NOTA | Peligrosos Gorriones | “Los Gorriones siempre funcionamos así: si la música está bien, nosotros estamos bien”
Publicada durante octubre de 2010 en Tiempo Argentino

Ni estrambóticos como Babasónicos o Los Brujos ni decididamente ruidosos como Suárez o los primeros Juana La Loca, los Peligrosos Gorriones pivoteaban entre ambos extremos de eso que se dio en llamar en los ’90 Nuevo Rock Argentino, aunque con una frescura y una sensibilidad mucho mayores a la de sus pares.
“Los temas de Gorriones tenían una cosa extraña y a la vez divertida que ahora, cuando nos volvimos a juntar, reapareció en seguida”, relata contento Francisco Bochatón, bajo y voz de este cuarteto platense que completan Guillermo Coda en guitarras, Cuervo Karakachoff en teclados y Rocky Velázquez en batería, a propósito del regreso que protagonizaron a finales del 2009 (tras una separación de diez años) y que hoy tiene su ¿punto final? en La Trastienda.
“Sí, la gira del regreso, con esta lista de temas y sin disco nuevo, termina hoy”, confirma el cantante. “Pero pasado el verano la idea es retomar los ensayos y encarar la grabación de nuevo material. Y ya hay una cierta idea de lo que puede llegar a salir, lo que pasa es que no lo podíamos concentrar en eso hasta que yo no terminara de grabar mi disco solista”, explica.
Bochatón, quien después de Gorriones enhebró una carrera en solitario con discos excelentes como Cazuela y Hasta Decir Palabra, cuenta que sus compromisos personales no erosionaron — como podría haber ocurrido en otro momento — su relación con el resto del grupo. Al contrario: “Los chicos me entendieron y hasta me apoyaron en todo. Y por eso acordamos que todo lo nuevo que estaba saliendo en los ensayos lo continuáramos el año que viene”, aclara.
— ¿Y qué cambio a nivel humano para que esta vez la pasaran bien entre ustedes?
— Que ahora todo fue mucho consciente. Yo estoy acá porque quiero y cada cuestión es hablada. Antes había mucha incertidumbre e ignorancia acerca de muchos. Y ahora en cambio estamos grandes y tenemos claro que el divertimento de tocar requiere también una responsabilidad con uno mismo y los demás. Antes no teníamos tan presente esto. No hay ningún punto oscuro como sí por ahí había en los ’90 aunque no nos diéramos cuenta.
“Lo que está bueno de los Gorriones — sigue Bochatón — es que apenas nos colgamos los instrumentos en seguida sale algo. En ese sentido, es lo mismo que nos pasaba antes, que nos mirábamos y al toque salía un tema rarísimo, de una manera natural, inconsciente”, destaca. Y reflexiona: “Los Gorriones siempre funcionamos así: si la música está bien, nosotros estamos bien”.
En su momento, pese a ser elegidos como revelación por la prensa especializada, al propio público alternativo le costó asimilar a la banda. Y tras una trilogía de discos brillantes (el último, Antiflash, considerado el más débil, igual tuvo himnos como “Me extingo” o “Por tres Monedas”), la separación llegó sin demasiado barullo una fría noche de verano. ¿Cómo fue la experiencia esta vez?
“La respuesta fue muy buena”, cuenta el bajista. “Nos pasó que la gente que nos iba a ver antes tomaba esta reunión con mucha emoción y sentimiento. Uno del equipo nos contó que vio a dos personas abrazándose después del recital y felicitándose por haber vuelto a ver a los Gorriones”, dice Bochatón y destaca que entre el público más joven, aquel que nunca había podido ver a la banda, la recepción también fue positiva: “Se venían adelante de todo y saltaban y gritaban. Nos devolvían la sensación de estar viendo a un grupo nuevo. Una respuesta súper fresca”, destaca.
— ¿Y qué diferencias marcarías entre aquella primera época de los Gorriones y ahora?
— La escena alternativa antes era más dramática, de decir ¡me mato!, y ahora veo que las cosas se toman por suerte con mayor tranquilidad…
Coda, Cuervo y Rocky en palabras de Bocha
— Si tuvieras que describir en palabras a tus compañeros de grupo, ¿qué dirías?
— Hablaría de la templanza de Rocky, que se nota en su manera de tocar y en que da un freno al posible desborde de Gorriones. De Coda destacaría su simplicidad, la manera que tiene de tranquilizar a todos. Además es muy divertido, no es un egótico que se vuelve loco por una idea. Y después, el Cuervo, me parece un creativo total. Muy loco en el buen sentido y muy volando por arriba. Los cuatro juntos siempre tuvimos esa cosa de preocuparnos por la producción. Manejamos una energía que no depende estríctamente de uno en particular. Las canciones pueden ser mías, pero sólo los Gorriones suenan así.