ENTREVISTA DE TAPA | Vitico | “Hay una conducta en el rock”

Publicada el 4 de junio de 2012 en Tiempo Argentino

Hace exactamente diez años, Víctor Bereciartúa, más conocido como Vitico, ex bajista de Riff, compinche de Pappo, porte de mod, estirpe vasca y veterano guardián del rock a la vieja usanza, decidió armar un nuevo grupo. Empezar de cero, a los 53 años, con su hijo Nicolás y su sobrino Sebastián Bereciartúa en guitarras y con Jerónimo Sica (amigo de la infancia de los chicos) en batería.

Le puso Viticus. Y la idea, al principio, era principalmente reversionar con un sonido y una fuerza actual algunos de los temas que había firmado con aquella legendaria banda que había compartido con el Carpo. Una reivindicación interna. Un pasar rockero. Pero lo que arrancó a puro esfuerzo y con poca fe por parte de la industria, se convirtió, con el tiempo, hoy, una década después, en el grupo más duradero y representativo de Vitico. Su banda más importante en cuanto solidez, continuidad y autoría. Si Riff fue esa novia salvaje e involvidable pero altamente inestable, Viticus es esa mujer que, ya en la madurez, supo traerle paz y extraer lo mejor de él. O sea, del rock.

“Es algo que me sorprende. La verdad… no lo puedo creer”, admite entre risas Vitico, puesto en conocimiento del dato de la década de Viticus. Y detalla: “Con Nico, Sebas y Jero nos llevamos mejor de lo que nos llevábamos en Riff con el Carpo, Boff y Michel Peyronel. Por suerte, cada vez que no nos aguantábamos más parábamos. Y así podíamos volver.”

–Y con Viticus no les pasa eso.
Vitico: –No, claro. Pero hay que tener en cuenta que estoy hablando de una personalidad intensa como fue nuestro querido Pappo. Ahora me doy cuenta de que Viticus fue lo más sólido que hice en mi vida. Y estoy contento de hacerlo con Nico, Seba y Jero, un batero que grabó en el disco con metrónomo, algo que muy pocos pueden hacer. Es un placer estar con los chicos porque la verdad, si me permitís la infidencia, los de mi edad… ¡no sirven para nada! (risas).

Acompañado por su hijo Nicolás y de excelente humor, Vitico prepara la presentación del sábado 9 en el teatro Vorterix de Rock Local, su cuarto disco, otra vez producido por Gonzalo Villagra. “Lo grabamos de una manera bastante parecida a los de los otros, con todas las bases al mismo tiempo, llegando muy ensayados a la hora de grabar y usando los mismos equipos”, cuenta Nicolás sobre temas como “Voy a rockear” o “Nueva mujer”, canciones inmediatamente asimilables a ese rock de raíz que tanto le gusta al bajista. “Quizás –diferencia Vitico– el sonido del bajo sea un poco más asesino que en anteriores discos, porque Gonzalo es bajista y supo llevarlo para ahí, más allá de que algunos me preguntan cómo logré esa distorsión y que yo les diga ‘porque el distorsionado soy yo’.” (risas).

–En su momento, cuando arrancaron, no muchos deben haber apostado a la continuidad de la banda.
Vitico: –Claro, apostaban a que se agotara en Vitico, y nada que ver.
Nico: –Nosotros teníamos 22 años cuando empezamos. Y él, siendo un consagrado, se arremangó para hacerse de vuelta desde abajo.
Vitico: –No fueron diez años fáciles. Nosotros, viviendo en Tigre, cruzábamos los equipos y la bata en el bote para ir a tocar.
Nico: –Ahora se nota mucho el crecimiento de la banda. Al principio venían muchos a ver lo que hacía Vitico y hoy por ahí nos viene a ver un pibe de 20 que nunca vio a Pappo o a Riff, o que no conocía a Vitico antes de Viticus.
Vitico: –El gran crecimiento de la banda es que cada show suene mejor que el anterior.

–¿Hay una ética del rock?
Vitico: –Sí, la de prepararse como corresponde para cuando subas al escenario, puedas dar lo mejor. Sanos e impecables. No soporto a un tipo dado vuelta a la hora de tocar.

–Da la sensacion de que te interesa cumplir esa ética y expresarla con tus canciones y con una determinada conducta.
Vitico: –Sí. Hay una conducta en el rock. Y creo que llegué a este momento de la vida en que se pueden hacer las cosas manteniéndose bien.
Nico: –Es mentira lo de que el rock es puro reviente y minas. Lo más importante es la música. Y para hacer música tenés que estar bien.

–Recién hablabas de los rockeros de tu edad. ¿De qué trata ser un rockero a los 60 años?
Vitico: –Igual que siempre. No cambia nada. ¿Te cuidás un poco más? Sí. ¿No tomás más alcohol? También.

–¿Y en el plano personal, emocional?
Vitico: –Uh, ¡es fabuloso! (risas) La edad te da sabiduría y te pone más selectivo.

