Decidí hacer un ejercicio de traducción al español de la linda poesía de Viviane Mosé. Abajo está la versión original.

Prosa patética — Viviane Mosé

Nunca fui de sentir envidia, pero de un tiempo para acá he sentido.

Las manos entrelazadas de los amantes me han quitado el sueño.

Ayer deseé con todas mis fuerzas ser la muchacha del supermercado.

Esa que habla del novio con tanta ternura.

Hasta de las peleas he estado sintiendo envidia.

Mi vecino gritando con la mujer, en la casa llena de niños,

Siempre queriendo, queriendo.

Me han dicho que la soledad es una señal que es para siempre.

Confieso que me gusta el espacio que es ser solo.

Esa extensión, anchura, páramo, llanura, planicie, región.

Sin embargo, la suma de las horas despierta siempre el recuerdo

Del aliento caliente del otro. La voz, el vicio.

Hoy anduve como loca, quise gritar con la soledad,

Expulsar de mí esa Ave María celosa.

Madona sedienta de versos. Pero sentí miedo.

Miedo de que al salir llevara la inmensidad donde me acuesto.

Ausencia de espejos que disuelve la falta, la debilidad, la pereza.

Y me hace viento, piedra, desembocadura, botonadura y silencio.

Sentí miedo de perder el estado de verso y vacío,

Donde todo es grave y único. Y me mantuve quieta y muda.

Y más que nunca sentí envidia.

Envidia de quien tiene vida discreta, de quien no es poeta

Ni piensa esas cosas. Quien simplemente ama y es amado.

Y lee el periódico el domingo. Come pudín de leche y dulce de calabaza.

La mujer que se embaraza porque le gustan los niños.

Para mí todo encierra la gravedad prolija de las palabras: madrugada, madre, Ómnibus, ojos, se desabrochan en capas de sentido,

Y resuenan como gongs o latidos de iglesia en mis oídos.

Me escurro entre palabras, como quien navega en un barco sin remo.

Un flujo de líquidos. Un cóncavo silencio.

Clarice dice que su función es cuidar del mundo.

Y yo, que no soy Clarice ni nada, fui mal forjada,

No tengo buenos modales ni cuna.

Que escribo en un tiempo donde todo ya ha sido dicho, cantado, escrito.

¿Qué me puede decir el silencio que ya no haya sido dicho?

¿Yo, cuya única función es lavar palabra sucia,

En este fin de siglo en el que la incertidumbre decide?

Yo quiero que la soledad me olvide.


Prosa Patética — Viviane Mosé

Nunca fui de ter inveja, mas de uns tempos pra cá tenho tido.
As mãos dadas dos amantes tem me tirado o sono.
Ontem, desejei com toda força ser a moça do supermercado.
Aquela que fala do namorado com tanta ternura.
Mesmo das brigas ando tendo inveja.
Meu vizinho gritando com a mulher, na casa cheia de crianças,
Sempre querendo, querendo.
Me disseram que solidão é sina e é pra sempre.
Confesso que gosto do espaço que é ser sozinho.
Essa extensão, largura, páramo, planura, planície, região.
No entanto, a soma das horas acorda sempre a lembrança
Do hálito quente do outro. A voz, o viço. Hoje andei como louca, quis gritar com a solidão,
Expulsar de mim essa Nossa Senhora ciumenta.
Madona sedenta de versos. Mas tive medo.
Medo de que ao sair levasse a imensidão onde me deito.
Ausência de espelhos que dissolve a falta, a fraqueza, a preguiça.
E me faz vento, pedra, desembocadura, abotoadura e silêncio.
Tive medo de perder o estado de verso e vácuo,
Onde tudo é grave e único. E me mantive quieta e muda.
E mais do que nunca tive inveja.
Invejei quem tem vida reta, quem não é poeta
Nem pensa essas coisas. Quem simplesmente ama e é amado.
E lê jornal domingo. Come pudim de leite e doce de abóbora.
A mulher que engravida porque gosta de criança.
Pra mim tudo encerra a gravidade prolixa das palavras: madrugada, mãe, Ônibus, olhos, desabrocham em camadas de sentido,
E ressoam como gongos ou sinos de igreja em meus ouvidos.
Escorro entre palavras, como quem navega um barco sem remo.
Um fluxo de líquidos. Um côncavo silêncio.
Clarice diz que sua função é cuidar do mundo.
E eu, que não sou Clarice nem nada, fui mal forjada,
Não tenho bons modos nem berço.
Que escrevo num tempo onde tudo já foi falado, cantado, escrito.
O que o silêncio pode me dizer que já não tenha sido dito?
Eu, cuja única função é lavar palavra suja,
Neste fim de século sem certezas?
Eu quero que a solidão me esqueça.

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