NOTA | Devendra Banhart | “La música es un documento de mi arco iris emocional”

Publicada durante marzo de 2011 en Tiempo Argentino

Hace unos años, Devendra Banhart estaba en boca de todos. O casi todos. Fue cuando encabezó un movimiento llamado a recuperar el viejo hippiesmo psicodélico de los sesenta (aunque con varios condimentos de hoy: cierta androginia sexual, una importante libertad para componer y grabar, y una alta difusión en internet) y, al poco tiempo, su romance con Natalie Portman lo puso en la portadas de Hollywood. Entonces, no pocos se preguntaron de dónde había salido este veinteañero surgido en California, pero criado en Venezuela, que vestía con glamour sus prendas orientales e irradiaba un espiritismo juguetón en cada canción que componía.

“Siempre me interesó la perspectiva espiritual en el arte”, le cuenta a Tiempo Argentino desde Los Ángeles. “Por eso me molesta cuando leo que mis canciones pueden ser producto de un viaje de ácido y poner lo primero que te sale a la mente. ¡Nada que ver!”, dice en un simpático castellano que no ahorra en “ahoritas” y giros latinos. “La música es un documento de mi arco iris emocional. Pero trabajo muchísimo para hacer una canción. Y no me detengo hasta que no logró reducir todo lo que quiero contar en apenas cuatro o tres líneas. Eso para mí es la poesía”.

A punto de presentarse por segunda vez en el país (lo hará este martes y miércoles en Niceto junto a su banda The Grogs), Devendra aún guarda un gusto amargo de su primera visita, cuando fue el número de apertura del Personal Fest 2006 en el actual Crobar. “Sin consultarme me pusieron a tocar en un evento exclusivo para gente rica que no le importaba un coño mi música, mientras mi verdadero público se quedaba afuera. Todavía hay noches que me acuerdo de aquel recital y me despierto lleno angustia y vergüenza. Y que justo me pasara en Argentina, que es un lugar tan bello e increíble, me mató”, confiesa.

Al igual que su música (que incorporó al folk anglo la alegría de Os Mutantes y el primer Caetano Veloso, así como la gravedad de Atahualpa Yupanqui y Violeta Parra), Devendra parece decidido a conciliar en su propia vida la gran dualidad de la que es producto: “Tengo la suerte de haber vivido hasta los 14 años en Venezuela, en una familia de clase media. Y también de haberme desarrollado como artista en Los Ángeles o de haber vivido de okupa en Brooklin. Entonces, me siento latinoamericano cuando estoy en Estados Unidos y latino cuando estoy en Sudamérica. Y creo que esa doble perspectiva me sirve para entender mejor el medio en el que me muevo. A veces es la mejor manera para no volverse loco”.


“A los ocho años me lancé a cantar como mujer”

Devendra Banhart ubica el comienzo de su interés por lo artístico en un hecho puntual de su infancia que ilustra bien el tipo de sensualidad de la que es capaz de generar. “Siempre quise cantar. Creo que desde que nací. Pero cuando tenía ocho años aún no me había desarrollado y tenía una voz tan alta que no me animaba. Entonces esperé a que un día mi madre se fuera a trabajar para ir hasta su closet y ponerme un vestido de ella. Me arreglé de una manera femenina, tomé el peine como micrófono y me lancé a cantar como mujer. Fue un momento que no tuvo nada que ver con la sexualidad, pero sí con conectar con el aspecto femenino que tenía adentro mío. Y para mí eso fue el principio de esto que me gusta tanto que es hacer música y cantar”.

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