ENTREVISTA DE TAPA | Rubén Rada | “Recién a los 55 pude comprarme una casa”

Publicada el 22 de julio de 2010 en Tiempo Argentino

Rubén Rada no sabe lo que es una computadora. Tiene Facebook, Twitter y Myspace, pero no sabe usarlos. Por eso le dicta a su asistente las respuestas a los mensajes que le llegan por la web, que van desde la consulta por un disco descatalogado hasta las hurras por el reciente cuarto puesto de Uruguay en el Mundial. “Algunos por ahí dudan y me dicen ‘vos sos Rada ¿en serio?’ Sí, soy yo, el Negro’, les digo’. Pero siempre a través de mi secretaria, porque yo no entiendo nada”, cuenta, sin miedo a quedar como anticuado. Un músico que, de anticuado, justamente no tiene nada.
 
“Siempre me dediqué a la fusión, siempre escuché música nueva. Aquel que se queda renegando y escuchando solamente lo de su primera época, está liquidado”, remarca, plácidamente acomodado en el coqueto living de un hotel de San Telmo, antes de presentar este sábado en el ND/Ateneo Fan, un disco en el que homenajea, siempre en clave rioplatense, a sus autores favoritos de Argentina y Uruguay. De Spinetta y Charly García a Los Shakers, Fernando Cabrera y Mateo.
 
“El disco se conecta un poco con el principio de mi carrera, porque yo empecé como cantante, como crooner”, recuerda, quien hace cuatro años reencarnó como Richie Silver, un alter-ego con el que se dio el gusto de cantar –y vestirse- como aquellos viejos cantantes de rock n’ roll. Ahora con Fan, vuelve a viajar para atrás. Pero a su pasado de intérprete, “cuando cantaba en los hoteles y en los barcos canciones de Ray Charles, Gardel, Jobim y Charles Aznavour”. Rada: “Siempre me gustó ser showman. Y un día, estando en la casa de (el tecladista Gustavo) Montemurro, empecé a cantar de la nada muchas de estas canciones que quedaron en el disco. En los tambores. Y salió”.
 
Para el álbum, el cantante eligió temas de autores y grupos uruguayos como Urbano Moraes, Fernando Cabrera, El Kinto y Totem “para que los argentinos los conocieran”. Y también canciones archiconocidas del rock nacional: “No voy en tren” de Charly García, “Solo se trata de vivir” de Litto Nebbia, “Pensar en nada” de León Gieco, “Fue amor” de Fito Páez y “Mil Horas” de Andrés Calamaro. A todas, el cantante les puso su impronta (el candombe y la música negra dominan el disco) e introdujo, con cierto humor, algunos cambios en las letras.
 
En “No voy en tren”, por ejemplo, Rada canta “yo no me copo con nadie” (en vez de “no necesito a nadie”), mientras que en “Fue Amor” le pega “Te vi (un vestido y una flor)” pero diciendo “Te vi, te vi, te vi/ yo no tenía un mango e igual te vi”. “Apenas la escuchó, Fito me llamó y me dijo que era un hijo de puta lo que había hecho, se cagaba de risa. Y con Charly todavía no pude hablar. Pero eso de decir ‘no me copo con nadie’ es muy de él, ¿no? La hice bien funky. La verdad que quedó muy buena”, se complace.
 
 — ¿No tendría que ser al revés? ¿No tendrían que ser ellos los que homenajeen a Rada?
 — No, está bien. Ya lo van hacer. Como decía Horacio Buscaglia, padre de Martín: ‘qué sponsor, la muerte’ (risas). Y sino mirá los discos de Mateo, El Príncipe, cómo los homenajean ahora. Tal vez cuando me muera empiecen a cantar canciones de Rada…
 
Artista precoz, Rada arrancó de adolescente en una primera formación de Los Shakers y desde entonces no paró. Renovó el candombe uruguayo junto al mítico Mateo en los setenta, cruzó el charco y se codeó con los popes del rock nacional en los ochenta con temas como “Blumana” (ese que pedía: “Tocá, che, Negro Rada/ tocá grita la hinchada/ tocá y cantá tranquilo/ que acá no pasa nada”) y luego, tras un bajón a principios de los noventa, sacó chapa de clásico viviente, referencia obligada de la música del Río de la Plata, con discos de culto como Montevideo (del ’96) y hitazos como “Cha Cha Muchacha”, que sonó en todos lados.
 
