ENTREVISTA DE TAPA | Rubén Blades | “Hay que cumplir con lo que uno desea”

Publicada el 30 de abril de 2014 en Tiempo Argentino

Aunque cueste creerlo, la última vez que estuvo en el país, Rubén Blades se las vio negras y sufrió como un novato. Y no porque de repente se olvidara de tantos años de girar con su música, celebrada en casi todos los continentes e inspiradora de nuevos rumbos y sensibilidades, sino porque atento a su gusto de siempre por el tango se propuso revisar varios de sus clásicos en clave 2x4 y mostrarlos luego, por primera vez, en flor de parada brava: el Festival Mundial de Tango en Buenos Aires.

“Yo estaba muy nervioso. Y en el camarín del Luna Park tenía un señor que no paraba de decirme que había mucha gente afuera, varios de ellos tangueros de ley en primera fila, y que todos estaban ansiosos porque empezara a cantar. ‘Van a transmitir el recital a todo el país’, me insistía este señor. ¡Imagínate la tensión que sentía!”, recuerda hoy con una sonrisa. “Por suerte luego salimos y tras el primer aplauso los nervios aflojaron y la noche terminó muy bien.”

Aquella experiencia, que tuvo al gran bandoneonista Leopoldo Federico y al jazzero Carlos Franzetti en dirección y arreglos generales, quedó registrado en un disco que editará en breve Acqua Records. Y que muestra hasta donde se ha animado Blades para expandir aún más su genio musical sin perder el sabor tropical que lo caracteriza. “Cuando al principio decía que iba a hacer un disco de tango me miraban raro. ‘¿Para qué Blades se va a mantener en ese campo minado?’, me decían varios. Pero yo estaba seguro que temas como ‘Pablo pueblo’ tomarían otra dimensión con estos arreglos de Leopoldo. Y así fue. De hecho, tuve que resistir la emoción la primera vez que los escuché. ¡Esas pausas que se escuchan en la grabación son mis esfuerzos por no llorar!”, recuerda entre risas el hombre que esta noche estará en el Gran Rex, pero en un contexto totalmente distinto: ante su público y al frente de una orquesta de salsa en estado puro y caliente.

“Vine acompañado por el conjunto de Roberto Delgado que me permite probar sonoridades distintas respecto a otras orquestas anteriores. Acá tengo tres trombones y dos trompetas además de los teclados, el bajo, la batería y la percusión, y prevemos tocar temas de todas las épocas. Desde ‘Padre Antonio y su monaguillo Andrés’ hasta ‘Prohibido olvidar’ o ‘Amor y control’”, cuenta el panameño, que por momentos se muestra felizmente abrumado por el inmenso repertorio que tiene a disposición. “Uno no se da cuenta de las cosas que ha escrito hasta que se las recuerdan. ¡Y hay tantas! Por suerte pasan los años y la gente me las sigue pidiendo”, se alegra.

Y es que como Jaime Roos en Uruguay, Chico Buarque en Brasil, Silvio Rodríguez en Cuba y Charly García en Argentina (por nombrar cuatro casos), Rubén Blades pertenece a esa generación de cantautores modernos a la vez que idiosincráticos que hoy rondan o transitan los sesenta. Y que supieron retomar las tradiciones musicales de su tiempo y espacio (el candombe, la samba, la nueva trova cubana y el rock nacional, respectivamente) para llevarlas a un lugar de resonancia social no explorados hasta aquel momento.

En el caso de Blades, su primera trilogía de discos junto a la Willy Colón a fines de los setenta (Metiendo mano, Siembra y Canciones del solar de los aburridos) sigue brillando como LA puerta de entrada para el disfrute de una salsa de autor que supo narrar en pequeños relatos bailados los vaivenes picantes de un país que empezaba a mirarse mejor a sí mismo. “Willie Colón fue uno de los pocos que vio esa veta de meternos con el problema de la sociedad y no sólo con lo que pasaba en la esquina. Ni las compañías ni el resto de las orquesta lo veía”, recuerda crítico Blades. Y reflexiona en retrospectiva: “Siempre que se escriba evitando la insinceridad habrá más chances de que lo escrito perdure. En mi caso siempre tuve cuidado de no escribir de manera panfletaria o de irme demasiado con la cuestión ideológica sino de tratar de ver el asunto desde su costado profundo.”
 
