NOTA | Victoria Carreras | “El desafío para interpretar a Isabelita fue no juzgarla”

Publicada durante abril de 2013 en Tiempo Argentino

El Perón otoñal, el que se asienta en Madrid luego de un largo y doloroso periplo por Panamá, Venezuela y República Dominicana, no es el más abordado por las ficciones. Son los años de Puerta de Hierro, su residencia en la capital española, pero también de los cassettes con mensajes clandestinos a la resistencia peronista y las entrevistas con el amplio arco de fuerzas del movimiento; desde figuras de la militancia juvenil como Galimberti hasta líderes sindicales como el dialoguista Vandor o el combativo Rucci.

Todos ellos (y más) aparecen en Puerta de Hierro, la película con la que Víctor Laplace volvió a calzarse el traje del General (luego de la Eva Perón de Juan Carlos Desanzo) y que obviamente cuenta con la caracterización de Isabelita, la tercera y última mujer de Perón, por parte de Victoria Carreras.
“Desde la adolescencia que tenía ganas de trabajar con Víctor”, sorprende la actriz, de rica trayectoria en el cine y la televisión, y de reciente paso por Historia Clínica, la exitosa serie de Telefé. “Me parece un artista integral. Con capacidad de abordar varias de las áreas que hacen a un hecho artístico y hacerlo con compromiso y profundidad. Puede dirigir, escribir, actuar y hasta comercializar su propio proyecto. Y a la vez es muy divertido como persona. Es muy agradable trabajar con él”, subraya la hija del histórico director Enrique Carreras, que en el film encarna a una Isabelita tironeada por dos fuerzas: su vínculo amoroso con Perón, por un lado, y el sometimiento psicológico a López Rega, por el otro.

–Encarnás a una figura histórica que viene con mucha carga previa. ¿Cómo manejaste esa situación a la hora de componer el personaje?
–Sí, de hecho eso es la primera vez que se hace en el cine. No tenía referencias.

–Estaba negado.
–Creo que el gobierno de María Estela Martínez Cartas, tal su nombre de soltera, fue la propiciadora de años negros y nefastos para la historia argentina. Entonces, eso hizo que no se pueda ni siquiera recordar que ella fue la compañera de Perón en el exilio, la mujer que estuvo cuando Perón estuvo en desgracia, la que más años estuvo con Perón. Que fue su enfermera, su secretaria, su mujer, la que figura en los papeles. Perón la pone en un lugar de relevancia. Y eso difícil de reconocer y revisar. Ya sea como peronista o como ciudadana común. Porque la dictadura también fue jodida y sin embargo se la recuerda más. Creo que tiene que ver con eso.

–Teniendo en cuenta también que no es una película dedicada exclusivamente a ella…
–Pero para el ojo entrenado se cuenta mucho de ella. Porque nada de lo que aparece es caprichoso. Fue muy divertido construir un personaje sin otra referencia que la fotográfica o el recuerdo de su voz en mi memoria. También, con los datos que se obtuvieron a partir de investigaciones previas de gente que convivió con ella, el personal que la cuidaba, amigos y allegados. Entonces, en la película desayuna miel y come almendras, corta estampillas de las cartas; todas cosas que sabíamos que hacía. Y el vestuario retro es tal cual lo que ella usaba: sus peinados, sus uñas eternas…

–¿Qué desafíos te planteó como actriz tener que encarnar a Isabelita?
–Primer desafío: no juzgarla, porque la película abarca 17 años de historia y es la previa del regreso de Perón y a que sea presidenta. Entonces no tenía que caer en una anticipación de lo que iba a pasar y juzgarla desde ahí. Sería falso porque ella no podía saber todo eso, y además sería un error de actuación juzgar a un personaje. Le quita hondura y carnadura. Luego, es un personaje que va desde la juventud a la madurez, que se mimetiza con la España franquista; toma el estilo en el hablar y en el vestir de las mujeres de aquella época. Entonces, había que ir desde esta chiquita que bailaba en Panamá, peleada con su familia y de gira como bailarina, a esta señora que tenía la casa de Puerta de Hierro a su nombre.

–¿Cómo describirías el vínculo entre ella y Perón?
–Creo que a Perón le gustaba que era muy joven, 30 y pico de años menor. Y eso le atrajo, indudablemente. También su costado de artista, de bailarina y cantante. Y luego que fuera su enfermera, su secretaria, su cocinera. Creo que de haber existido otra posibilidad (que por ahí sí existen hoy) Perón no la hubiera mandado como su emisaria y ella se hubiera quedado tomando el té en Puerta de Hierro, paseando por las galerías en Madrid. Ella quería eso.


Escenas de peronismo real durante el rodaje

Entre las varias anécdotas vividas en el rodaje de Puerta de Hierro, hay una que Victoria Carreras resalta especialmente: “Estábamos filmando en la quinta de San Vicente, de Perón y Evita, pero afuera había un acto de la gobernación bonaerense con 1500 jubilados que querían ver a Víctor Laplace. Él obviamente prefería rodar, pero en un momento negociamos y lo convencimos de que saliera a saludarlos. ‘¿Puedo ir yo?’, le pregunté. ‘Cómo vas a ir vestida de Isabelita?’ ‘Es cierto’, le dije. ‘Bueno, vení igual’, resolvió. Y salimos hacia un palco donde la gente nos gritaba ‘¡Perón! ¡Isabelita!’, y yo me vi actuando el papel lo mejor que podía: calladita, las manos cruzadas por la espalda, peinada para atrás, vestida a la época y mirando embelesada a Juan Domingo mientras hablaba para la gente”, cuenta entre risas. “Fue un número vivo muy bizarro, pero también muy divertido. La mejor salida de producción que podíamos tener, porque terminó el acto, cumplimos con los jubilados, y logramos terminar con la jornada de rodaje.”

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