venga alguien un crítico o un músico y les dijera me equivoqué, ustedes tenían razón?
Joaquín: -No, ‘me equivoqué’, no. Pero sí nos pasó que viniera Spinetta en una fiesta MTV a decirnos que le había gustado mucho un video nuestro.

Lucía: — También Calamaro, que es fan.

Joaquín: — En los ’90, cuando Luis Miguel vino para acá, resulta que ya era famoso hace diez. Por ahí grupos o artistas como él llegaban a Chile y acá los medios de comunicación empezaban a decir que eran grasas. Lo que pasa es que todos ellos tenían un infiltrado en el país que éramos nosotros.

Lucía: — Igual es verdad que últimamente mucho de eso cambió. Aunque no sabemos bien cuándo ni por qué.

Joaquín: — Es cierto. Hoy notamos que hay más gente joven que nos alienta en la calle. O que me dicen ‘chau maestro’, ‘Grande Pimpi’ o cosas así. La verdad que es lindo.

— Ahora hasta aparecieron grupos que los reivindican, como Miranda!
Lucía: — Sí, para nosotros es una satisfacción enorme y un honor. Por que son talentosísimos. Nos encontramos muchas veces para cantar juntos. Y tenemos una relación de amistad.

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