–Latinoamérica es muy rica en la generación de ritmos que saben mostrar la vida cotidiana de las clases trabajadoras, ¿qué tuvo y qué sigue teniendo la salsa como para prevalecer sobre el resto e incluso reinventarse fuera del Caribe?
–Fue y sigue siendo muy importante en términos de barrio popular. Piensa que tú por ahí estás trabajando cinco o seis días y llega el fin de semana y quieres escapar. ¿Adónde vas? Adonde está la música. ¿Y adónde está la música? Donde están las hembras. ¿Y qué haces allí? Bailar, compenetrarte y tal vez hasta compartir un bolero con una persona extraña. La salsa, entonces, fue y es la perfecta excusa para ello. La convocatoria ideal para la gente que llega cabreada o cansada de una semana dura de trabajo y arriba a un terreno común donde el más feito por ahí tiene la oportunidad de estar con la más linda porque es un gran bailarín.

–¿Y cómo explicás la histórica buena recepción en la Argentina de la salsa y en particular de tu obra?
–Acá hubo cosas que me favorecieron. En su momento cuando escribí una letra como “Pablo pueblo” asumí que el sur iba a tener una acogida inmediata por el contenido de cuento que tenía la canción. El problema es que aquí, la salsa, no existía. Era algo exótico, como ver un ballet de Nigeria (risas). Pero cuando ocurrió lo de las Malvinas y se redujo la programación en inglés muchos empezaron a redescubrir el repertorio moderno latinoamericano. Y entre ellos, “Pedro Navaja”. Y cambió todo.

Blades tomó conciencia de esa gran recepción cuando tocó por primera vez en Obras Sanitarias (¡año 1983!) y compartió cartel nada menos que con Los Abuelos de la Nada. “Aquella vez vi cómo le prestaban atención a temas como ‘Padre Antonio’ cuando en otro lugares, más conocedores de la salsa, no se consustanciaban tanto. Evidentemente, era el formato de cuento-canción lo que los estaba atrapando”, cuenta. Y reivindica a Piero: “Pienso que aquí nunca le dieron el crédito que merece. Él hizo la primera balada que yo escuché que no era sólo romántica: ‘Mi viejo’. ¡Una canción que hablaba sobre su padre! Fue un gran descubrimiento para mí.”
 
–Experimentaste con otros ritmos del mundo en los noventa, te involucraste a fondo con la función pública de tu país en la década pasada, y volviste a la salsa y a tus papeles en el cine de Hollywood en los últimos años. ¿Qué viene ahora para Blades?
–Hay muchos proyectos en danza como hacer un disco con Wynton Marsalis, otro con Gustavo Dudamel de la sinfónica de Los Ángeles y alguna vez uno entero con Calle 13. Pero uno planea y el tiempo no espera. En este momento tengo más pasado que futuro por lo que trato de cuadrar los proyectos al tiempo que me queda. Lo que pasó con Paco (de Lucía), con Cheo (Feliciano) y con Gabo (García Márquez), todos grandes amigos, son campanazos de alerta. ¡Estoy en la edad en la que se te empiezan a morir los amigos! (risas) Entonces mejor ir separando lo importante. Y cumplir lo que uno desea.


