Intenciones

¿Es necesario decir algo para que realmente se sepa? Muchas veces, la mayoría, no. Ahí está la clave, no es preciso se explícito para dejar las cosas claritas o simplemente a un centímetro de la clara interpretación.
Puedo estar pensando en ti y tu ni enterarte. Puedo desnudarte con mi mente y tu estar tan tranquila hablando de la reproducción del mejillón tigre en cautividad. Esa es la clave, saber guardar aquello que no es preciso decir.
Porque no lo digo. Seguramente por respeto, defecto de fábrica que uno lleva consigo, pero no quiere decir que no lo piense e incluso hasta me apetezca. Y si, tú, aunque no lo creas, eres de un apetecible que se torna por momentos insoportable en ese maldito arte de disimular.
Por eso, hablar y pensar no tienen por qué ir de la mano. Por un lado está el respeto y por otro, ese que no tiene que ver la luz, las malas artes y deseos inconfesables. Y ahí estás tú. Entera, pero por mitades. Ya me entiendo.
