La flaca de McDonald’s

Érika Suárez Llave

Sentada en el medio de un montón de bancos azules y acompañada de su compañeras infaltables: las galletitas, Érika, una pequeña y delgada joven, mira con ojos bien abiertos detrás de unos anteojos gigantes a la ropa de las chicas que pasan a su alrededor. Desde el Instituto Universitario del Hospital Italiano a la carrera de periodismo en la UCA, Érika Suárez Llave no deja atrás sus viejas costumbres: tener algo para comer a la mano.

Regalo de cumpleaños para “Eri”.

¿Mi comida favorita? … Difícil. El mondongo a la española –dice mientras sus manos se posan sobre su boca y los ojos se elevan hacia un costado para traer un recuerdo a la realidad. ­–Y de postre… una buena ensalada de fruta, pero natural porque si es de lata te la tiro y te fracturo la cabeza ­–Sin embargo, además de coleccionar en su billetera los stickers de Mcdonalds, que le dan cuando pide un combo personalizado, y de que los señores de la rotisería reconozcan el tono de su voz cuando va a comprar algo, Eri, como les hace llamar a sus amigas porque “Érika me dice mamá cuando está enojada”, tiene muchas manías más.

“En los veranos el ¼ de helado y un buen libro son infaltables”, dice mientras saca su billetera, ese rectángulo de estampado militar donde los recuerdos se amontonan en forma de tickets de las películas que iba a mirar con su novio todos los fines de semana. El libro favorito es Orgullo y prejuicio y el sabor de helado que no puede faltar es chocolate con almendras. Entre esas costumbres, no se puede obviar el salir cuando cortan el pasto para sentir el olor y escuchar Shakira cuando está pensativa y sentimental.

Amor por los animales. Ese amor se refleja en los tatuajes de sus piernas; en el muslo izquierdo, un perro con un tocadiscos y una estrella naranja, y en el derecho, un gato que parecer rasguñar su piel. “Duermo con mis gatos, porque creo en eso de que dormir con un animal llega a des estresarte”, comenta con los ojos brillantes, que muchas veces derramaron lágrimas al ver a alguno sufrir, como con Flaca, la perra que tiene de fondo en la pantalla de su celular que murió el 18 de marzo. Estamos en octubre.

Érika Suárez y su mamá Patricia.

-La que más lo sufrió la pérdida fue mamá, que lloró por semanas, pero yo me lo tomé como que en etapas. Patricia, su mamá, médica y adicta al ejercicio, donadora de un carácter explosivo, y su compañera de vida. Vivir bajo el mismo techo con alguien que comparte un carácter fuerte no siempre es fácil; pero desde los 13 años es su única compañera, desde el momento en que su papá se fue de la casa y quedaron solo ellas dos. Entre peleas y momentos tensos de estrés, la relación se fue consolidando, hasta el punto de que no pueden estar separadas; situación que se dio cuenta cuando fue a vivir a Capital y se volvió porque la extrañaba mucho. -¿Una anécdota linda?… Fue en Mar de Cobo, donde tenemos una casa. Llegamos a la madrugada con mamá y nos pusimos a caminar para ver el amanecer y desayunamos churros. Fue un momento de paz completa.

Ahora, se ríe al recordar otra situación: “Tenía ocho años. Había llovido todo el día y a la tarde paró. Tenía shorcito amarillo y remera blanca. Y me resbalé y manché toda mi ropa y una verdulera salió y me tiró un baldazo de agua”, cuenta y se ríe, y con las uñas pintadas color rojo carmesí agarra la última galletita del paquete naranja a su izquierda. La última Cerealita de ese paquete, que entra en su boca y es masticada lentamente; pero que no será la última.

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