Una verdadera gilipollez

He leído en los periódicos como asociaciones de padres y sindicatos animan a la “insumisión” en los centros educativos frente a las pruebas que estos días se están realizando en algunos: la llamada reválida de 3º de primaria.

Se les está pidiendo a las familias que no lleven a sus hijos al colegio el día del examen. Esa es la única respuesta que se les ocurre para protestar contra estas pruebas a las que temen, sobre todo, parece ser, por si se utilizan los resultados para «hacer rankings de colegios». A pesar de que el ministerio de Wert ha aclarado en varias ocasiones que la información que se obtenga será solo para uso de los centros y los departamentos de Educación, y que «en ningún caso se harán públicos». Cosa que, por otra parte, no veo tan mal. Los centros que se encuentran en zonas y barrios más pobres y que cuentan con un alumnado con dificultades especiales, desde luego, no andarán por el número uno si se hace ese ranking. Pero eso no sería nada nuevo. Puede incluso hasta que los mismos alumnos ni tan siquiera hagan la prueba, que dejen los exámenes en blanco. Yo misma he trabajado en centros así y ocurre eso cuando hay evaluaciones externas del alumnado. Pero en otros centros que son, digamos, normales, no tiene que hacer daño el resultado obtenido, porque si la prueba se utiliza para diagnosticar, qué mejor que ser consciente de que hay problemas para ponerse manos a la obra y solucionarlos. Si el que se sepa que un colegio, con las mismas condiciones que otro, tiene mejores resultados puede servir de acicate para que el que sale mal parado se ponga las pilas me parece estupendo, y debería parecérselo a todo el mundo, especialmente a los padres. Eso sí que serviría para garantizar la igualdad en la enseñanza.

Pero no. A los padres esto les parece muy mal y en algunos colegios han realizado sentadas y actos de protesta ante los centros a las horas de los exámenes.

Hasta un anónimo ha publicado en un blog algunas de las cuestiones de la prueba de Lengua y Matemáticas. Así es cómo se educa, con el ejemplo. Cuando tu hijo piense que algo es injusto porque sí, que se rebele y ya está.
La Confederación de Padres de Alumnos (Ceapa) ha hecho un llamamiento a las familias para que no lleven a sus hijos al colegio esos días ante el «desconocimiento total» de las consecuencias de esta evaluación y algunos sindicatos docentes han convocado paros para boicotear las pruebas. Pero según el decreto que regula esta nueva prueba, “de resultar desfavorable esta evaluación, el equipo docente deberá adoptar las medidas ordinarias o extraordinarias más adecuadas. Estas medidas se fijarán en planes de mejora de resultados colectivos o individuales que permitan solventar las dificultades, en colaboración con las familias y mediante recursos de apoyo educativo”. ¡Qué horror!, ¡qué miedo! Van a intentar mejorar los resultados académicos de los alumnos… ¿por qué? ¿Por qué no los dejan en paz y hacen que sigan pasando de curso aunque sean unos analfabetos y que lleguen a la Universidad hechos unos cazurros? Que sí, que en segundo de secundaria hay niños que no saben apenas leer porque han ido promocionando inevitablemente.

Es increíble que los sindicatos se sirvan de argumentos tan peregrinos para atacar al gobierno como que estas pruebas demuestran la “desconfianza del Gobierno hacia la labor docente, generando la desmotivación del mismo y socavando su autonomía profesional”. Si esto le pasa a un docente por el hecho de tener que poner estas pruebas, vaya docente…
Y es increíble que el ataque, que, se supone, defiende la educación de nuestros hijos, consista en animarlos a no ir a clase y a no presentarse a los exámenes. A la pataleta fácil y tonta contra algo que simplemente no les parece bien y punto.

Soy profesora y todo aquél que trabaje en el ámbito de la educación o esté relacionado con él en algún sentido sabe que las pruebas diagnósticas son una herramienta muy buena para arrojar información acerca del alumnado en un momento concreto y así poder tomar las medidas necesarias para ayudar a los alumnos a mejorar su rendimiento en las pruebas finales que sí se evalúan con nota. De hecho en muchos centros ya se hacen.

No creo que esto sea un asunto importante por el que luchar contra la LOMCE. Y mucho menos creo que sea una medida de evaluación propia del «tardofranquismo», como dice el PSOE. Eso sí, cualquier evaluación supone un trabajo detrás, reuniones de claustro, análisis de resultados, diseños de medidas a tomar y después llevar a cabo las mismas. Mucho trabajo, quizás.
Y anda que los sindicatos. Dicen que estos exámenes no buscan evaluar el sistema educativo, sino al propio estudiante. ¡Madre mía! ¡Qué atrevimiento! ¿Cómo se les ocurre evaluar a los estudiantes?

Más le valdría a padres y sindicatos luchar por los asuntos verdaderamente importantes y los problemas no resueltos aún en educación por ninguna ley y que la LOMCE tampoco propone mejorar. Y uno de ellos es el trabajo de los centros, la formación del profesorado y la evaluación del mismo para que no se duerma en los laureles y siga en la continua quejumbre de la que últimamente no sale.

Según el informe internacional sobre los profesores y la docencia denominado TALIS, en España, el 36% de profesores nunca ha sido formalmente evaluado por método alguno, cifra más de cinco veces superior a la de la media OCDE (7%).

El 87% de los profesores españoles declaran que nunca han observado y comentado las clases de otros compañeros docentes, frente a un 45% de media entre los profesores de la OCDE.

Las conclusiones del Informe TALIS muestran que hay muchos docentes de la OCDE que afirman que la información que reciben tras una evaluación de su trabajo tiene efectos positivos en la enseñanza en el aula. Por el contrario, la mayoría de los profesores españoles trabajan en centros en los que apenas se producen consecuencias una vez realizada la evaluación formal del profesorado.

Esto es un problema y revierte negativamente en el rendimiento escolar. Como también lo es la poca autonomía de los centros. Según este informe el 33% de los profesores trabaja en centros educativos con capacidad de decisión considerable en los contenidos, la mitad de la media OCDE (65%).

La autonomía de los centros en la gestión de recursos en España es también limitada al comparase con los de los países más desarrollados El 75% de los profesores de la OCDE trabaja en centros que tienen un nivel significativo de autonomía para nombrar o contratar, mientras que ese porcentaje en España es del 27%.

Éstos, y muchos otros, son verdaderos problemas que no nos hacen levantarnos de la silla y protestar y deberíamos. Sin embargo, enfurruñarme y patalear para que a mi hijo de 8 años no le pongan esta pregunta en un examen que no influye en su expediente académico para que no se estrese, es una verdadera gilipollez.

Una de las cuestiones de la prueba de Lengua y Matemáticas filtradas por un valiente anónimo.
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