INFORME | Argentina stone | No morí: cronología de nuestro rock en flequillo y zapatillas de lona
Publicada en junio de 2017 en Caras y Caretas

¿Cuánto hay de los Rolling Stones en cierto rock argentino, más precisamente el identificado como stone o “rolinga”? Para los puristas casi nada (y si después de mucho escarbar al final aparece alguna pizca, no merece el festejo). Para el resto, en cambio, los que aceptan de buena gana esa pasión nacional por adoptar a Sus Majestades Satánicas de tanto escucharlos y quererlos, hay bastante o incluso un montón. Una corriente que podría historizarse en tres oleadas encabezadas a grandes rasgos por Ratones Paranoicos (fines de los 80), Viejas Locas (fines de los 90) y La 25 (mediados de los 2000). Pero que viene fermentando desde los 70, cuando aparecen los primeros “jóvenes stones” de atuendos coloridos, botas de gamuza y cortes “pájaro loco” (a lo Ron Wood) que iban a ver bandas proto-stone como Carolina o Avalancha; y consolidándose desde los 80, cuando emerge el “rolinga” de jardinero, flequillo estricto y zapatillas Topper que empieza a nutrir los recitales de los Ratones (y que como se verá no era una banda estrictamente stone, pero aprovecharon la situación).
Una década, los 80, de recuperación democrática y de ilusión alfonsinista, pero también de primeros signos de pobreza extrema gracias a la hiperinflación y el fracaso del plan Austral. En ese contexto, el rock nacional se debatía entre el pop masivo y moderno (de Charly García a Virus) y un underground de corte más oscuro y contracultural (de los Redondos a Sumo). Los Ratones Paranoicos, lejos de lo que se piensa, no practicaban un rock stone sino un post-punk de corte callejero que hoy puede constatarse en el impactante DVD que registra la presentación en Cemento de Los chicos quieren rock, su segundo disco. “Juanse en esa época se parecía más a Lou Reed que a Mick Jagger”, señala el productor Gustavo Gauvry y descubridor de la banda.
La veta stone de Juanse y cía recién aparece con fuerza a principios de los noventa con la creación del logo del ojo a cargo de Marta Minujín (un guiño a la famosa lengua de John Pasche); la tardía explosión del “Rock del gato”, primer gran hit de linaje Rolling Stone incluido en su disco Furtivos (1989); y la salida de dos verdaderas clases de estilo y arrogancia stone como fueron Fieras Lunáticas (1991) y Hecho en Memphis (1993). Producidos por Andrew Oldham, legendario colaborador y manager de los Rolling durante los 60, traían temazos como “La Nave”, “Rock del Pedazo”, “Cowboy, “Ya morí”, “Vicio” o “Isabel”; todos hoy clásicos que de alguna manera marcaron la época de oro de la nación stone en un contexto menemista de engañosa reactivación del consumo gracias al dólar barato, el control de la híper vía convertibilidad y las políticas privatizadoras que derramaban dinero a costa de empleo y capital estatal.
Con Ritmo de la Noche y VideoMatch de Tinelli (la gran cara mediática de aquellos años junto a Susana Giménez) como plataformas de difusión, los Ratones Paranoicos expandieron su rock stone a los cuatro puntos cardinales del país. Y sin dudas dejaron la vara alta dentro de la corriente: Juanse, un maestro compositor más allá de cualquier parodia, bien puede colgarse la medalla del rock en castellano a secas, sin ideologías o pretensiones artísticas de por medio. El grado cero del canon. Por la misma época, sin embargo, ya empezaban a surgir bandas que por propia experiencia marginal (claramente Viejas Locas con el Pity Álvarez como primer antecedente importante) expresaban el otro costado de la vida rolinga, el de los perdedores de la política desindustrializadora de Cavallo-Menem, que ya a fines de los noventa se contaban de a decenas de miles y poblaban con sus birras de a pie infinidad de maxiquioscos de barrios periféricos. El Pity, con su dicción “viejita” y su autenticidad no exenta de (mucho) talento, se erigió como el arquetipo del rolinga orgulloso de su propia subcultura y dispuesto a resistir.
