Al borde

El pájaro bebé se para en el borde de la ventana, los gatos lo miran con ojos gigantes. Sabe que podría morir pero sabe que puede escapar de la muerte con facilidad, esa atracción le fascina. Es su montaña rusa personal. En el refri las frutas se pudrieron, en la alacena los frascos se vaciaron. Sobre la mesa un plato vacío, usado. El congelador sin hielo es como el coliseo sin leones, como el vaticano sin el papa, como una lamparita bajo consumo que titila para prenderse pero no lo logra. Todo al borde de la ruptura, las placas tectónicas se acarician pero aún no se animan a dar con el terremoto; en el mar las olas se arremolinan, los marineros advierten que está por pasar algo, pero en el horizonte: nada. Skaters surfeando las olas de cemento de la plaza del malecón, camiones cruzando la carretera con piedras en las llantas. Mochileros armando la carpa al costado del camino. Algo está por fallar y no puedo terminar de descubrir qué es. Se siente fuerte. Un día jugando al péndulo descubrimos la fuerza de la sugestión; hoy, siendo menos adolescente pero no más responsable trato de manejar mentes con estrategias medio incorrectas (pero correcto pa mi) Como quien maneja un peugeot del 89 fumando con una mano y poniendo un caset en el estéreo con la otra por un camino de piedras. Todo podría salir tan mal que si así fuera sería ridículo; estamos en el punto de la película en el que el final podría llegar a ser predeciblemente inesperado o inesperadamente predecible

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