ENTREVISTA DE TAPA | Raúl Perrone | “Nadie me regaló nada y tampoco nunca lo busqué”

Publicada el 25 de octubre de 2015 en Tiempo Argentino

Lleva filmadas alrededor de 40 películas con un estilo y una manera particular que no negocia, y que lo llevó al rápido reconocimiento de un público joven y rockero. Sin embargo, en los últimos años, con la gran acogida a P3NDEJ05, celebrada en festivales de todo el mundo, el cine de Raúl Perrone parece haber alcanzado un nuevo estadío; más experimental respecto al lenguaje cimetagráfico (con referencias directas al cine mudo los años ‘20), pero igual de vital en cuanto motivaciones, temáticas y realización.

Ahora, a punto de estrenar dos nuevas películas en noviembre en el Malba y sala Lugones (Ragazzi y Favula, ambas bajo la estela formal de P3NDEJ05, aunque con su propia búsqueda temática), Perrone se ve conmovido por dos hechos totalmente inusuales para un director de estas latitudes. Por un lado, la concreción de un actual tributo a su filmografía en la Viennale del famoso festival de Viena, el primero dedicado a un cineasta latinomericano, donde podrán verse 12 de sus películas, elegidas cuidadosamente por el propio Perrone y el crítico y programador Roger Koza. Por otra parte, la realización el próximo 31 de octubre de un Foco dedicado a su obra en el Universidad de Oxford, protagonizado por especialistas de cada uno de sus films.

“Yo me considero un anti-autor. Porque ya hay mucha gente que se llama ‘autor’. Y ante tantos autores con tan pocas obras prefiero ser anti”, aclara el homenajeado, una tarde de primavera extrañamente fresca, en un bar de Ituzaingó, su lugar en el mundo, la localidad bonaerense desde donde viene cautivando a los amantes del cine independiente de todo el mundo. “Ahora, ante hechos como el Foco de Oxford o el Tributo de la Viennale, obviamente me lleno de orgullo, sobre todo porque llegué con la mía. Nadie me regaló nada y tampoco nunca lo busqué. Desde el principio, me alcanzó con estrenar y poder seguir con mis pequeñas películas.

— En ese ejercicio de mirar atrás que implican el foco de Oxford y el tributo de la Viennale, ¿qué Perrone encontraste?
 — Veo una manera de contar que se mantiene. Eso sí: con otras técnicas, porque tuve varias etapas, aunque nunca dejé de ser yo. Cambié para seguir siendo el mismo. Pero sí, este tributo de la Viennale me hizo ver todo lo que pasó desde aquel primer momento. Y todo sin un mango, con pasión, con la ayuda de tantos y de todos los que pasaron. También me hizo recordar lo que solía decirles a mis amigos: “Siento que fui tan rápido, que llegué tarde…”

—¿Todavía sentís eso?
 — Ahora ya no. Pero en ese momento sí. Sucedió todo muy rápido. Estuve muy adelantado. A veces pienso que si yo hubiera tenido un productor en Labios de churrasco (N del R: su primera película icónica en el cine independiente argentino, estrenada en 1994) hubiera podido ser la Mundo grúa de ese momento. Pero no tenía a nadie.

— De los que vinieron y siguieron tu maneras de filmar, ¿tuviste gestos de reconocimiento?
 — Sí. Adrián Caetano me dijo una vez que empezó a hacer cine por mí. Pablo Trapero también me comentó su admiración. Y lo mismo muchos más que no conozco o que por ahí lo comentan en una nota. O me dedican películas, como en su momento hicieron los uruguayos Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella, de 25 watts y Whisky.

— No siempre pasa que a los pioneros se los reconozca. O que la crítica los apoye desde el principio.
 — Lo que pasa es que saben que no transo. Que no es que voy a ir a caretearla con ellos. No. Si quieren verme, tienen que venir a Ituzaingó, porque no salgo de acá. No me interesa participar de los eventos que ocurren en Capital. Mi vida pasa por otro lado. Cuando me quiero tomar un vino, lo tomo con quien quiero. Otros, en cambio, hacen cosas con gente que no tienen ganas. Hay un compulsión a pertenecer. Y a mí eso no me gusta. Elijo con quien quiero estar. Esa determinación es lo que hizo que lograra todo lo que me propuse después.

—Tuviste fe en vos mismo.
 — Siempre. Vos imaginate que a esta altura tendría que estar en un lugar súper cómodo y por ahí ya no hacer películas. Tendría que estar viviendo de P3ND3J05, porque apenas pasaron dos años de esa película y hay gente que puede estar diez años viviendo de un éxito. P3ND3J05 hizo 50 festivales y al día de hoy se sigue dando. Generalmente, después de una situación así es muy raro que al toque encares otra película, pero yo ya hice cinco más (N del R: Hierba, una de las últimas, tendrá su estreno mundial en la Viennale).

— Desde tu primer film lograste algo muy difícil en la actividad, que es que el financiamiento no te determine. Sacaste esa variable de la ecuación.
 — Sí. Siempre hice con lo que pude. Lo que pasa es que nunca lo pensé. Voy y lo hago. Y si hay algún inconveniente, busco la solución ahí mismo. Tengo un punto de vista austero. No tengo auto, no me compro pilchas ni tengo nada que ver con “la vida real”

— ¿Te costó encontrar gente que acompañara esas maneras que obviamente no son las establecidas?
 — Costó, pero la fui encontrando. Lo más difícil es conseguir un equipo que te siga cuando estás loco. Que lo puedas llamar a las 3 de la mañana y el tipo responda. Pero por suerte me encontré con gente muy piola en la vida, tipos que se han bancado de mí cosas que por ahí de otros no se lo hubieran bancado. Me parece que es porque la pasión arrastra.