En el medio, variantes intermedias. Por un lado, el componente tóxico y gastado a lo Keith Richards en los rocanroles entradores y con alto swing de Los Rodríguez, la banda española de Calamaro, Ariel Roth y el guitarrista Julián Infante, su estandarte stone. Por el otro, el rocandombe de Los Piojos en Ay Ay Ay (1994) y 3er Arco (1996), cuyo líder Andrés Ciro, si bien evidenciaba bienvenidas influencias rioplatenses, no podía dejar de sentirse una especie de Jagger canyengue (Bellas-García dixit) a la hora de ser ídolo de masas y apropiarse de los escenarios. “Cuando tenía 15 años, en un videobar de Ramos Mejía, vi Let’s spend the night together, la película de los Stones, y desde ese momento supe que lo que más quería era estar en un recital y hacer lo mismo que él”, contó en más de una oportunidad. Temas como “Genius”, “Taxi Boy” o “Shup-Shup” muestran esa influencia.
También, durante aquellos años, Una pila de vida (1997), el primer disco de Turf: el rock stone “cheto” de Belgrano, nutrido de camperas Levis y shows en las discos de Palermo, pero irresistible a la vez que encantador. “Es de noche voy a salir, necesito gente para salir. Con estilo para tomar, si la encuentro vamos a celebrar”, cantaban en su hit “Casanova”. Al mismo tiempo, casos como el de Pablo Guerra en Los Caballeros de la Quema (sus temas y coros de lozanía gastada fueron un aire fresco en la banda de Iván Noble); y la aparición de dos bandas aún en actividad como Blues Motel y Heróicos Sobrevivientes (con la leyenda viviente Fer Pita) que no llegaron a significar una real alternativa a los Ratones pero tuvieron sus temporadas de apogeo con Mientras las guitarras suenen (1995) y Bienvenidos al hotel (1993), respectivamente.
Una visión aperturista que no fue la que primó en el nuevo milenio con grupos como Barrios Bajos (la más barrial de las bandas rolingas) o los oriundos de Quilmes La 25, principales herederos del legado “sin desviacionismo” de Viejas Locas. Pocos queridos por la prensa, pero consecuentes y con más de una perla en su repertorio (hay que vencer los prejuicios y temas entrañables como “Solo voy” o “Barrio viejo” aparecen), La 25 es hoy por hoy el mayor estandarte de la corriente stone, que tras la noche negra de Cromañón y el auge de otros músicas y escenas sufrió un declive en su masividad aunque no en su orgullo y militancia rockera. Jóvenes Pordioseros, de Piedra Buena y Lugano, con el carismático Toti Iglesias y letras demasiado explícitas; y Guasones, de La Plata, con mayor éxito y amplitud estilística, son otras dos bandas que tomaron la posta luego de separada la banda de Pity Álvarez (que formó Intoxicados y no pudo evitar cierto lazo stone). Desde entonces, el fin de la cultura rolinga se anuncia cíclicamente, más como expresión de deseos que como pronta realidad. Así las cosas, cada vez que los culpables mayores de esta pasión se dan una vuelta por este lado del mundo, el país se convulsiona y la cultura stone vuelve a mostrar con alegría los dientes: no morí.
10 DISCOS CLAVES

Ratones Paranoicos - Fieras lunáticas (1991)
Tienen mejores discos antes y después, seguro. Pero con ésta producción de Andrew Oldham y clásicazos de elegancia gastada como “Cowboy”, “La Nave” o “Rock del pedazo” inscribieron sus nombres sobre piedra, demostraron que se podían hacer rock a la Jagger-Richards y casi ser mejores que los originales de su misma época. El Santo Grial del rock stone.
