PERFIL DE TAPA | Drew Barrymore | Por qué amamos tanto a Drew

Publicada el 6 de septiembre de 2010 en Tiempo Argentino

PORQUE ES LA MEJOR COMEDIANTE ROMÁNTICA DE SU GENERACIÓN Cuando en 1998 llegó a las salas El Cantante de Bodas, no muchos creyeron que se trataría de la primera de una serie de películas que volverían a poner sobre el tapete al género de la comedias románticas. Después de una década, los noventa, en la que Hollywood había apostado más al comedias negras y cínicas que a las románticas y graciosas, films como Un lugar llamado Notting Hill y ¿Tienes un E-Mail? (protagonizados no casualmente por Julia Roberts) reconciliaron al género con el público masivo y los grandes estudios. La nueva fórmula fue: contemos historias idílicas, pero de gente -dentro de todo- accesible. Y en ese combo, Drew Barrymore encajó como anillo al dedo. Porque no ostentaba una belleza perfecta (“Tengo tendencia a engordar y vivo haciendo dieta”, reconoce sin ningún tipo de complejo); porque había caído hasta el fondo, pero había podido recuperarse (“No tuve infancia”, dice sobre su turbulenta crianza que incluyó adicciones a las drogas y el alcohol cuando aún no había cumplido quince años); y porque, al fin de cuentas, Drew tuvo desde el principio ese don tan preciado por toda estrella de Hollywood: poder vincularse con el espectador como si los millones de dólares de diferencia entre uno y otro no existiesen.

“Siento que la gente se me acerca como si fuera su mejor amiga. ¡Y es tan lindo! Me siento muy afortunada de que me pase eso”, reconoce la protagonista en los últimos doce años de un verdadero muestrario contemporáneo del género. Películas como Jamás Besada (con David Arquette), Duplex (con Ben Stiller), Como si fuera la primera vez (con Adam Sandler), Letra y música (con Hugh Grant) y ahora, tras un interín en el que probó otras situaciones actorales, Amor a distancia (con su ex pareja Justin Long) terminaron de instalarla como la actriz más recurrente de este tipo de films. Y sin duda la mejor, si se tiene en cuenta que su amiga Cameron Díaz brilló más con la variante cínica y negra del género (Loco por Mary, La cosa más dulce). Y que otras colegas como Reese Witherspoon (Legalmente rubia), Renée Zellweger (El diario de Bridget Jones) y Kate Hudson (Cómo perder a un hombre en diez días) no pudieron sostener el impacto a lo largo de la década. “Me la pasé diez años filmando cuentos de hadas porque yo misma estaba en esa búsqueda de felicidad y amor”, dice Drew Barrymore hoy. Y su filmografía no la deja mentir.

PORQUE CONSTRUYÓ SU CARRERA DENTRO DE HOLLYWOOD PERO SIN ATARSE A SU SUERTE No muchos lo saben, pero antes de filmar Jamás besada, Drew Barrymore se asoció con Nancy Juvonen (una ejecutiva en ciernes, pero con poca experiencia) para crear su propia productora, Flower Films, con la que financió más de diez películas: tanques como Los Ángeles de Charlie y Simplemente no te quiere, pero también cintas de culto como Donnie Darko (sin estreno local, pero con cierta recepción en videoclubes) y Whip it, su debut detrás de las cámaras como directora. “Ya llegué a los treinta y quiero probar con cosas que no hice hasta ahora como dirigir y hacer dramas”, dijo tras el estreno de la película, que tuvo un moderado éxito en Estados Unidos y que recaudó 13 millones de dólares por fuera del circuito masivo. Una muestra iniciativa personal que también evidenció cuando, pese a los pronósticos, logró quedarse con el protagónico de Gray Gardens, un telefilm de HBO, sobre la vida de Edith Bouvier Beale, la prima excéntrica de Jacqueline Onassis que arrojada a la pobreza se convierte en un ícono de moda. “Yo sabía que no era la primera opción del director (Michael Sucsy), pero me esforcé tanto para conseguir el papel, que no le quedó otra”, cuenta, tras revelar que para ponerse en la piel de Edith (conocida como “Little Eddie”) llegó a no hablar a aislarse en un monasterio durante tres meses, sin acceso a celulares, internet o diarios. La jugada fue vista con escepticismo por parte de la crítica, pero le dio resultado: al año siguiente ganó su primer Globo de Oro por el papel.

