40 años de ‘Rumours’, de Fleetwood Mac.

En la célebre portada de ‘Rumours’, Stevie Nicks canaliza a Rhiannon, la figura de la mitología Galesa a la que escribió el famoso tema del mismo nombre. 15 cm más abajo (fuera de plano) dos pelotas cuelgan de Mick Fleetwood.

Ésta es seguramente la única ocasión en la que me expongo voluntariamente a las pestes de dos relaciones turbulentas escuchando simultáneamente a sus afectados y afectadas. Esas pestes cumplieron 40 años este mes de febrero. ¿Las felicitaste?

Las historias alcanzan el galardón de clásicos cuando pueden ser contadas décadas o siglos después y mantienen su mensaje dejando de lado elementos más concretos o temporales de la narrativa. Por ejemplo, a pesar de que hoy en día no conducimos elegantes Terraplanes de 1933, entendemos al viejo Robert Johnson cuando afirma que va a subir el capó a su chica y comprobar sus niveles de aceite. El mensaje debe volar por encima de los accesorios.

Fleetwood Mac, antes de convertirse en el Kraken tragaestadios de finales de los 70 en adelante, fue un grupo británico de blues rock capitaneado por Peter Green, un guitarrista cuyo tono era el único que “hacía sudar” a B. B. King, según el propio Rey del Blues. Green tocaba en el grupo con, entre otros, Mick Fleetwood (batería) y John McVie (bajo), de los que sacó el nombre de la banda (“Fleetwood”+ “Mc”).

Si bien los Fleetwood Mac de Peter Green gozaron de su parcelita de prestigio (anotaron un número 1 en el Reino Unido, ‘Albatross’), durante esa etapa el grupo no experimentó nunca la fama que sí tendría en su etapa late 70s y 80s. ¿Qué propició ese cambio de dirección? El agujero de gusano en la historia de los Fleetwood es muy profundo (puedes adentrarte en él aquí, si quieres), pero en resumidas cuentas:

Cosecha propia.

Long story short: el grupo aparta a Green, tantea a varios integrantes (Bob Welch entre ellos) pero al final ficha en 1974 a la pareja (romántica y artística) formada porLindsay Buckingham y Stevie Nicks.

La llegada de la pareja (ambos intérpretes y también compositores) cambió la dirección musical de los Fleetwood. La alineación del grupo en 1975 (la definitiva para muchos, como la Mk II de Deep Purple) contaba con Fleetwood en la batería, McVie en el bajo, su mujer Christine, que se había unido en 1970, a los teclados, Buckingham a la guitarra y él mismo y Nicks como vocalistas. Este lineup fue el encargado de publicar Fleetwood Mac ese mismo año, disco que ya arrojó exitazos como ‘Rhiannon’, ‘Landslide’ o ‘World Turning’. Pero sería con Rumours que Fleetwood Mac lo petarían a nivel internacional.

“I can stiiiiill hear you saying you would NEVER break the chain”

Sacar un segundo disco a la altura de un debut exitoso es una de las metas más difíciles para un grupo con el foco puesto encima. De los Fleetwood originales sólo quedaban los apellidos de Mick y John, por lo que un siguiente trabajo a la altura de su disco de 1975 (su debut a efectos) era obligatorio.

Como adelantaba en la entradilla, Rumours (Warner Bros., 1977) son los preciosos escombros sentimentales de una debacle amorosa en grupo. Analicémoslos en esta impresionante infografía de cosecha propia:

¿Infografías sobre líos de faldas en un grupo de los 70 con emojis? ¡ACIERTO!

Buckingham y Nicks, que cuando se unieron al grupo en el 74 ya estaban enfadados, se convirtieron el músculo creativo de la banda junto con Christine McVie. Ella a su vez se acababa de divorciar de su marido John (el bajista) por el amor de éste a la botella. McVie, en busca de un compañero quizá más atento, escribió ‘Oh, Daddy’ presuntamente dirigida a Mick “Sí, el batería” Fleetwood. Y Mick, por su parte, tenía jaleo en casa, ya que su mujer se veía con su mejor amigo, que había militado en el grupo (sí, Fleetwood Mac) en 1973. Y así.

Uno sólo puede imaginarse la tensión y la fricción que durante un año y un millón de dólares su pudo acumular en los estudios Record Plant entre discusiones, riñas de pareja, fiestones, empaches de cocaína y autocomplacencia a lo 1977.

Hay prueba de ello ya en la primera frase del primer tema, ‘Second Hand News’ , en el que Buckingham, su compositor, da por perdida su relación con Nicks al no resignarse a ser su segundo plato. El grupo escogió esta canción como apertura del álbum por marcar de forma clara el tono y el contenido del disco: puyitas entre exparejas, melodías infalibles, foco en la sección de ritmo y un gusto para los arreglos fuera de serie. Es un cóctel de despecho, desengaño, cabreo y declaraciones de intenciones en la forma de efectivas fórmulas poperas: contraposición de ritmos alegres con mensajes de bajón, uso de armonías vocales entre parejas rotas y empleo de potentes estribillos pegadizos.

