Mientras el sol entra por la ventana


El despertador aún no había sonado, y Muriel seguía haciendo uso y abuso su pesado sueño.
Bajé a la cocina, saqué la leche, serví café y me preparé para hacer tostadas.
En el instante que los panes bajaron por la reja de metal hacia su caluroso destino, comenzó a nevar dentro de mi casa.
No hacía frío ni había viento: simplemente nieve a montones, y pronto la cocina se convirtió en una postal más bien digna de Estocolmo que de Belgrano.
Mientras las cerámicas celestes y negras del suelo se cubrían rápidamente de copos, medité sobre el inusual suceso: ¿por qué esta no podía ser una mañana como cualquier otra? Seguramente esta sería una señal.
Miré a mi gato, resaltando furiosamente con su pelaje naranja entre todo ese blanco y me devolvió la mirada. Fue una conexión muy real la que tuvimos en esos segundos, claramente me quería decir algo, ¿él era el culpable de esto?
Noté que ayer no le había puesto comida y recordé que debía devolver una película al video club.
Las tostadas se quemaron y la nieve cesó.

Email me when Alejo Rodriguez publishes or recommends stories