Su paso por la política

A Blades siempre le interesó la política: se postuló para presidente de Panamá en 1994 y ejerció como ministro de turismo entre 2004 y 2009, tiempo durante el cual abandonó totalmente sus actividades artísticas, tanto en la música como en el cine de Hollywood. “Uno es lo que uno hace no lo que uno dice. Entonces, qué mejor forma de probar la consistencia de lo que tu crees que involucrándose así”, dice a la hora de revisar aquella decisión. “Nadie creía que iba a mantenerme cinco años fuera de la música. Pero sí: durante esos cinco años no hice discos, ni hice películas y sólo me dediqué a mi trabajo como ministro. Fui consecuente con mi prédica de servicio público, de Patria. Ahora, eso también tiene su precio porque después, para regresar a algunos lugares (el cine por ejemplo), tienes que volver a ponerte en la cola. Pero no me quejo: si quieres hacer algo por tu país, todo eso es más importante que tú. Y más si eres como yo, que se la pasó escribiendo cancioncitas sociales. Porque a ningún pueblo lo vas a arreglar con una canción sino con políticas que le mejoren la vida a la gente.”

–En ese sentido, ¿tuvo algo de sacrificio el renunciar a tu vocación musical y entregarte a la función pública?
–No había otra manera. Porque había obligaciones que se tenían que cumplir y cuando tú entras al gobierno debes entender que vas a hacer cosas que no te van servir directamente a ti. En ese aspecto sí hubo una dificultad. Ahora, si tú te preguntas si extrañé lo que venía haciendo antes: no. Porque cambié un escenario por otro. En vez de estar en una tarima me fui a trabajar a la calle. Y me daba mucha satisfacción hacerlo.


“Calle 13 hace un trabajo muy interesante”

Uno de los temas más conocidos de Calle 13 es “La Perla”, en donde comparten voz con Rubén Blades. En el video, que circuló fuerte por Internet y las cadenas de clips, puede verse el famoso barrio popular de San Juan de Puerto Rico. Y también, raro en él, un cameo del propio Rubén. “Creo que la imagen limita la fantasía de una canción. Nadie sabe cómo es Pedro Navaja: si negro o blanco, gordo o flaco, alto o petiso. Y esa es la magia del personaje. Pero en este caso hice una excepción porque estábamos hablando de algo bien real y concreto como La Perla”, explica.
 
–¿Como se dio el vínculo con René y Eduardo?
–En general, me gusta mucho compartir cosas con otros artistas. Y ya me habían hablado de un grupo de reggaetón que estaba haciendo cosa buenas. Un día los pude escuchar y descubrí que efectivamente eran muy buenos pero que además tenían algo que me llamó la atención: sentido del humor. Vi que había algo ahí. Después me fui familiarizando más con su trabajo hasta que surgió la propuesta de hacer algo juntos. En ese momento todavía estaba en el Ministerio de Turismo y los convoqué para después de mi horario de trabajo. Pasé por su estudio de grabación sin tener la menor idea de lo que íbamos a hacer. Pero entonces me mostraron “La Perla” y ahí nomás les escribí un texto que se sumaba a lo que habían escrito ellos. Y quedó.

–¿Cómo los evaluás artísticamente?
–Están haciendo un trabajo muy interesante. Los dos. Porque todo el mundo se va con René, pero lo que está haciendo Eduardo también es muy importante. Son dos temperamentos distintos pero que se complementan perfecto. El grupo de música urbana más importante de los últimos 10 años.


Su amigo Lou Reed

Desde Sting y Los Lobos a Paul Simon y Los Fabulosos Cadillacs, la carrera de Blades rebosa de colaboraciones con músicos de las más variadas tendencias, más allá de que principios previos de afinidad estética o espiritual hayan guiado casi siempre aquellas reuniones. “Tengo un disco sin terminar con (Bob) Dylan, que no completamos nunca porque nos la pasamos hablando de otras cosas”, se ríe con ganas el cantautor. El caso de Lou Reed, que murió a fines del año pasado, fue más fructífero. El ex Velvet Underground lo convocó para su gran disco New York y a partir de entonces pudieron entablar una rica relación, con aportes mutuos a las canciones de cada uno. “Con Lou recuerdo particularmente ‘The calm before the sun’, incluída en mi disco en inglés Nothing But The Truth. La letra dice: ‘There was a time when ignorance made our innocence strong. Y Lou me decía: ‘¡No! Tiene que ser There was a time when innocence made our ignorance Strong’. O sea, al revés. No le hice caso. Pero ahora la canto como le gustaba a él”.


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