¿Dónde estás Santiago?

“¡Dejá de grabar y buscá a Santiago!”, gritaba un hombre de alrededor de 40 años a los fotógrafos de los diferentes medios de comunicación presentes, que se arremolinaban para sacar las mejores imágenes de la marcha que tenía como consigna “Aparición con vida de Santiago Maldonado”. Rojo de cólera, agitaba la mano cerrada en un puño, y los brazos de su pequeña acompañante intentaban retener su cuerpo de metro ochenta de alto; los que estaban a su alrededor no parecían percatarse de su desenfreno; todos estaban allí por lo mismo. Todos querían la aparición de Santiago con vida.

Eran las tres de la tarde del 1 de septiembre, un mes después de la desaparición, y la Plaza de Mayo era el escenario del humo de los puestos de los choripanes que se elevaba por los cielos y se combinaba con el de los fasos y cigarrillos. El olor de las hamburguesas y el humo se juntaban e impregnaban en el cabello y la ropa de todos los que pasaban por las calles que rodeaban la Pirámide de Mayo erigida en el centro del lugar.

“Santiago, ¿dónde estás? ¿Dónde estás, Santiago? ¡Santiago!”, gritaba un niño de ocho años, aproximadamente, que con sus manos alrededor de su boca formando una especie de megáfono, gritaba por la calle Bolívar frente al Cabildo y miraba hacia los costados como si hubiese perdido a sus padres.

Los cantos de grupos de personas con remeras azules y la cara de Santiago pegada en el pecho se hacían más y más fuertes, a medida que se aproximaban por el lado oeste desde las avenidas: Julio A. Roca, Roque Sáenz Peña y Avenida de Mayo. Los tambores aumentaban el volumen de sus golpes y le daban ritmo a los cantos que salían de las bocas de los que más tarde llenarían la plaza.

“No tengo de Santiago. No llegué a hacer. No da la economía”, le decía una vendedora de imanes, que tenía una alfombra repleta de imágenes pequeñas de Cristina Fernández de Kirchner o los pueblos originarios, a una mujer que asentía con cara avinagrada. Tres por el precio de $50; era la mitad del precio de una remera con la cara de la ex presidenta o un tercio de una remera con la cara de Maldonado.

Imanes con imágenes a $15.

Poco a poco los espacios de la plaza se empezaban a llenar de personas que comían hamburguesas o choripanes, mientras escuchaban a las bandas invitadas del lugar. A los alrededores, los artistas aprovechaban las circunstancias para demostrar su talento y pintar toda clase de retratos de Santiago o mensajes como: ¡Liberá a Milagro! ¡Justicia por Iara!

Mural hecho por Javier.

Las manos manchadas de pintura de diferentes colores se movían rítmicamente sobre un gran rectángulo de madera dibujando las letras <<S A N T I A G O>> con pintura blanca y finalizar el dibujo de la cara del joven desaparecido. “Pinté “Brujo” porque Santiago también pintaba murales y esa era su firma”, comentó el Javier, el dueño del mural con cara seria.

“¿Dónde está la gente que estaba con él? ¿Dónde están? ¿Nadie vio la camioneta? ¿Nadie vio la patente?”- son preguntas que surgen de la boca de Miguel Barbosa, un desempleado que no quería opinar, pero que tenía muchas dudas sobre el asunto, — “Yo no sé mucho, soy analfabeto. No terminé el colegio; no iba. Pero miro los noticieros y sé cómo ocultan la verdad, como callan”.

El reloj marca las 17.12 y todos los presentes comienzan a gritar: “¡Queremos a Santiago Maldonado ya! ¡Queremos a Santiago Maldonado ya! ¡Queremos a Santiago Maldonado ya!”.

“Conociendo todo… yo soy de la época de la dictadura… Yo creo que está muerto. Lo desaparecieron- opina Miriam, militante del partido comunista desde los 14 años- Instalan el miedo”; Y ruidos de una guitarra se imponen por sobre el resto de los sonidos para que una nueva banda toque sus canciones.

Roberto, también conocido como Beto “el capitán”, se había jubilado hacía un mes de su trabajo en el INAI, Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, junto a un compañero que levantaba un cartel y la bandera de los pueblos, contaba cómo sus ex compañeros hacían videos en honor a Maldonado. “Ni pensar que hace un tiempo yo estaba con ellos. Tengo un amigo, un licenciado en comunicación que trabaja con programas, y él dice: ‘Si en serio querían saber dónde estaba, rastreaban las llamadas y listo; asunto terminado’; Pero no. ¿Por qué te pensás que Movistar y las empresas no salen a decir nada?”

Video hecho por chicos del Instituto Nancional de Asuntos Indígenas.

La aguja del reloj marcaba las 18 y los sonidos de la campana de la Catedral resonaron en el lugar, y como si fuera un llamado de guerra, una multitud de personas apareció por la avenida Presidente Roque Sáenz Peña, provenientes del gran Obelisco. Así la plaza se fue llenando, hasta llegar al punto de que era más fácil quedarte en tu lugar que intentar moverte hacia otro lado, y eran más las personas que se sumaban a la incertidumbre: ¿Dónde está Maldonado?

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