NOTA | Gordon Raphael | “En los últimos años estuve más en la Argentina que en el resto del mundo”

Publicada el 20 de febrero de 2015 en Tiempo Argentino

Fue una pieza clave del retorno a las raíces que vivió el rock hace unos 15 años en los Estados Unidos e Inglaterra. Y, de ahí, a todo el planeta (o casi). Hasta ese momento la cultura raver, el post rock culposo a la Radiohead y el pop en general dominaban los charts del mundo. Pero a partir de entonces y gracias al aporte clave de este productor entonces desconocido –surgido desde los márgenes más literales de la industria– el rock en su vertiente más cruda (o sea: guitarras filosas, voces saturadas, bases simples, repetitivas y machacantes) volvió a resonar en la cultura joven y, para el asombro de no pocos, a marcar lo que estaba de moda.

“La persona más importante de una grabación no es el productor sino el que escribió la canción. Ellos son tus jefes”, dice Gordon Raphael, el productor que “descubrió” a los Strokes (sin dudas LA banda que disparó todo aquel resurgimiento) en el año 2001. Y que desde entonces giró por el mundo produciendo bandas de distinta procedencia pero similar intención (recobrar, desde el mismo registro del sonido, lo que el rock tiene de sagrado y vivo). Y que, desde hace unos años, tiene un especial idilio con la escena under local.

“En los últimos años he estado más aquí que en cualquier otra parte del mundo. Con decirte que sólo en 2014 visité el país tres veces y que puedo contar otras tantas visitas en años anteriores”, se entusiasma el hombre que tuvo su primer contacto con Argentina en el Bafim 2007. Y que desde entonces no sólo regresó al país para grabar discos de grupos emergentes como La Nube Mágica, Ovejas y Detonantes sino que incluso hasta formó su propia banda, The Argentine Brothers, y salió tocar luego de décadas de no hacerlo. “Es una experiencia increíble. Y estoy muy contento con que suceda acá”, sonríe.

–¿Por qué este interés creciente de las bandas argentinas por vos?
–Creo que tiene que ver con algo profundo en la cultura de este país que todavía ama la música en vivo. Les gusta el rocanrol, les gusta la guitarras. Y entonces cuando las bandas se topan con este tipo que ha sido asociado con Seattle, con Nueva York, con Berlín, con Londres y siempre estuvo en el rock, se enganchan enseguida. Y te digo: no me pasa en todos lados. Para nada. A mí me parece muy loco cómo mucha gente me conoce acá. Y no hablo sólo de músicos sino de gente en Starbucks, en la calle, en la verdulería, en donde sea.

–¿Por que acá y no en otros lados?
–No sé. Pero realmente me da felicidad. Es muy lindo todo ese reconocimiento. Esas sonrisas. La buena onda que me brindan todo el tiempo. He vivido en Berlín por diez años y he trabajo más aquí que allá en los últimos seis meses. Eso dice mucho.

–¿Y con qué te encontraste hasta ahora?
–Con toda gente muy inteligente, muy estilizada, muy poderosa. Y mientras más vengo, más entiendo cómo es la escena local. Cómo funcionan todas estas bandas tocando todo el tiempo, este amor que veo por el rock. No lo llegaba a comprender del todo antes. Pensaba que se trataba de fenómenos aislados. Pero después entendí que eran producto de una cultura que valora fuertemente la música en vivo y que es muy espiritual. En cada familia –ya sea con el tango, el folklore o lo que sea– se considera tocar música como algo importante, como algo de su identidad. Y se ponen contentos cuando su hijo puede tocar una guitarra como Jimmy Page. Eso es hermoso.

–En todos estos años pudiste trabajar con artistas de toda clase. ¿Que es lo que en general aprecian de tu producción?
–Cualquier chico que tiene su banda se da cuenta que cuando escucho música y hablo de ellos estoy tan excitado… La amo tanto… Tuve bandas de chico y no me olvido de esa sensación, de lo que significa.

–Pero desde el punto de vista técnico, ¿cuál sería tu secreto?
–Lo descubrí hace poco, en una programa radial de Córdoba, el secreto de ser un genial productor (risas). Primero: encontrar una banda que tenga un gran batero, grandes riffs, grandes guitarristas, un fantástico cantante y que dé grandes shows. Después: encerrarlos en un estudio, rodearlos de once micrófonos y dejarlos que toquen sus canciones, asegurarte de que la estén pasando bien. Y listo. Al final del día vas a ver que simplemente comenzaron a amarte (risas). Van a amar la música que están generando y van a pensar que sos un genio.


La fraternidad con los Strokes

–Este año se cumplen 15 años de aquel ya mítico EP que grabaste con los Strokes (Modern Age) y que luego redundó en la grabación del también clave primer disco (Is This It?). A la distancia, ¿cómo ves ese momento?
–En aquel entonces, empezó como un momento más. Habían venido estos chicos a grabar a mi estudio y yo estaba contento de poder trabajar. No pensaba que fuera algo realmente especial porque la música de guitarras estaba completamente fuera de moda. Pero entonces aparecieron estos chicos con influencias de Iggy, de Velvet y de todo eso. Y pensé: ¿cómo conocieron esa música? No entendía cómo habían llegado a ella. Pero me gustaban lo que hacían, más allá de no estar seguro de que fueran a tener una chance.

–¿Cómo es tu relación hoy con ellos?
–Cada vez que estoy en Nueva York charlo con Juliáado estoy en Los Ángeles me encuentro con (Nick) Valensi. Hace poquito, en junio del año pasado, volví a salir con todos, como no lo hacíamos desde hacía seis años, y compartimos una noche con muchos abrazos, sonrisas, “good feelings”. Siguen dando grandes shows. Mejores que cuando empezaron.

–Sos como un hermano mayor…
–Prefiero ser su amigo cercano.

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