La voz de la selección

Perfil de Valeria Lynch

“Todas van a llorar. Todas. Te aviso. Son tremendas”, avisaba una voz potente y alegre. María Cristina Lancelotti estaba feliz y con sus manos juntas bajo el mentón miraba a la cámara que estaba justo frente a ella mientras sonreía y guiñaba un ojo. El equipo entero la miraba sonriente, menos Pablo, su agente de prensa, que estaba atendiendo llamados en una esquina. Ella se preparaba y uno de sus fanáticos iba hacia la mesa en medio de la librería donde ella diría: “¡Hola, Cecilia, tanto tiempo! No, no, no me llores. ¿Van a llorar todos?”, la abrazaría, le firmaría el libro, sonreiría para la foto y se despediría de ella con una sonrisa gigante.

Sus ojos bien abiertos se dirigían a la siguiente persona en la fila y con una sonrisa decía el nombre del siguiente fanático que iba hacia ella. No necesitaba ayuda de nadie, su carisma, energía y memoria lo hacían todo. Con 65 años era la persona más radiante y enérgica en la librería y realizaba todo el proceso como si siempre lo hubiera hecho. Sin embargo, era la primera vez que esa extraña dama firmaba libros.

Portada del nuevo libro de Valeria Lynch.

“¡No puedo creer que esté acá! ¡Ay, Sofi! Mirá, mirá. Se mueve. Tenemos que hacer la fila”, decía Milagros con los ojos enrojecidos y el libro de su ídolo entre los brazos. Sofía Rechino, su amiga de 18 años, miraba sonriendo desde su metro cincuenta de altura al metro ochenta de la exaltada Milagros mientras esperaba su turno. Primero le tocó a Sofía, fanática del talento y humildad de la artista desde que la vio cantar en un show gratuito en Las Toninas en 2012. Un beso, abrazo, firma, foto, abrazo y adiós. Luego, fue el turno de Milagros.

Encuentro entre Valeria Lynch y Milagros.

-Ustedes tienen que ver la altura de esta chica… -hizo eco la voz de la cantante y una parte de Milagros se deshizo. Con lágrimas en sus mejillas y el libro abrazado a su pecho se despidió de ella y fue hasta su amiga.

-Sofi, Sofi, Sofi. Se acordó de mí. Me preguntó si era “Mili” con dos “i” por mi twitter.

-Y si le twitteás todas las noches, obvio que no se va a olvidar.

-Pero se acordó, es la mejor. Tiene una súper memoria con sus fans. Es humilde, talentosa y sencilla…

Autógrafo de Valeria Lycnh para Milagros.

“Te dije que iban a llorar. Son terribles”, les recordó mientras reía con sus dientes grandes y blancos y su cabeza se inclinaba hacia atrás, sus ojos se achinaban hasta el punto de que era imposible verles el color y su cabello rubio y enrulado serpenteaba por los aires. Pero ese rubio no siempre fue rubio y María Cristina Lancelotti no es conocida por ese nombre; su madre y todos los que la rodean la conocen como Valeria. Valeria Lynch.

Cuarenta y ocho años antes, cuando la reconocida cantante solo tenía 17 años y miraba Los Hermanos con la actriz Dora Baret que interpretaba a Valeria, decidió tomar ese nombre para el día en el que se convirtiera en famosa. Tenía la personalidad extrovertida y carismática de su padre, José Julio Lancelotti, la voz de su madre, María Antonia Spano y un sexto sentido que la ayudaría en el futuro artístico que vendría algún día y que ella esperaba con ansias y convicción.

Nació un 7 de enero de 1952 y empezó a cantar a la edad de dos años, según su madre, cuando vivía en su antigua casa de Villa Ortúzar. Con 14 años empezó a tomar clases de canto con Clara Calvo y de repertorio con Dante Giraldoni, a los 17 conoció a Norbeto Mazza en una academia de canto, quien sería su mentor y actual profesor en las Escuelas de Comedia Musical Valeria Lynch, empezó su vida profesional de la mano del Gordo Vergara y con Alejandro Romay hizo grandes pasos en ese mundo.

Se recorrió Buenos Aires con el grupo Expression, con quienes solía cantar covers de música soul en inglés. Sin embargo, el rock fue el género con el que más se identificó en su época adolescente de la mano de su grupo favorito: Pink Floyd. Su registro vocal mezzosoprano agudista y la canción Mau Mau llegaron a los oídos de Héctor Cavallero una noche en la que él le pediría que cantara en español y ser su representante. Desde ese momento, no solo seguiría avanzando su carrera, sino que la relación con Héctor florecería.

En 1977 trabajó con Antonio Gasalla, quien quería que ella fuera vedette y conoció a quien actualmente es su iluminador, Tito Romero. En 1981 fue a México y le dio vida al personaje de Evita, invitada por la discográfica Polygram. En 1982 interpretó a Evita en Argentina en medio de la guerra de Malvinas y su éxito empezó propagarse, desde el teatro Odeón a las demás personas.