PORQUE FUE NIÑA PRODIGIO Y SOBREVIVIÓ PARA CONTARLO La primera infancia de Drew Barrymore sería totalmente inverosímil si no fuera porque… fue totalmente cierta. Estrella precoz gracias a su actuación en E.T. como la nena de cinco años que establece una relación entrañable con el extraterrestre, tanta fama le hizo mal a la pequeña Drew. Su madre, Jaid Ildiko, una actriz frustrada de Los Angeles, la llevaba a cuanta disco había. Así, Drew Barrymore tomó sus primeros tragos a los nueve, probó marihuana a los once y se hizo adicta a la cocaína a los trece. A los catorce, claro, entró a rehabilitación. La sociedad estadounidense (y el mundo) se horrorizó: ¿cómo había podido caer tan bajo la niña de E.T.? Sin embargo, para Drew marcó el principio de su renacimiento. “Perdí mi ego en esa época. Me sirvió para ser lo que soy hoy”, dice cuando le preguntan por aquellos años turbulentos, cuando parecía que la fama se había devorado a otro talento incipiente de Hollywood. Sin embargo, su vuelta al ruedo fue igual de espectacular y veloz. Primero con un recordado (por lo espontáneo como inocente) strip-tease en lo de David Letterman, cuando no hacía mucho había cumplido 19 años. Y luego con su estelar aparición en la primera escena de Scream, aquella inolvidable conversación entre la adolescente que prepara pochoclo en su casa y el futuro asesino que le anuncia su muerte por teléfono. El público quedó boquiabierto con su actuación. Y con su belleza, adorable e imperfecta. La niña precoz había crecido.

PORQUE NUNCA USÓ SU VIDA PRIVADA COMO TRAMPOLÍN PARA SU CARRERA Los escándalos estuvieron a la orden del día al comienzo de su carrera, cuando ni siquiera tenía demasiado conciencia de que eso había aparecía en la pantalla grande y se multiplicaba en todo el mundo era, efectivamente, una carrera. Pero una vez transcurrida esa etapa nunca más volvió a ser noticia en Hollywood por otra cosa que no fueran sus películas. Y eso que no faltaron conflictos familiares, rupturas amorosas y posiciones políticas importantes, como cuando se declaró demócrata pro-Obama y alentó la participación cívica en las últimas elecciones de Estados Unidos. Con sus padres, por ejemplo, nunca llegó establecer una relación “normal”. Se emancipó de su madre Jaid a los quince años. Y con su padre, el también actor John Barrymore, la abandonó cuando ella era apenas un bebé. Aunque luego, de más grande, retomó la relación. “Era un hippie. No le guardo rencor. Era un espíritu libre”, dijo tras acompañarlo durante su convalecencia y posterior muerte de cáncer. En sus vínculos amorosos, Drew tampoco hizo escándalo. Y eso que tenía con qué: se casó en dos oportunidades; ambas, por menos de ocho semanas. La primera vez, a los diecinueve, con un ignoto bartender llamado Jeremy Thomas. Y la segunda, a los veinticinco, con el comediante Tom Green. De ambos se separó en buenos términos y con palabras elogiosas a sus ex-parejas. A continuación tuvo un noviazgo de cinco años con el baterista de los Strokes Fabrizio Moretti (“la relación más importante de mi vida”, suele decir) y, en los últimos años, un vínculo de idas y vueltas con el actor Justin Long, su partenaire en Amor a Distancia.

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