¿Por qué soy una obsesa sexual?

No es la primera ni será la última vez que alguien me pregunte por qué estoy tan obsesionada con el sexo. Sí, ayer me lo preguntó un amigo cuando hablábamos de parte de mi obra. Un libro que llamo “La cuatro esquinitas” y que está repleto de dibujos eróticos bastante explícitos algunos de ellos.

Uno de los dibujos del libro “Las cuatro esquinitas”

Yo no sé qué responder. Porque la respuesta a esa pregunta sería reconocer que me obsesiona el sexo. Y llegar a la conclusión de que me obsesiona el sexo porque lo pinto me parece un argumento que no se sostiene por ningún lado. Ni si quiera si pintara sólo eso, que no lo hago. ¿Qué son los pintores de paisajes o bodegones? ¿Obsesos vegetales? ¿Parafílicos que se ponen a cien con las naturalezas muertas?

El retrato de Rodolfo II en traje de Vertumno ( c.1590, Skoklosters Slott, Suecia) Arcimboldo

No me obsesiona el sexo más que a cualquier mortal. Sólo que cualquier mortal igual no lo dibuja. Sin embargo, a mí, con unos ocho años, me cayó un castigo descomunal al descubrirme mis padres dibujando un cómic porno que casi tenía acabado. Por supuesto, me lo rompieron. Ojalá nunca lo hubieran hecho, me encantaría volver a ver ese cómic ahora.

A la misma edad me iba a la casa de mi vecina dónde mirando en el revistero del salón me encontraba revistas de su hijo. Eran muy picantes. Con chistes que me ponían bastante cachonda. Al igual, me imagino, que a ese chico y a una parte ingente de población que compraba esas revistas, veía porno o leía relatos eróticos. Porque siempre ha existido eso y existe porque mucha gente lo demanda y lo consume. Si todos somos obsesos sexuales, pues bien, pero entonces que no me pregunten a mí por qué lo soy. Es lo normal ¿no?

Dibujo que hice emulando una de las viñetas que vi en el revistero de mi vecino

Una de las artistas más vendida de todos los tiempos e ídolo de la juventud, Rihanna, no sale al escenario sin hacer un movimiento sexy, como diría King África. Pero muy, muy sexy. Esta chica ha tenido que poner en situación a más de uno y más de una. En todo caso a más de los que ven mis dibujos. Y no nos planteamos que ella sea una obsesa ni que tampoco los jovencísimos chavales que se compran sus discos y van a sus conciertos vayan a convertirse en obsesos sexuales también.

Mucho menos obsesa sexual es la tipa que lleva ya, creo, cuatro libros escritos sobre un señor apellidado Gray que las deja a todas chorreando.

E. L. James, autora de “Cincuenta sombras de Gray”

Creo que a veces mi obra puede funcionar como espejo en el que los que se ven no alcanzan a discernir el significado de la imagen que les devuelve. Ellos ven escrito en el espejo la pregunta “¿Cómo puede Susi sin estar enferma pintar esas cosas?” Porque, oye, obsesa sexual, eso es llamarme enferma ¿no? Sin embargo, quizás la pregunta sería “¿Por qué yo no puedo hacer lo que hace Susi con tanta naturalidad y despreocupación? ¿será que estoy enfermo?” Porque la represión también puede ser una enfermedad en un momento dado.

Pienso que, el que no ve ningún problema en mi obra, el que la disfruta o el que tan sólo pasa olímpicamente de ella porque no le interesa, pero no le escandaliza, no tiene ningún problema. Por eso no me pregunta si yo lo tengo.

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