— ¿La autenticidad es uno de los grandes fuertes de tus películas?
 — Es que los pibes, cuando saben que sos honesto, te cachan. Los mayores elogios que tuve con Labios… o Graciadió no fueron: “Loco, me volaste el cerebro con tu película” sino que de pronto, en una época en la que directores consagrados se ufanaban de hacer “películas para jóvenes”, un joven de verdad viniera y me dijese: “Loco, yo a vos te creo.” Porque, ¿qué carajo es una película para jóvenes? ¡Vos no podés ir a buscar jóvenes, los pendejos te eligen!

— Esos gestos te deben importar más que otros reconocimientos.
 — Eso es más importante que que me compren una película por un toco de guita. Yo aborrezco la guita. No la toco. Al punto que tengo un productor que es Pablo Ratto, que es un hombre de la industria, y que no me consigue un solo mango porque yo no quiero. Él sabe que conmigo no tiene que buscar plata, sino cuidarme y garantizarme un contexto afín.

— ¿Pasaste por algún periodo de crisis en estos veintipico de años de producción ininterrumpida?
 — A los que hacemos cosas, siempre nos pasa que un día te levantás y decís: “Quiero largar todo e irme a la mierda.” Pero al otro día te levantás y te olvidás. Después, a nivel más profundo, nunca me pasó. Cuando estoy haciendo una película, estoy profundamente enamorado. Son tres procesos: cuando pienso lo que voy a hacer; cuando voy a filmar, que es cuando peor la paso porque odio mucho filmar (porque tengo que tratar con todos y eso me hincha un poco los huevos); y cuando edito, que es un polvo. Ahí estoy solo y puedo estar horas editando. Por eso soy rápido filmando. Si filmo a las dos de la tarde, a las seis ya quiero irme a ver cómo quedó y empezar a editar. Soy un laburador. Un tipo que tiene un overol puesto. Y es una postura, es visceral.


Un giro estilístico que recupera al cine mudo

Si bien Raúl Perrone ya está movilizado por los estrenos mundiales de Hierba y de Samuray-s, lo próximo suyo que podrá ver el público argentino son Favula y Ragazzi, las dos películas que filmó luego del reconocimiento obtenido con P3ND3JO5, y que llegan a la pantalla grande el 12 de noviembre en el Malba y sala Lugones. Favula es sobre una chica atrapada en un bosque inquietante por una tríada de personajes que se apropian de su libertad; y Ragazzi es una “ópera” en dos movimientos sobre jóvenes desamparados en su propio remolino existencial. Ambas películas tienen recursos recuperados del cine mudo, que producen un hipnótico estado de ensoñación en el espectador, con pasajes de música actual. “Lo que está tomado del cine mudo es un espíritu, cierta libertad”, comenta Perrone. “Porque a mí no importa mucho que la gente entienda las películas. Creo que las películas no se hicieron para entenderlas, sino que se hicieron para que las sientas y viajes. Si a los diez minutos te instalaste en ese viaje, yo estoy realizado.”

— En ambos films parecería que profundizaste la veta formal que encontraste en P3ND3JO5…
 — Sí. Y Favula va más allá. Quizás un pariente más cercano sea Ragazzi. Pero bueno, cuando veas Samuray-s no vas a entender nada porque pegó otro salto (risas). No me interesa quedarme con lo que encontré en P3ND3JO5; me aburriría. Sigo investigando.


Labios de churrasco: el puntapié inicial

En su momento, para una parte de la comunidad cinéfila de Buenos Aires, la aparición en 1994 de Labios de churrasco, el primer largo estrenado por Raúl Perrone, al día de hoy un ícono del cine independiente argentino, pasó inadvertido. Pero no fue así para infinidad de jóvenes que leían los suplementos rockeros de aquel momento y que sintieron al film (el primero de una trilogía que completarían Graciadió y Cinco pa’l peso) como una experiencia mucho más cercana a su sensibilidad que la de otras películas subrayadamente juveniles.

“Fue una sorpresa lo que pasó con Labios de churrasco la noche que logramos estrenarla, después de mucho hablar con la gente del Lorcas. Esperábamos 200 tipos, que ya era bastante. Con mi amigo Magoo y otros esperábamos la función en La Giralda, que está a la vuelta, cuando vimos que se había formado una cola larguísima que llegaba hasta Pippo. ‘¿Qué carajo está pasando?’, pensamos. Increíblemente ,íban a ver Labios de churrasco. Al punto que tuvimos que agregar otra función y juntar la plata ahí mismo para pagar la sala, porque sino todos esos chicos rompían el cine.” (Risas)

— ¿Cómo la ves hoy?
 — Tiene mucho de lo que ves hoy en día, pero que en ese momento no hacía nadie: pibes caminando por la calle, el no futuro, el no hablar demasiado, el blanco y negro, el cerrar en iris y abrir en iris… Sigue siendo una película muy moderna.

— Tenía una gran sintonía con el cine indie yanqui de aquellos años.
— Claro. Y eso que acá no existía la frase “cine independiente”. Pero yo leía la Rolling americana, el Sí, el No, y pensaba: “Quiero hacer películas como un músico de garage.” Tenía una cabeza que no era la del típico estudiante de cine.


Originally published at tiempoargentino.com.

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