Mucho antes que empezara a rodar la pelota, amigos, parientes y extraños se mezclaban en acaloradas discusiones (en la mesa de un bar o en cualquier muro de Facebook, lo mismo daba) tratando de imponer sus respectivos argumentos sobre quién finalmente será el campeón de la Copa del Mundo.
Más allá de la discusión casera, las Universidades, Bancos, Investigadoras de Mercados y cuanta empresa poseedora de datos para analizar, publicaron sus predicciones, según ellos, científicamente comprobadas:
-Bloomberg da ganador al anfitrión, compartiendo una final con Argentina (hasta el momento acertaron el 48% de los resultados).
-Deustche Bank asegura, según sus análisis de datos, que el campeón será Inglaterra: “England are among the best teams according to our static model” arrojaba el research (la selección no pasó la primera rueda).
-Científicos de la Universidad del Deporte de la ciudad alemana de Colonia simularon 100 mil veces el Mundial (combinando el ránking de la FIFA con las cuotas de los sitios de apuestas) para llegar a la conclusión que Brasil ganará la copa.
-EA Sports repitió el experimento del Mundial pasado, simulando el torneo en el juego FIFA 2014. En esta oportunidad, da como ganador a Alemania, que derrotará en la final a Brasil por 2 a 1. La gran sorpresa es que Italia no logra superar la etapa de grupos.
-Para el Internationale Nederlanden Groep (ING), institución financiera de origen holandés, y el instituto Alemán de Investigaciones Económicas, la final del Mundial será entre España y Alemania, quedándose nuevamente con el título el país Ibérico.
Y como estas, podemos encontrar muchas más.
Después de las sorpresas (decepcionantes) de España, Inglaterra y Portugal, y las sorpresas (gratas) de Costa Rica y Chile, la primera observación es que anticiparnos al futuro utilizando los datos del pasado, cuando nuestro entorno se ve influenciado con montañas de estímulos diarios es, cuando menos, altamente riesgoso.
Los jugadores, antes de todo, son personas. Muchos de ellos juegan en Europa, y llegan a este Mundial agotados al haber afrontado sus respectivas Ligas y Campeonatos de clubes con un calendario apretadísimo, sumado el compromiso extra de representar a sus propios países en un Brasil húmedo, por momentos agobiante de calor.
Estas cuestiones, emocionales y físicas, no son tomadas en cuenta por las empresas que elaboran sus pronósticos. Lo hacen a base de números y estadísticas, dejando por fuera del análisis factores determinantes: hechos que modifican un sentir, que afectan un comportamiento, condicionan el accionar de las personas e influyen en una decisión.
El factor humano por encima de toda estadística.
A la hora de trabajar en una estrategia digital, comenzando por el análisis de una audiencia determinada, no podemos perder de vista que está conformada por personas con intereses y gustos similares en un momento determinado. Los sentimientos tienen un papel determinante y no se pueden medir, pero si provocar.
La vida es dinámica. Las acciones de una estrategia, al momento de ser activadas, pueden tener respuestas diferentes a las planeadas. Observar, aprender, redefinir y volver a ejecutar. Es un ciclo que se repite constantemente en Digital.
No hay una sola forma de consumir contenidos
Experiencias ampliadas, no todo es completamente digital o análogo. En nuestras actividades cotidianas tenemos espacios de “ON & OFF” y de esta forma es conveniente pensar. Las estrategias que son pensadas integrando ambos mundos logran mejor performance.
Cada red social tiene su característica, su audiencia y su utilidad
Social Media no es sólo Facebook y Twitter. Hay un mundo de redes y aplicaciones que, sabiendo aprovechar sus virtudes, pueden brindarnos excelentes resultados para nuestros objetivos en determinadas audiencias.
Finalmente, lo más importante:
Innovar, tener buenas historias y ser transparentes en las relaciones. Lo que genera que la gente se enganche con un contenido de marca en digital.
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