Menos mal que soy correcto

Menos mal que soy correcto y por eso no te digo, a las claras, todas las ganas que te tengo, que son muchas. Demasiadas. Y a veces, la mayoría, incontrolables.

Te imagino en el trabajo, absorta en tus quehaceres y obligaciones, sentada, concentrada, trabajando en definitiva. Y yo, observándote desde una distancia prudencial desde la que no pueda ser visto. Y mientras lo hago, imagino disfrutándote a bocados pequeños. Desde una punta a la otra. Despacio. Muy despacio. Saboreando cada rincón de ti.

Imagino como, mientras lo hago, tu pulso se acelera de manera inconsciente haciendo con ello que mis ganas de ti se multipliquen exponencialmente, deseando entonces transformar tu respiración acelerada en leves, pero sugerentes, suspiros.

Lo siento. No puedo evitarlo. Es pensarte y las ganas aparecen. Imagino mis manos recorriendo tu cabello, bajando por tu cuello, recorriendo tu espalda y regodeándose por la cara interna de tus muslos como preámbulo a la traca final que le espera bajo tu falda. Y claro, cuando lo pienso, no solo aumentan mis ganas y mi respiración, sino que también el descontrol se hace latente.

Por eso no te lo digo. Porque soy correcto. Al menos en las formas, porque en mi mente, es otra cosa.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Sudores Fríos’s story.