AVISO A LOS NAVEGANTES…

Necesito un hombre
que desnude mi alma
y desvista mi conciencia,
que comprenda que soy una mujer…
temporal …
pero eterna,
terrenal…
pero etérea.
Necesito
un par de oídos vagos para escucharme
y un corazón profundo para amarme.
Necesito un cuerpo de figuras cotidianas recurrentes,
de abrazos inmortales y besos emergentes…
que no apresure mis sentimientos, ni atrase mi mente;
que me ame cuando estoy, cuando soy, cuando fuí
y que comparta en mi mirada lo que no voy a decir.
Necesito a un hombre que sea mi calamidad… y mi providencia;
cuya perspicacia provoque mi curiosidad
y consuele mi impaciencia.
Un hombre que viva más por fe que por certeza.
Que no rebase los límites de mi memoria
para que no pueda escapar de mi recuerdo;
Que sea implacable como el mar
e impávido como el silencio.
Un hombre de ojos hambrientos
que no se arrepienta al amarme,
que sea capaz de equivocarse
y… aún así… quedarse.
Necesito encontrarlo…
para hacerlo inquilino de mi vida
y corresponsal de mi destino,
para reconocerlo entre los otros
y decirle: bienvenido.
Fendy, 1997