- ¡Leo! ¡el cierre! -le gritaba a su asistente mientras subía por la rampa al primer piso del escenario en su traje de Dior para interpretar a Evita en el balcón del teatro Madero Tango.

- ¿Cómo el cierre?

-La parte de arriba…

-Yo te agarro -le contestó el joven, quien estuvo cinco minutos agarrando el cierre del vestido mientras el tul lo tapaba de los ojos del público y ella interpretaba su papel.

De Villa Ortuzar a Carnegie Hall, Valeria fue trazando su camino, eligiendo los proyectos que le agradaban y rechazando los que no le cerraban. Un periodista del The New York Times la vio cantar y escribió una nota donde la comparaba con las cinco mejores voces que había oído, entre ellas: Whitney Houston y Barbra Streisand. Ahora firma sus libros: Las historias de mi vida. Valeria Lynch. Esa extraña dama con una birome negra entre sus dedos largos y delgados donde se encuentra un anillo que no se lo quita desde que un brujo se lo dio.

“Ninguno de mis amigos sabía que me llamaba Cristina. Estábamos en Mar del Plata cuando jugaron al juego de la copa y preguntaron por Cristina. Pregunté quién era y me contestó que era una niña que murió a los 17 años por falta de glóbulos rojos y que se quería comunicar conmigo porque no creía y ella quería que creyera que estaba allí. Yo seguía sin creer, pero la puerta que estaba detrás de mí se abrió y estaba cerrada con llave, las luces de la casa empezaron a titilar, pero no había focos. El fantasma puso en la ouija 38 y escribió “guía” y “Cristina”. Fui a un numerólogo que me dijo que el 38 eran las piedras, los mellizos y significa introspección, intuición y el mundo espiritual”, cuenta en las páginas de su libro. El anillo vino como amuleto de protección y ella no se lo saca “por las dudas”.

- ¿Qué tiene el número 38 que es tan importante? -le pregunta un periodista.

-Y, el 38 es número que se fue apareciendo en los momentos más importantes de mi vida… Pero no quiero contarles nada porque todo está en el libro que está contado muy bien y de manera muy liviana, como soy yo -le responde Valeria.

- ¿Cómo surgió la idea?

-Había muchas cosas que me había guardado y que a lo mejor era interesante para los que iban a leer. Lo interesante es que una fan escribe en cada capítulo del libro una historia que tiene que ver conmigo.

Su risa resonaba en el lugar, una risa fuerte y segura que llamaba la atención de los que estaban leyendo; pero no siempre llamó la atención de los que la rodeaban y aunque no es vengativa, siempre se cobraba de alguna manera los malos ratos que le hacían pasar. Hay dos situaciones que provocan una sonrisa triunfal en su rostro hasta el día de hoy. La primera, fue cuando un periodista español de EFE España no la quiso entrevistar porque su atención estaba puesta en hacer una nota a La Toya Jackson, una de las favoritas para el premio Gran Prix. “Cuando gane no te voy a dar una entrevista”, le contestó una Valeria envalentonada, quien se llevó el premio a su casa y no le dio la mencionada entrevista. Y la segunda, fue cuando conoció a su ídolo Toquinho, a quien siempre admiró, y que respondió a sus comentarios con un “Sí, sí… ahora nos vemos”. Era la época de los 90 y en Nápoles Maradona era el rey admirado por todos, incluido Toquinho, y fue a encontrarse con Valeria. Ella le comentó al padrino de su hijo más chico que Toquinho, quien quería charlar con él, le había hecho pasar un mal rato y Maradona decidió no ir a verlo. “Diego me dio una mano tremenda”. Pero ese favor ella se lo devolvería con un “Me das cada día más” en el mundial que la selección ganaría en México 86.

- ¿Qué le podés decir a la selección que juega mañana y que está por quedar fuera de Rusia 2018? ¿Cantarías un “Me das cada día más”?

- No… lo de la canción lo inventaron los periodistas deportivos por lo del mundial del 86. Piensan que yo les di suerte para que ganaran.

-Pero ¿le podés decir algo a los chicos de la selección?

- Bueno chicos, por favor ganen. Lo más importante no siempre es ganar, pero por favor, por favor. ¡ganeeennn! -les pidió Valeria a los jugadores desde esa biblioteca, con sus manos juntas en forma de súplica y los ojos bien abiertos, anhelantes.

Valeria siguió con la firma de los libros hasta el final con una sonrisa de oreja a oreja inconsciente de que Argentina ganaría 3- 1 en el partido que se jugaría al siguiente día. Ella estaba feliz, pero su intuición no le avisó, esta vez, que le daría un “día más” a la Argentina y siguió firmando sin un “Te aviso” de alguien.

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