ENTREVISTA DE TAPA | Tom Lupo | “El paisaje más importante es el paisaje humano”

Publicada el 21 de julio de 2014 en Tiempo Argentino

Habla con la ternura de un abuelo sabio, pero también con la justeza y la gravedad de un veterano que ha sabido vivir la calle, la noche, el rock y la poesía. “Hay una frase que dice que la poesía se tiene que explicar por sí misma, y yo creo que nada se explica por sí mismo. Porque si yo sé que en un poema de Federico García Lorca está una de las 100 mejores frases de la historia, tengo que avisarle al oyente. Y armar el clima como para que cuando llegue ese momento la pueda disfrutar aun más”, explica Tom Lupo para describir la vocación que mantiene por difundir las poéticas que más lo emocionan.

Hombre y nombre clave de la inteligencia contracultural de los años ’80, esa que tuvo a Enrique Symns, al Indio Solari y a Roberto Jacoby (entre otros), desde hace exactos dos años toma forma radial en El pez náufrago, su programa de las noches en Del Plata, que ya se constituyó en un pequeño fenómeno entre quienes buscan escaparle a un prime-time acaparado por los realities, los programas de archivo y el precario debate panelista.

“Vivo esta segunda temporada de El pez náufrago maravillosamente, por el crecimiento de los oyentes y por el tipo de audiencia que se formó: una comunidad, como diría el General. Una comunidad organizada”, señala contento sobre esa respuesta variopinta donde conviven seguidores suyos de todas las épocas, históricos oyentes de la radio, trasnochadores consumados, fanáticos de la poesía argentina, y aficionados de propio puño y letra.

“La mayoría de los que nos llaman o nos escriben en nuestro Facebook es gente que volvió a escribir a partir del programa. Eso me parece extraordinario. Nunca me voy a olvidar cuando hace muchos años un pibe me paró en la playa y me dijo: ‘Por vos conocí a Macedonio Fernández.’ Lo recuerdo como una de las cosas más importantes que me pasaron en mi vida, porque tomé conciencia de lo que podía llegar a generar”, dice Lupo con esa mirada seria que podría congelar una brasa ardiendo, pero que –en vez– prefiere aliviar una mala jornada laboral de la mano de un poeta injustamente desconocido. O bajar mil cambios con algunos de sus favoritos de toda la vida: Pizarnik, Juarroz, Pessoa y Olga Orozco.

“Uno tiene que competir con la televisión y con la agenda noticiosa de todos los días, pero es notorio cómo nuestros oyentes nos destacan que el programa los ayuda un poco a darle un respiro a todos esos temas”, comenta al respecto. No por nada, con la colaboración en la locución de Gabriela Borrelli (que se ocupa de rastrear poetas del interior del país) y Dulce Mattia (especializada en micro ficción y cuentos breves), Tom Lupo arma cada emisión de manera artesanal: procurando el equilibrio entre lo no tan conocido y lo reconocido; y seleccionando lo más radiable entre infinidad de poemas que bullen en su ánimo divulgador.

“Busco poesías de alto valor pero que al mismo tiempo sean entendibles. Y eso me lleva no menos de dos horas cada día”, revela. Y ahonda: “Pensá que la poesía es un género que editorialmente no es muy importante: se editan muchos menos libros de poesía que de narrativa o interés general. Sin embargo, con la radio, la poesía halló su vehículo ideal, porque también es esencialmente oral. Los matices que permite la interpretación le terminan de dar sentido a lo que leés, y hasta ayuda a comprenderla y disfrutarla mejor”, explica. “Como seguramente ya leí ese poema 100 veces o más, y el oyente no, mi deber es acortar esa distancia”.

