No se aprende a la primera.

Siempre lo mismo pero en diferentes rostros, ojos, bocas. Año tras año es el mismo discurso: – “Tatiana, deja de tener miedo”
Pero ya me harté.
Me harte de que me vengan a hablar de lo que yo muy bien sé. Me harte de que crean que no lo sé. Me harte de que hablen sin saber por qué. Me harte de la falta de empatía, la falta de ponerse en mis zapatos y entender que para mí no es tan fácil. Mira, muy completo tu sermón pero eso no va cambiar un carajo, he cargado con esto desde que nací.
¿Crees que no me doy cuenta que el miedo me ha limitado toda mi vida? ¿Crees que no me doy cuenta de lo mucho que me ha quitado? ¿Crees que es placentero ver cómo me pierdo de todo porque me da miedo que me quiebren pedazo por pedazo de nuevo? ¿Crees que todo esto se me va a quitar porque vengas un día a contarme tu historia de como jamás has dejado que el miedo te gane?
Lo he intentado. Con las pocas fuerzas que tengo, de corazón he querido y nunca he podido. Me paraliza. Me carcome. Me minimiza. Y ha llegado a anularme.
No, no es tan fácil “dejar de tener miedo”.
