INFORME DE TAPA | Polémica en el rock nacional | ¿El rock está muerto? ¿Otra vez?

Publicada el 3 de septiembre de 2012 en Tiempo Argentino

La escena muestra a un aspirante a periodista de rock y a su maestro, un airado y drástico crítico llamado Lester Bangs, donde el segundo le explica al primero que el rock… murió. Que desde que la industria y el management y las grandes giras se entrometieron en el asunto, “ya nada fue lo mismo”. Y que desde entonces el rock… no existe más. La escena (perteneciente a la entrañable película Casi famosos, de Cameron Crowe) transcurre a principios de los setenta, nada menos, y desde entonces se ha venido replicando en distintos formatos hasta hoy. Incluso, obviamente, en la Argentina, donde el rock –en su modo “nacional” o “argentino”– tuvo uno de los desarrollos más fuertes y durareros en el mundo. Y donde hace poco volvió a estar en la mira (o en el banquillo de los acusados) a partir de una serie de discusiones y debates que se sucedieron en las últimas semanas.

“Al rock argentino lo han matado. Casi no existe más. Está dominado por los sellos y las productoras. El que no entra en esa se queda aislado”, comenzaba diciendo Alejandro Medina (ex Manal, La Pesada, Aeroblús) en una columna de opinión publicada en el diario Miradas al Sur que terminó generando más revuelo del previsto. Internet mediante, habitués del rock de todas las edades, le levantaron el pulgar al pionero de La Cueva y se sintieron identificados en frases como esta: “Si no salís en televisión o en la radio, no pasa nada”. O esta otra: “No hay lugares para tocar. El juego está en manos de muy pocos para los que es negocio y justamente no son los músicos. Yo no voy a pagar para tocar en el Cosquín Rock.”

La tragedia de Cromañón y la revolución digital (que reformuló la industria discográfica y redujo el número de “players” en el mercado) contribuyeron con claridad al cuadro expresado con genuina bronca por Medina. Pero, claro, no alcanza a determinar un estado de defunción que no sólo no se verifica en el presente, sino que incluso, para muchos, significa lo contrario: “Este tiempo que vivimos hoy es uno de los momentos musicales más ricos que hubo en los últimos 20 años de nuestro rock”, le contestó el periodista radial y músico Maxi Martina al histórico bajista en una afectuosa y respetuosa carta pública. “En estos días, puedo asegurarte, hay grupos argentinos editando discos de alta calidad; en búsqueda de sonidos nuevos, armando su propia estructura, organizando sus fechas (y en muchos casos sus giras), trabajando con sellos independientes, editando en vinilo, en fin… construyéndose.”

La respuesta, al igual que el mensaje de Medina, tuvo una amplia repercusión en las redes sociales y los sitios de noticias. Y puso foco en la recientemente aprobada Ley de Medios que exige una pauta de rock nacional (y de rock nacional independiente) en las radios, que todavía no se cumplió. “Que haya muerto la industria no significa que haya muerto el rock”, completó Martina.

Una preocupación, la muerte, que también alcanzó al género como cultura. “Creo que no existe más la cultura rock”, declaró Diego Capusotto a este diario, la semana pasada, en ocasión de la salida al aire de una nueva temporada de Peter Capusotto y sus videos, el programa que casualmente hizo mucho por revitalizar y enriquecer esa cultura rock puesta en duda. “Para mí, el rock se ha convertido en un sonido que quiero escuchar o no”, postuló el actor. “Y la cultura rock, en cambio, como modo de vida que estuvo sujeta a un proceso histórico, no existe más”, insistió.

Una postura inversamente proporcional a la que sostuvo Daniel Melero en el libro de conversaciones Antes, ahora o después retomado hace poco por la revista Dale: “El rock, como música, se acabó. (Pero) el rock, como concepto, no”, afirma el músico, aunque concede: “Definitivamente (ya) no es un arma revolucionaria para la sociedad. Cuando escuchabas rock formabas parte de una cultura. Ahora podés no cambiar ninguna de tus ideas ni tus modos de vida y estar consumiendo música de rock. El rock ya es parte del mundo del entertainment.”