Ex editor de Twist y Gritos (revista que talló fuerte durante el boom del rock nacional en los años ’80) y responsable del ya mítico Submarino amarillo (también de Del Plata, que en aquella década supo dar cabida a la avanzada más filosa del underground como los Cadillacs, Ratones o Redondos), Lupo siente que su “hoy y ahora” es la poesía que brilla actualmente en la región. “Soy un convencido de que, salvo excepciones, la mejor poesía se está haciendo acá y en el resto de Latinoamérica, justo en un momento donde nos estamos acercándonos más entre todos y donde por primera vez nos conocemos de memoria los nombres de los presidentes que tenemos”, observa feliz.

“Por otro lado, el descubrimiento de grandes poetas del interior es maravilloso porque yo vengo luchando desde mi pequeño lugar contra la colonización que hay en la cultura, que arranqué cuando pasaba rock nacional cuando pocos lo pasaban, y que continúo ahora cuando busco combatir la colonización que hay de la Capital sobre el interior. Al igual que en su momento nadie conocía a Juan L Ortiz, por estar en Entre Ríos, hoy pasa parecido con Leónidas Escudero, un sanjuanino de 94 años que acaba de recibir La Rosa de cobre de la Biblioteca Nacional y que es uno de los grandes poetas de la tierra, nuestra tierra.”

–Uno de los aspectos más destacables del programa es el afán por compartir la poesía, más que instruirla o bajar línea.
–Me gusta que sea así porque la poesía a veces es tratada como la hermanita pobre de las artes, y yo quiero transmitirla con el mismo placer que se transmite una canción o una obra de teatro; mostrar todo lo que tiene de goce. Algún teórico dijo que la poesía es la ascensión jubilosa del signo. La frutilla del postre. Y yo pienso así. Mi idea es compartir, que el otro la pase bien, y que salga del prejuicio de que la poesía es aburrida porque ya se cansó de verla o escucharla a través de un programa donde cuatro invitados conversan solemnemente en una mesa. Por eso, cuando me preguntan por qué les pongo música detrás, contesto: “¿Y el cine no utiliza música? ¿El teatro no utiliza música? ¡Entonces yo también la utilizo para leer poesía! Para que se deslicen mejor las palabras, calentar el corazón y el sentido profundo llegue mejor.

–Ese tono siempre afable, nunca soberbio, con el que compartís los poemas y dialogás con los oyentes es una de tus marcas radiales, pero parece haberse acentuado en los últimos años. ¿Coincidís?
–Creo que así debería ser siempre. En general tengo buen caracter; muy difícil que me enoje, casi imposible, salvo que agravien a mi patria, je. Pero tengo muy presente una frase de Buda que dice: “La suma de todos los poderes de los poderosos de la tierra equivale a una gota de agua en el océano. Entonces creo que cualquier infatuación o cualquier creencia de superioridad es una estupidez increíble y habla de la pobreza del que cree ejercerla. El paisaje más importante es el paisaje humano. Siento un profundo amor por el otro, que tiene que ver con que nací en un pueblo del Chaco en el que, cuando había un problema, era de todos.

–¿Cuánto impactó en vos esa crianza?
–Impactó mucho. Tuve un abuelo llamado Salvador, que me hablaba del amor a la gente. Y siempre me pasó eso: darme cuenta de que uno no es sin el otro. Y me sale naturalmente. A la gente más interesante que conocí en la vida le pasaba lo mismo: cuando salía a tomar algo con Luca, él atendía a todo el mundo que se le acercaba. Eso era no olvidarse que hay algo que nos iguala a todos: se llama muerte. Entonces, cuando me preguntan a qué me dedico digo: “Soy un obrero del lenguaje.” Y un obrero privilegiado, porque trabajo con la palabra y trato de devolverle a la sociedad toda la educación y el privilegio que tengo. Al mismo tiempo, tengo conciencia de la grandeza de la cultura argentina que es ninguneada: la primera reforma universitaria en el mundo fue acá en el ’18, y luego se replicó en el Mayo Francés del ’68 y en Berkeley, Estados Unidos. Estuvimos 50 años adelante y todavía decimos “este país” en vez de “nuestro país”.


