La mariposa boomerang y el monte de la conformidad

¿Estamos desinformados? ¿O quizá nos abruman de información inútil junto a la útil y preferimos la primera? Me llama mucho la atención observar cómo la gente a mi alrededor, o parece que sabe de todo (lo que se suele llamar cuñadismo) o se les ve que les importa poco cualquier cosa. Llevo tiempo viendo cómo a mi entorno parece que le da igual lo que suceda en el futuro si ellos pueden estar bien ahora, en el presente. Creo que no estoy inventándome nada y que todo el mundo que me lea entenderá lo que quiero decir. La idea del “si fuera alcalde robaría más” es algo que nos pasará factura a todos, incluído a quien pensare aquello, seguramente por envidia. Por desgracia, es algo muy arraigado. Y no solo en España, atentos.

Supongo que quien piensa este tipo de cosas, como dije al principio, quizá esté desinformado. ¿De qué? De las consecuencias que traen cada una de las acciones que pueda uno realizar, y además, estas consecuencias pueden — y suelen — volver a aquel que las realizara (de ahí el título del post).

¿Acaso si no hacemos a la población más pobre, no nos estaremos arriesgando a que se radicalicen y conviertan las calles en un caótico desfile de inseguridad y, espero que no, cabezas rodantes? No hay que ser avispado para darse cuenta del mal que podríamos hacerle a nuestros hijos o incluso a nosotros mismos si destrozamos nuestro propio entorno.

Esto pasa aquí y también ocurre en nuestra relación con la naturaleza. Si hay que destacar algo, es lo rápido que han decidido fabricantes como VAG o GM en desarrollar a marchas forzadas coches híbridos y eléctricos (aunque no sean los más baratos a veces) en cuanto fueron vislumbrados trompetas del ya predicho apocalipsis diésel, como la multa estratosférica al grupo VAG o la prohibición de la venta de vehículos a gasóleo a principios de 2025 en Noruega (son ocho años lo que queda), o incluso las prohibiciones a los vehículos diése de circular por ciudades como Madrid, Londres o París a partir de 2020 (siendo más avanzada Madrid, prohibiendo la circulación de ellos por el centro el próximo año).

Viendolo así, ¿por qué no han pensado estos fabricantes en lo que pueda ocurrir en un futuro, como pudieron hacer varios fabricantes japoneses? Quizá lo que les diferencia a unos de otros es la capacidad para visualizar el futuro lejano y posicionarse allí, moviendo muy bien las piezas en el presente para acercarse a su posición vislumbrada en el horizonte del tiempo y conservar un status quo, que, si no es el mejor para obtener los mayores beneficios (aunque Toyota sea de las que más beneficios tenga en el mundo), sí que sirve para mantenerse relevante en el mundo en un futuro.

En estos momentos, la tan famosa marca de coches Tesla (liderada por un Elon Musk al que ya muchos consideramos el sucesor espiritual de Steve Jobs) ha mojado la oreja a todo el mercado automovilístico, y este es otro motivo por el cual las marcas han decidido apretar su desarrollo en vehículos más ecológicos y con vistas a futuro (a excepción de fabricantes como FCA, que ya se asustarán, ya…), para mantenerse relevantes a vistas forzadas.

¿Qué es lo que pasa? Aquí llegamos al “monte de la conformidad”. Conforme vas aumentando beneficios, cuesta más crearlos, hasta que llegas a un punto en el que la cuesta se hace más horizontal y subes más rápido y con menos esfuerzo. Estamos llegando a la cima de este monte. El resto creo que ya os lo imagináis, pero conviene explicarlo. La empresa, acostumbrada a estos beneficios cómodos, deja de esforzarse en aumentar beneficios o asegurarlos de cara al futuro, y de repente esta llegará al punto de bajada. Al principio estará cómodo viendo como se mantienen estables los beneficios, pero llegaremos a un punto (esto se podría decir que es exponencial) donde la empresa se abrumará, pues empieza a descender beneficios y perder oportunidades. Tendrá que hacer un esfuerzo cada vez mayor para volver al punto en el que se encontraba antes (si pudiera llegar, claro). Si tropieza, y rueda (snowball rolling downfall, o la bola de nieve rodando cuesta abajo), significará la bancarrota.

¿Ejemplos? Microsoft, Yahoo!, o muy recientemente AMD. En el mundo de la tecnología no se debe perder la visión de futuro, la cual debe ser vista desde el presente, y ser aprovechada. Por ello quiero hacer ver que, todo lo que hagamos tendrá repercusiones, y esta vez no lo digo como la típica madre o el típico jefe garrulo que intenta advertir a su hijo o empleado, yo aporto pruebas de lo bueno o malo que se puede desencadenar al saber ver el futuro o no.

Y es que el mundo no se divide en buenas o malas personas, sino entre visionarios e ignorantes.

No hace falta ser un Steve Jobs o un Elon Musk para ser un gran visionario, ya que no es necesario montar el gran emporio de la novedad guay para ser el visionario número uno del mundo. Simplemente, con tener claro qué debes hacer, reciclarte y tener claras las perspectivas de futuro (qué es lo que quiero, qué necesito y qué voy a hacer para lograrlo) sirve para tener una vida más placentera. Quién sabe, quizás siguiendo estas pequeñas directrices se puede formar un gran imperio capitalista.