Disconexo

Hoy ocurrió algo a primera sensación, horrible. Salí al mundo exterior sin el teléfono celular. Es curioso lo que sentí cuando decidía si salir con él con tan poca carga de batería o dejarlo. Una especie de ansiedad o “miedo” sobre qué haría sin el aparato en la mano mientras tomaba mi mediatarde o la intranquilidad de no poder comunicarme con alguien ante alguna situación.

Recordé un lindo café a unas cuadras. Inicié el camino por callecitas aledañas que no había aún caminado. Tomé mi café con leche, compartí una de las medialunas con jamón y queso con un perro de la calle que luego se echó plácidamente sobre mis pies mientras lo acariciaba.

Miré la vida pasar por Av. Oroño. Escuché, medio de chusma, la historia de una muchacha cuyo pretendiente no parecía demostrar mucho interés. Y a sus amigas aconsejándole qué o no hacer en un modo muy High Society rosarina.

Tomé el camino de regreso con una falta de prisa realmente curiosa en mi habitual andar a mil por hora para llegar al siguiente destino.

Además de vivir un raro momento de tranquilidad, no pasó nada.