Ratones Paranoicos - Hecho en Memphis (1993)
Algo menos consistente que su antecesor, igual cumplió en aportar hits icónicos como “Vicio” y el imperecedero “Isabel”. Grabado en la ciudad que parió a Elvis, otra vez con Oldham en las perillas, significó la confirmación de un éxito masivo que si bien después les jugó en contra, en el momento disfrutaron con creces. Y bien que lo merecían. Clase stone para mortales dispuestos.
Blues Motel - Vol 1 (1994)
Mientras los Ratones ponían la lupa en los Stones de Ron Wood en adelante, estos oriundos de Tigre rescataron los años vintage de Sus Majestades Satánicas. Pocos canales, guitarras con fuzz, ritmos de garage, mucha pandereta y una voz que recupera al Jagger más púber y fresco. “Dame magia” fue el hit y “Entonces desperté” la perla psicodélica circa Brian Jones.
Viejas Locas - Viejas Locas (1995)
Todo en este disco está bien: el retrato descuidado pero con inmensa personalidad de la tapa; el arranque levemente ronco, toda una marca de estilo, de Pity Álvarez en “Intoxicado”; el resentimiento social y disco-funk, tan caro a la mentalidad barrial, en “Lo Artesanal”; la sensación de estar frente algo simplísimo en su factura a la vez que súper especial en su magnético don. Magia.
Turf - Una pila de vida (1997)
En pleno auge del rock barrial y Viejas Locas hacía falta su contracara: rock stone de clase media acomodada pero con talento. Carilindo y caradura, Joaquín Levinton como nuevo frontman sub-23 tenía la suficiente maldad para conjugar dandismo precoz con simpatía genuina y sex-appeal. En “Casanova”, hit iniciático, conectan Isidoro Cañones con Mick Jagger y el resultado es gol.
Heróicos Sobrevivientes - Hasta el final (1998)
Con el antecedente de “Bienvenido al hotel”, pequeño hit de su debut, lograron un disco mucho más filoso y contundente que los puso en el mapa stone. Si Juanse era la conducción vocal adusta, Segundo Gassiebayle se desbandaba y resultaba más histriónico (o sea, más Jagger) que su par paranoico. Fer Pita, en tanto, desde la composición, ya construía su fama under de mito viviente.
Viejas Locas - Especial (1999)
El cierre de una trilogía brillante, abrieron el espectro musical sin perder el norte stone ni la ascendencia sobre los fans. El Pity será un genio, pero sus compañeros fueron el mejor sostén. Y sin ellos, la magia no fue la misma. El blues “Me gustas mucho” como el súmun del striptease a la conurbano. Nueve semanas y media con ducha y jabón.
Guasones - Como animales (2003)
Desde La Plata y con su tercer disco lograron continuar cierta marca Pity Álvarez en temas como “My love” y “Estrellas” que sentaron precendencia y orgullo stone. Último disco previo a que la dupla compositiva Facundo Soto-José Tedesco se separa y aún así ocuparon un lugar importante en el rock nacional. Tal vez de los mayores para una banda del palo.
Jóvenes Pordioseros - Vicio (2004)
El Toti Iglesias fue el mejor frontman rolinga de su generación. Carismático y espasmódico, supo jugar a ser Jagger con temas que en este disco lo llevaron a colmar Obras como “Descontrolado” o “No la quiero dejar”. Pedi, guitarrista a la Joe Perry de Aerosmith, brilló como riffero rockero más allá del universo stone. Una cúspide que duró lo que un suspiro.
La 25 - Con el rock en las venas (2004)
Se podrá re-escribir mil veces el rocanrol, pero cada vez que alguien lo tome como propio, sonará como nuevo. Receptores de todo tipo de prejuicios, hacen lo suyo sin mirar a quien. Son LA banda de rock stone hoy por hoy y se lo ganaron a puro trabajo y con temas como “Sólo por hoy”, entrañable rock de exilio a la vieja escuela presente en este disco.