Esa idea de rock, no ya como cultura sino como contracultura, es la que acaso habría muerto, dice Melero. Aunque cabría preguntarse si no hay ciertas bandas (sobre todo en el under) o fenómenos rockeros (como el propio programa de Capusotto) que justamente no estarían disparando esas ideas corrosivas o contrapelo del sentido común que el rock, como contracultura, siempre irradió (los personajes de Capusotto bien podrían entrar en esa categoría). “Lo que pasa es que la cultura rock no necesariamente tiene que ver con un cantante sino con una manera de pensar la vida, ironicemos sobre ella o no”, explicó el ex Cha Cha Cha en una entrevista con el diario Página/12.

Y, en el plano internacional, fue el mismísimo Noel Gallagher (ex compositor y guitarrista de Oasis) quien llamó la atención sobre la muerte de otra de las aristas del rock: su estrellato. “La estrella de rock va a morir porque nadie va a ganar el dinero suficiente para ser una estrella de rock”, le dijo a The Sunday Express. “Todos serán músicos por encargo. Es increíble. La industria musical ha cambiado más allá de todo reconocimiento. El negocio de la música en el que firmamos ya no existe más y las estrellas de rock murieron”, certificó.

Y cabe preguntarse si es tan así en una era donde la popularidad, desde el fenómeno Cumbio en adelante, no depende más que de una determinada circulación y reproducción en las redes sociales (que no le cuesta ni un centavo a la industria, es cierto) o ¿depende de los exorbitantes gastos de promoción o campañas de lanzamiento? “A las compañías discográficas ya no les interesa vender discos”, protestaba Medina en su columna. Y es cierto: el negocio está en otro lado, los shows. Pero para que un artista sea convocante (lo suficiente como para bastarse a sí mismo), ya no es obligatorio casarse con una multinacional. Hay una ventaja ahí.

Por otro lado, la disputa por la música rock, su purismo o su deformación, también entró en discusión el último tiempo. Y no siempre de la mejor manera: “Calamaro no es rock, Cordera es un cumbianchero (…) y los Kapanga son un par de vivos que dijeron ‘mezclemos cumbia con rock’”, disparó Don Vilanova (ex Botafogo) al suplemento Vos de La Voz del Interior, generando también cierto revuelo en los medios y en la web. El antiguo colaborador de Pappo y ex líder de Durazno de Gala, saca a relucir un linaje que se remonta a Manal, La Cofradía y Color Humano para denunciar, como Medina, que el rock pasó a ser “un negocio de unos pocos y no necesariamente de los músicos”. “Mirá el caso de Pity: es una víctima, (pero) lo ponen como gran elogio del reviente”, se indigna y continúa disparando para varios colegas a lo largo de la nota.

¿Tienen algo de pelea de vedettes las peleas de músicos de rock? “No me molesta tanto que se peleen dos músicos, me parece patética la circulación de la pelea”, contestó esa pregunta Capusotto a este diario. “El rock tiene un poco de todo, hay gente que tiene cosas para decir y gente a la que se le nota a la distancia cierto patetismo”, observó. En todo caso, la discusión por la pregunta original, la supuesta muerte del rock y sus derivados (la industria rock, la cultura rock, la contracultura rock, la estrella rock y hasta la música rock propiamente dicha) lo puso en el banquillo de los acusados y en el centro del debate la última semana. Y contribuyó, paradójicamente, a mantenerlo vivo. Qué viva el rock. El rock está vivo.

Ilustración de portada: Sócrates


Textuales

Noel Gallagher: “La estrella de rock va a morir porque nadie va a ganar el dinero suficiente para ser una estrella de rock. Todos serán músicos por encargo. La industria musical ha cambiado más allá de todo reconocimiento. El negocio en el que firmamos ya no existe más.”

Capusotto: “Creo que no existe más la cultura rock. Para mí, el rock se ha convertido en un sonido que quiero escuchar o no. Y la cultura rock, en cambio, como modo de vida que estuvo sujeta a un proceso histórico no existe más.”

Alejandro Medina: “Al rock argentino lo han matado. Casi no existe más. Está dominado por los sellos y las productoras. El que no entra en esa se queda aislado. Si no salís en televisión o en la radio, no pasa nada.”

Don Vilanova: “Calamaro no es rock, Cordera es un cumbianchero (…) y los Kapanga son un par de vivos que dijeron ‘mezclemos cumbia con rock’ (…) El rock pasó a ser un negocio de unos pocos y no necesariamente de los músicos.”


