Sobre primeras impresiones

Llega un mail que empieza con “we are pleased to inform you…” e instantáneamente dejás de leer. Es como si una nube blanca se apoderara de tu mente, un blanco como el de la página sin escribir, con tanta potencialidad que no sabés por dónde arrancar.

Después de como tres semanas de comprar, empacar-lo-que-se-lleva, guardar-lo-que-se-queda me fui de París y llegué a Erbil (Irak) un sábado a las 2:40 de la mañana. Puse mis valijas en un carrito y fui en busca de la segunda puerta en la que según la gente de RRHH me iba a estar esperando el chofer de la organización. Naturalmente, había una sola puerta: la que salía al calor.

Haciendo equilibrio para que el bolso carry-on no se cayera de la pila que ya formaban mis otras dos valijas, me acerco a un conductor con un cartel con un nombre que no era el mío y le explico sobre la segunda puerta. Muy amablemente, se ofrece a llamar al número de teléfono que me habían dado en la organización y logra hablar con el chofer (vamos a suponer que en kurdo) quien le confirmó que estaba en la famosa segunda puerta. Entonces me explica, señalando con el dedo en dirección a la única puerta, que para llegar tenía que seguir por esa calle derecho.

Con el mismo carrito y el mismo intento de equilibrio empecé a caminar en la dirección indicada en la espesa noche de no menos de 35°C. No habré caminado más de 50 mts. cuando empiezo a darme cuenta de que la segunda puerta no podía quedar por ahí. O que si quedaba en esa dirección estaba muy lejos para llegar caminando y cargando valijas excedidas de peso.

Ahí, cuando estaba empezando a hablar sola en voz alta y en español (si total…), un alma caritativa me ve la cara de no-puedo-ser-más-extranjera y me ofrece en su escaso inglés y mi nulo kurdo (y nulo árabe, y nulo turco) acercarme a mí y a mis petates a donde necesitara. Usando nuevamente un teléfono ajeno y las bondades transportativas de mi alma caritativa kurda logro dar con la ubicación de mi chofer. Si, en la segunda puerta.

Ya de camino al hotel en el auto con el conductor y otro pasajero de mi organización que sí había encontrado la segunda puerta, me entero del detallito que RRHH se había olvidado de mencionar: había un micro que conectaba el 1km que separaba la terminal adónde yo había llegado de la otra terminal (aka: “la segunda puerta”).

Detalles.