Tu mano, arma de descontrol masiva

Echo de menos tu mano. Esa dichosa y bendita arma que posees y que por sí sola es capaz de desarbolar todo mi mecanismo de defensa. Se enreda en mi pelo, juega por debajo de mi camiseta, acaricia mi torso, roza mis brazos, discurre por mis piernas y se adentra, sabedora de su poder, por dentro de mi pantalón, mostrando ahí toda su virulencia, agitando mis ganas y volviéndome loco. Loco por ti.
Esa mano. Esa apetecible y juguetona mano tuya. La usas a la perfección y acompañas su acometida con esos lascivos y carnosos labios que recorren mi cuello para acompañar su trabajo. Me excitas, me llevas al descontrol, agitas mi respiración y provocas en mí un calentón de tal magnitud que solo tu mano sabe reconducir. Con caricias, con movimientos acompasados y con un sube-baja que me hace perder la compostura mientras grito, no sin dificultad, ¡JODER!
Quiero sentir tu mano sobre mí, por encima de mis rodillas, por dentro de mi pantalón, sobre mi cuerpo, jugando con mi excitación y llevándome al punto en el que sólo desee cerrar los ojos y ponerme a merced de lo que tú y tu apetecible mano decidan.
Hazlo. De nuevo. Ven a mí y saca todo el poder que esa mano tuya es capaz de desplegar. Te espero. Lo deseo.