OPINIÓN | Tom Lupo | Los muertos que vos matáis, gozan de perfecta salud

Se puede hablar de una cultura rock que tuvo cierta influencia y que hoy no la tiene. Pero también se puede decir que hay una “estética” del rock y esta se cuela, insiste y sobrevive. La palabra rock aludía a un círculo más restringido, ahora creo que podemos hablar de música argentina contemporánea, en la cual conviven varios géneros. Basta pensar en el ejemplo de Santaolalla produciendo grupos en varios países de Latinoamérica. Yo vengo recibiendo bandas nuevas y consagradas desde hace casi 30 años y ese flujo no cesa. Escucho creatividad en la obra de Palo Pandolfo, Sergio Pángaro, Axel Krygier, Fernando Samalea, Christian Basso, Kevin Johansen y tantos otros. Pero por encima de la discusión sobre lo que es rock o no, hay un fenómeno mucho más importante y reciente. Hasta el 2001, de cada diez bandas que me traían sus discos o demos, diez eran de rock o aledaños. Desde la crisis del 2001, hubo un cambio extraordinario, y que insinúa que hemos recuperado nuestra música, nuestra propia cultura. De cada diez bandas, cinco eran de rock, pero dos o tres de tango y una o dos de folklore. Pero, y vuelvo a usar el término, con una estética que pertenece al rock. Por los instrumentos, por la forma desacartonada de encarar los arreglos, por la interpretación y por la mezcla que no es fusión. Es el modo de transmitir según lo que sucede en nuestro tiempo. Es el caso de Liliana Herrero, que comenzó siendo producida por Fito Páez. Es el caso de Daniel Melingo, hombre que venía del rock y ahora sólo hace tangos. O el grupo Fanfarrón en folklore. Y qué decir de la Orquesta Fernández Fierro, La Chicana, Loción Migré, Araca París, La quimera del tango y decenas de grupos de La Plata, como Mister América, Los hermanitos Kaiser, Norma, Stella Cinderella y un largo etcétera. Todos estos grupos y solistas, no son rock tal vez, pero tienen alma de rock, así como el bandoneón es el alma del tango. Y están de un lado de una línea que al trazarla, deja del otro lado a los Arjona, a los Julio Iglesias. Es deseable que se cumpla la nueva Ley de Medios, que algunas radios la saltean olímpicamente, y se pase una cuota de música nacional, y que de una vez por todas se le dé una oportunidad a todos estos grupos y solistas de ser escuchados y que la gente pueda decidir. Por supuesto que ahí tienen que estar músicos como Alejandro Medina y Botafogo, pero también los que deciden experimentar con la cumbia u otros géneros populares, como La Bersuit, como Cordera, que terminan levantando su nivel, con otros aportes. Y por supuesto Piazzolla. En cuanto a que algo puede morir, recordemos una ironía del gran Pichuco, cuando le preguntaron si el tango puede morir y contestó: “Querido, cayó el Imperio Romano, es posible que al tango le pase lo mismo.” Y sin embargo, ha renacido. A lo sumo, puede que el rock haya estado durmiendo una siesta, sobre todo en ese encare transgresor que tenía. Pero por las dudas recordemos que por aquí pasó la peor dictadura de todos los tiempos, asesinos de hermanos y de culturas. Al finalizar ese horror y con la vuelta de la democracia, tuvo una explosión extraordinaria y hubo “templos” del rock como Medio Mundo, Varieté, Caras más Caras, el Parakultural, Ave Porco, el Einstein y tantos otros. Y después otro apagón con los diez años de Carlitos “Méndez”, líder de banalidades y que dejó una comarquita vendida. Estamos recién saliendo de tanto oprobio. Por último, recordemos que si el rock alguna vez no sólo fue una música, sino un modo de ser, un escupitajo, hubo un acto rockero que dejó una chispa. Que como dice Bukowski, no olvidemos que una chispa te puede mantener vivo, y ese acto fue cuando un presidente dijo “proceda” y se bajó el cuadro de un tal Videla, para el cual no encuentro adjetivo que alcance a describir tanta miseria humana.

Tom Lupo es periodista, psicoanalista y poeta