Rotura natural, silencio provocado

Lo sabes y además, creo no equivocarme, te gusta. Eres consciente de que, a tu manera, te rompes. Además, también a mi modo, te lo he hecho saber, de manera suave, pero indicativa de lo que pienso. Guardando las formas pero sin dejar de decirlo. Y lo repito, te rompes.

Pero no por el hecho de no hablarlo he dejado de pensarlo. Te rompes y punto. Bueno, más bien, estás para romperte. Varias y repetidas veces, la verdad sea dicha.

Y me callo porque no debo, no debo porque no puedo y no puedo porque no quiero, o sí, ya no sé. El caso es que me lo callo aunque ya lo sepas, no lo digo porque no es necesario y no lo pienso porque si lo hago todo lo anterior puesto en este párrafo no tendría sentido.

Estás para disfrutarte en cada uno de los centímetros de ti. Para recorrerte, indiscretamente, con las puntas de mis dedos inspeccionando por todos tus rincones. Incluso para dejar que mi lengua se empapase con el sabor que desprendes. Y logrando, con ello, que tus ganas se equiparasen a las mías, perfectamente alimentadas para que hiciesen el resto hasta acabar rompiéndote de verdad, sin remilgos, como mereces. Sin tregua.

Aunque prefiero callarme y no decirte nada. El silencio es, muchas veces, nuestra mejor arma.

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