Volviendo a la fila de los mancos

Esta noche tengo planes para nosotros. He comprado dos entradas para la peor película que he visto en la cartelera. Un film congoleño de presupuesto reducido y con unas críticas feroces en los medios digitales. Como ves, pinta estupenda la noche.

Preveo una película larga, tirando a soporífera, en un desolado cine en el que apenas estaremos diez personas, siendo generosos. La idea la tengo clara. Nos sentaremos atrás, en el rincón más alejado de la puerta. Volvemos a la fila de los mancos.

Siendo sincero me importa una mierda la película en cuestión. Solo te quiero a ti y voy con las peores intenciones que uno puede tener un aburrido miércoles de verano. Quiero enseñarte lo bonita que puede ser una infumable película en versión original.

Por si no lo sabes, te lo adelanto. Voy con la intención de meterte mano. De rozar tus hombros, bajar mis manos por tu cintura y adentrarme entre tus piernas hasta provocarte la mayor de las humedades que un sitio público, con el consiguiente riesgo que conlleva, pueda regalarte.

Pretendo “destrozarte”. Pretendo agitar tu pulso hasta que tengas que morderte la boca para no permitir evocar los gemidos que se agolparán en tu boca. Pretendo llevarte al punto en el que no sepas si seguir sentada guardando las apariencias mientras mi mano te alborota o más bien prefieres dejarte de buenos modales para sentarte sobre mi y disfrutar de otra película mucho más divertida.

Quiero que sepas que pretendo no parar de hacerlo. Solo para que cojas el aire preciso para seguir viviendo como descanso necesario antes de volver a las acometidas que mis dedos más incisivos desatan en tu interior. Únicamente para eso. Descansar para volver con más fuerza. Una y otra vez, hasta que la proyección toque a su fin.

Y así estaré toda la película. Tranquila, solo dura noventa minutos, pero puede que sean los noventa minutos más alocados, descontrolados y sugerentes, además de deseosos, que hayas tenido últimamente. Y no será el fin cuando aparezca el dichoso “The End” en pantalla. Ambos sabemos que será el principio de lo que vendrá después.

Entonces, ¿te apuntas a ver la película conmigo?

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