–¿Y por qué pensás que a algunos de tus pares generacionales les cuesta más llegar en forma?
Vitico: –No tengo la más remota idea. Supongo que algunos se la creyeron. O exageraron su modo de vida. O pensaron que el rock era sólo reviente. Puede ser genética también, andá a saber. Lo que yo sé es que se puede seguir entero después de los 60 y dando todo de uno mismo.
Nico: –Cuando lo veo y cómo pela, me doy cuenta que hay pasión y que no podría hacer otra cosa. Si realmente amás lo que hacés, no hay edad para hacerlo.

–También están los que llegan bien físicamente, pero consideran al rock como un berretín de juventud superado.
Vitico: –Es cierto, pero allá ellos. A mí no me pasó porque nunca tomé el rock ni para figurar o ganarme minas o ser famoso sino porque era lo que realmente necesitaba hacer. Como algo vital. Pensá que cuando arrancamos, allá por los años ’60, el ídolo adulto era Frank Sinatra. Y teníamos que romper con eso, con esa serie de acartonamientos que regían. Y el sistema, en ese sentido, te ofrecía una oportunidad. Te decía: o te metés en una carrera para ser gerente o ser un fracasado; o te lanzás a hacer una banda de rock con tus amigos y a decir lo que pensás, pero sin red. Bajo tu propio riesgo. Y nosotros, como podrás ver, elegimos esto.


Spinetta, Pappo y Calamaro según Vitico

— Conociste a Spinetta desde adolescente. ¿Cómo te pegó su muerte?
Vitico: –Muy mal. Me dio una tristeza enorme. Se fue callado sin el revuelo que podría haber hecho. Sin haber sido amigo suyo, lo sentí mucho. Fue un ejemplo de constancia. Lo que más me gustaba de su discografía era Pescado Rabioso.

— ¿Cómo era ese primer Spinetta que conociste, el de Almendra?
Vitico: –Tenía una gran inquietud. Recuerdo ir al Teatro Payró con él y con la madre de Nicolás cuando tocaban Los Gatos y después participar de los debates que se armaban al final. Él siempre apuntaba al hecho de sonar bien y a los Almendra se les dio cuando apareció Pistocchi y les compró unos Marshall.

— Con Pappo también te conociste en esa época, o sea, casi diez años antes de Riff.
Vitico: –Sí. En un bar llamado Frisco. Él tocaba en Los Gatos y yo en una banda de covers. Él estaba con una chica y yo también. Y a los cinco minutos ya nos estábamos riendo como viejos amigos. Empezamos a juntarnos a tocar y mi casa pasó a ser un lugar de visita habitual. Recuerdo que para el primer recital de Riff, el de la despedida de Pappo’s Blues, salimos juntos a pegar carteles en plena dictadura, custodiados por el marido de la chica que limpiaba, que era cana y nos cuidaba. Con Riff llegamos a tener 149 detenidos. Pero nada más grave que eso.

–¿Y Calamaro? Siempre supo adaptarse a lo que Pappo y vos querían cuando se juntaban a tocar, ¿no?
Vitico: –Sí. Es mucho más rockero de lo que mucha gente piensa. Y es un amigo. Hizo coros con nosotros en varios temas de Riff. Y siempre que nos encontrábamos nos reíamos un buen rato. Él sabe que el rock lo hacíamos nosotros y que ahora lo continuamos con Viticus.

–¿De qué cosas hablan cuando se encuentran?
Vitico: –Y… generalmente de cómo está, cómo anda con su última mujer. Esas cosas (risas)
Nico: –Yo recuerdo que un día, hace varios años, en el ’97, Andrés se encontró con Anita, mi hermana, que en ese momento tenía 19 años, y la corrió por todo el boliche al grito de: “¡Dale, vení, vamos a darle un disgusto a Vitico!” (risas).
Vitico: –Ah, mirá vos. Yo recién me entero, je. Eso te muestra que tiene sentido del humor. Y que está vivo porque nada de eso ocurrió. (risas).


La banda con un hijo, un sobrino y un amigo del hijo

–¿Qué te genera el hecho de que compartas Viticus con tu hijo, tu sobrino y un amigo de la infancia de tu hijo?
Vitico: –Es impresionante.
Nicolás: –Haber cumplido casi diez años con tu papá, haciendo lo que vos querés y amás, es impresionante. Compartimos gustos y bandas.
Vitico: –A mí me genera una alegría bárbara y una confianza total. Y que aparte de lo que hacemos con la música, que más allá de que no nos veamos todo el tiempo podemos confiar en el otro y entendernos directamente. Es una cuestión casi genética, también.

–¿Y en qué hechos notaste esa cuestión “casi genética”?
Vitico: –Con Nico, todo el tiempo. Es muy leche hervida, de saltar. Hace poco, en Córdoba, hubo un pequeño percance con el pedal y se puso a patalear las mesas y todo. Después lo recuperó, por suerte. Pero esa explosión tiene que ver con lo vasco, esa brutalidad que bien traducida es intensidad en lo que hacés.


Originally published at tiempoargentino.com.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.