Han pasado once meses desde que te mandé a la chingada y, de pronto, inexplicablemente, está brotando toda la ira que reprimí en el comienzo. No sé por qué pero en estos momentos de mi vida estoy enojada contigo, me siento furiosa, estúpida, altamente tóxica.

Quisiera gritarte las cosas más horribles del mundo y, a diferencia de los sabios, yo sí elegiría no haberme topado contigo en esta vida ni en las que le siguen. Este tiempo de distancia me he dado cuenta de lo tonta que fuí para muchas cosas, de lo necesitada de amor que estaba y de lo lastimera y de mierda que fue nuestra relación — si es que la podemos llamar así — . Aunque lo niegues y escuche tu discurso de gritos media hora, la verdad es que tú nunca olvidaste a tu ex novia. Me la pasé siendo un parche, tu bastón emocional, la estúpida que te aguantaba por ciertas horas, mientras llegaban los relevos que siempre había, mientras esperabas la droga.

Cuanto tiempo perdido, cuánto desgaste emocional. Cuántas cosas que me debes. Yo no conocía los celos, la inseguridad, ese maldito nudo en el estómago que a veces vuelvo a sentir cuando conozco a alguien nuevo. Esa puta desconfianza cuando me mandan un mensaje, pensando que igual y coquetean con alguien más. No puedo evitar los flashbacks a nuestras conversaciones comparar a las otras contigo, nadie es tan culta, tan leída, nadie tiene esos gustos raros de freak y lo peor de todo, hay ecos de tí muchas veces, tu voz y la manera de enfatizar las frases.

Lo juro, no sé por qué once meses después siento todo este rencor, coraje y decepción. Lo bueno es que ya no estoy tan pendeja.

Ahora quiero enamorarme de una Leo que no tenga tan manoseado el corazón.

— ahora quiero enamorarme de una leo

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