Siempre

Ayer nos dijiste, terrenalmente hablando, adiós. Fue todo muy precipitado, sin tiempo apenas para despedirnos como merecías, pero siempre has sido muy de improvisar y en esta ocasión, no ibas a ser menos. Genio y figura … hasta la sepultura. Literal.

Apenas hace dos meses nos pegamos la fiesta de costumbre que año tras año veníamos repitiendo. Todo como siempre, sin atisbo alguno de que estaríamos ante nuestra última experiencia religiosa. Aunque, ahora que lo pienso, mejor, mucho mejor. Porque nos hubiésemos puesto de un intensito que podría haber sido insufrible. Y eso nunca nos ha gustado.

Echo la vista atrás y en nueve de cada diez buenos momentos apareces. Pero también lo haces en el cien por cien de esos que no son tan buenos. Siempre has estado. A tu manera, con tu chispa, con tu gracia y con tu saber estar. Por eso me duele saber que ya nada será lo mismo.

Te fuiste entre risas. Sabías lo que te esperaba de manera repentina y no te negaste al destino con obstinación, sino que decidiste cogerlo de la mano, ponerte guapetón, pintar en tu cara la mejor de tus sonrisas y saliste a tomar con él el último de tus cubatas “poco cargados” como acostumbrabas a pedir.

Y ahora, del todo a la nada. Sigo viendo nuestra conversación de WhatsApp, nuestra mesa de reflexión en el bar de Manolo, nuestra taquilla en el gimnasio o millones de cosas más que me llevan a ti. ¡Ojo cuidado!, seguirá siendo todo como siempre. Ocuparé la misma taquilla, me sentaré en la misma mesa y siempre diré que esa silla está reservada, no sea que un día te de por regresar y tengas que esperar de pie. Jamás. Tu ciática no podría permitirse tal despliegue de fuerzas.

Ahora, amigo, solo te deseo una cosa. Sigue siendo igual de feliz allá donde estés. No cambies y seguro que tendrán para ti un buen reservado en el nuevo destino. Enséñales como se comen esos huevos con chorizo o como se hace un kalimotxo en condiciones. Se tu mismo, siempre. Y seguro que cuando tengamos que reunirnos — el día que nos toque — nos encontraremos con el mismo tipo popular, bonachón y con don de gentes que has tenido hasta ahora.

Un abrazo y no olvides ponerte una chaquetita por la noche que empieza a refrescar, no vaya a ser que pilles un resfriado complicado y acabe llevándote por delante. ¡Ah! Y descansa un poco y deja a las pobres chicas de por allí tranquilas, que siempre te han gustado unas faldas más que a un tonto una piruleta.

Se te quiere.

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