El ída y vuelta con Dolina

Cada vez que termina El pez náufrago, Tom Lupo hace el traspaso con La venganza será terrible, el legendario programa de Alejandro Dolina. Y son tantos los temas que comparten (la literatura, el barrio, la música, la bohemia, la preocupación nac & pop) que el vínculo no podía ser más cercano.

–¿Cómo se llevan?
–Él transmite La venganza… desde lejos, pero ya ocurrió varias veces que antes de ir a su programa pase por el nuestro. Y yo considero un gran honor ese gesto. Cada vez que lo veo, lo invito a que entre, y la pasamos bárbaro.

–¿Qué opinás de su trabajo?
–Por él siento una gran admiración. Tiene una libertad total para hablar. Una cualidad que comparte con Symns, más allá de que sean totalmente diferentes. Ambos dicen lo que se les cantan las pelotas, y no contestan con lo obvio.

–¿Cuál fue la última historia que compartieron juntos?
–Hace poco, Jorge Dorio no podía llegar a su programa, y me llamaron para formar parte de la mesa. Estuve con él y con Patricio Barton, cosa que no es común, y de alguna manera cumplí el sueño del pibe. Dolina es un maestro. Un tipo que maneja el humor, el conocimiento del fútbol, de la literatura y encima es músico. De lo mejor que le puede pasar a la radio. Cada vez que termino El pez náufrago digo: ahora viene el programa más importante de Del Plata. Y es así.


Del Submarino Amarillo a Los Espíritus: “El rock no murió”

–Con Submarino Amarillo fuiste promotor de muchas bandas nuevas que luego fueron clásicas en los años ’80. Alfredo Rosso dijo hace poco: “Estamos viviendo una época de oro del rock nacional y algunos periodistas no se dan cuenta”. ¿Qué opinás?
–Coincido totalmente. A veces hay un prejuicio de que el rock se acabó. Y no es cierto. Lo que pasa es que antes cuatro o cinco dominaban toda la escena y ahora hay una dispersión mucho mayor, con 200 bandas o más que son interesantes. Pero lo cierto es que sigue habiendo muy buenos discos que no se pasan en las radios. Ya pasó antes con Palo Pandolfo y Sergio Pángaro. Y pasa ahora.

–¿Cuál fue la última banda que te encantó?
–Los Espíritus (foto) y su tema “Lo echaron del bar”. Un hallazgo. Una vuelta de tuerca que no había encontrado nadie. Una forma de cantar diferente. Y lo mismo cuando escucho bandas de La Plata o del interior del país. Muchas extraordinarias. Con este tema de Los Espíritus me pasó que me dieron ganas de pasarlo todas las semanas: un tipo que lo echan de la comisaría y que termina siendo echado del patrullero y hasta de su hogar. ¡El extranjero de Camus echado de todos lados! Por eso, los periodistas que dicen que se murió el rock no escuchan esas bandas o no van a los boliches. ¡Salgan más!


Tom Lupo boxeador: ¿mito o verdad?

Hace años que circula por la ciudad un dato que asegura que Tom Lupo (nombre artístico de Carlos Galanternik) practicó box e incluso se subió al ring como amateur en su juventud en Chaco. ¿Es verdad? ¿Fue así? El aludido clarifica la historia: “Lo real es que practiqué como alumno, pero con eso Symns agrandó la historia e inventó que fui boxeador en Chaco. Una mitificación muy de él”, replica con una sonrisa.

–¿El boxeo puede conmover desde lo poético?
–La caída de un gran peleador, de toda una historia de lucha y superación, puede ser motivo de un poema. En el caso de Maravilla, verle toda la cara marcada, que fuera evidente que no estaba físicamente bien, me conmovió mucho. Ahí ves la dureza del boxeo. Y también de lo que a veces también genera: la burla hacia el derrotado. Hay una tendencia de identificarse con el ganador. Incluso en lo simbólico. Gente que lleva una vida gris y se alegra de poder sumar a otro ahí.

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