Ya restablecido en Uruguay (tras largos temporadas en distintos países de Latinoamérica), Rada se dio el gusto de coquetear con la farándula local: participó de Gasoleros (1999) y algunas otras emisiones de la factoría Suar, que le dieron aún mayor visibilidad sin perder ni un ápice de la respetabilidad ganada. En aquellos años, el uruguayo de voz dulce e indescifrable pudo explotar su simpatía innata y el histrionismo que lo caracteriza. “Llega a salir en la revista Gente, con todas las actrices y modelos del momento”, recuerda con cierta incredulidad.
 
 — ¿Y cómo te trataron?
 — Bien con mucho cariño. Siempre caí bien parado, fui muy respetuoso además, porque yo tampoco andaba en ningún lado. Me decían ‘Negro nunca venís a las fiestas’. En ese momento estaba de moda Hipopótamo o El Living donde iban los rockeros. Pero a mí no me interesaba. Nunca me interesó la farándula de salir en las revistas. Y sino miralo a Spinetta que tuvo la mala suerte de enamorarse de una modelo y todos empezaron a preguntarle por ella cuando debía ser al revés, que a ella le preguntaran por él.
 
 — ¿Y cómo se dio el vínculo con Suar?
 — A Suar lo conocía porque él vivía en Villa Crespo y nosotros en Julián Álvarez y Corrientes (mi mujer también es de la colectividad judía), y alguna vez, en la época de Pelito, cayó a mi casa a escuchar música y charlar un rato. Después, cuando se dedicó a la producción, una tarde me tocó el timbre y me dijo ‘¿querés actuar?’ ‘Mirá que yo no soy actor’, le dije. “No importa, hacé de Rada’, me dijo él. Y arranqué.
 
 — Tu hijo Matías canta en el disco. ¿Cómo tomó tu familia los vaivenes de tu carrera? ¿alguna vez te reprocharon los constantes cambios de país, los momentos en que no te fue tan bien como lo esperado?
 — Al revés, me reprochan cuando grabé canciones comerciales. Son más radistas que Rada (risas). Cuando salió “Cha Cha Muchacha”, mi hijo, que se junta con rockeros que me respetan por temas como “Malísimo”, “Rock de la calle” o lo que hice con Totem, no le gustó nada que sonara en todos lados. Es muy chinchudo y crítico. Y los hijos siempre quieren que se hable bien del padre. Pero yo le expliqué que tenía que hacer esto para después de tantos años poder quedarnos en Uruguay. Yo viví 25 años afuera. Viví en Suiza, Austria, Venezuela, Colombia, México, 25 años en la Argentina. Necesitábamos asentarnos. Recién con lo que gané en Gasoleros y después con otro programa que tuve en Uruguay, Teléfono, pude comprarme mi primera casa a los 55 años. ¡Imaginate!


“En Argentina perdieron la posibilidad de ser socialistas con el peronismo”

Simpatizante de las ideas socialistas, Rubén Rada prefirió acompañar al MAS (de donde surgió Luis Zamora) cuando sus colegas se sumaban a la campaña de Alfonsín en los ochenta. Por eso, hoy vive con alegría el presente político de Uruguay. “Aquella vez yo podría haber tocado con Patricia Sosa y Alejandro Lerner para Alfonsín, y acomodarme de los más bien. Pero siempre fui socialista. Ojo, no comunista. Porque siempre me gustó que el que gana mucha plata pague impuestos, pero también que tenga la posibilidad de ganar plata si se mata laburando”, considera.

— ¿Cómo ves el proceso político actual de Uruguay y Argentina?
 — Argentina es más difícil. En Uruguay está más claro porque Montevideo se ha transformado en una ciudad izquierdosa. Como vive mucha más gente en la capital que en todo el país, con los pocos de izquierda que haya afuera, Uruguay se ha vuelto un país socialista en los últimos años. Argentina, en cambio, perdió esa posibilidad con el peronismo, que es un partido populista, no de izquierda. Aunque creo que la última oportunidad la terminaron de perder cuando Chacho Álvarez y Fernández Meijide apoyaron a De la Rúa. Ahí la terminaron de embarrar. Por suerte, fue distinto en mi país. Primero con Tabaré Vázquez y ahora con Mujica. Tabaré se fue con el 67 por ciento de aprobación, y ahora Mujica tiene el 66 por ciento. Y la verdad que nos está yendo bien. No se sintió la crisis en Uruguay. Lo que nos está matando, como a otros países de Latinoamérica, es el paco. Está muy difícil eso. Es un drama.