Bajo este clima de creación el grupo concibe piezas como ‘Go Your Own Way’, puñal motorizado de Buckingham a Nicks que has escuchado en la radio desde que tenías 8 años, o ‘I Don’t Wanna Know’, un ‘se acabó’ en toda regla envuelto en un ritmo feliz y una línea de bajo juguetona. También juguetona es ‘Never Going Back Again’. Con una duración de 2:14 minutos, está construida sobre una saltarina melodía de Travis picking en guitarra acústica marca de la casa Buckingham. Corta y redonda, la canción es el guitarrista rechazando caer en el juego con Stevie Nicks en un estilo que recuerda a una rima infantil.

Algo más oscura es la mencionada ‘Oh, Daddy’. Escrita por Christine McVie, está supuestamente dirigida, como decía, a Mick Fleetwood y expone lo que siente por ese ‘Daddy’: un tipo de amor platónico, alejado, casi desanimado y súper autocrítico entre lentitud, riffs de bajo y punteos metálicos y lejanos.

Pero en una jaula de grillos con los sentimientos a flor de piel también hay lugar para la esperanza. ‘You Make Loving Fun’, parida completamente por Christine McVie, emplea una base de piano eléctrico disco estilo ‘Superstition’ para acompañar un mensaje aparentemente guay: alguien hace que amar sea divertido para ella. Lo que pasa que esto es Rumours y la canción está escrita sobre el ingeniero de luces del grupo, mientras que su ex-marido se ocupa del bajo. Oops.

De la propia McVie sale ‘Don’t Stop’, el pequeño rayo de luz optimista en el disco, obligatoriamente vestido de temazo pop y que también has escuchado en radiofórmula miles de veces. Sabe mal decirlo, pero ‘Don’t Stop’, aunque pegadiza, es el momento Mr. Wonderful del disco: un poco el eslabón débil.

Y es que apenas tiene sentido comentar cuáles de los cortes de Rumours que han poblado más las emisoras de todo el mundo y por qué. No es un disco del que puedas marcar 2 o 3 temas como singles: el legado del disco son 11 composiciones que, si bien juntas dan forma al discazo, individualmente retienen la fuerza necesaria para haber podido ser sencillos.

‘Dreams’ sí es una auténtica roca. Uno de los más célebres temas de Stevie Nicks y un despliegue de sutileza en cuanto a arreglos y detallitos. Transmite de nuevo esa idea anterior de resignación y dejar pasar, no sin dejar caer la puyita de rigor: “when the rain washes you clean you’ll know”, básicamente, ‘a cada cerdo le llega su sanmartín’. Evidentemente, a los coros estaba ese ‘cerdo’, su novio.

Más profunda y contemplativa que el resto de canciones del disco es ‘Songbird’. Escrita e interpretada de nuevo por Christine McVie al piano, fue grabada en un auditorio para convertir la amplitud del sonido del instrumento en parte del mensaje de amor aislado que transmite la canción. En ella, McVie elogia a un grupo de pájaros cantores que entonan ‘como si conocieran la partitura’. Me la imagino escribiéndola tranquilamente mientras sus compis se tiran vasijas por la cabeza en plena discusión desde la otra parte del estudio. ‘Songbird’ es otro de los ejercicios optimistas o constructivos del disco libres al 99% de sarcasmo y cierra la cara A del álbum en plan “vale, reposa, que aquí viene más chicha”.

La chicha, al menos para mí, llega en la cara B con la icónica apertura de ‘The Chain’ y el cierre por todo lo alto con ‘Gold Dust Woman’.

La primera es el Bohemian Rhapsody al uso de este disco. Construida de forma frankensteiniana de ideas y retales, es una de las pocas canciones de los Fleetwood Mac con los 5 integrantes del grupo acreditados.

“CHAAAAAINS… KEEP US TOGETHER!”. Buen detalle, ¿no?

Quizá por ello ‘The Chain’ podría ser la quintaesencia del disco y de los Fleetwood definitivos en general. Arranca con unos misteriosos arpegios de dobro entorno a un bombo seco como la mojama hasta que el poder armónico vocal de Buckingham, Nicks y McVie comienza a llenar de carne ese esqueleto. Decía que ‘The Chain’ es el Bohemian Rhapsody de Fleetwood Mac en el sentido de que es capaz de extender el mismo mensaje que viene repitiéndose en la cara A, en tres pasajes diferenciados, progresivos y coherentes. La introducción expone el tema de prometer el oro y el moro y luego desaparecer de forma lírica y más dispersa, pero cuando entra el ritmo en escena, se torna mucho más personal y bajadita a la tierra. Cuando el mensaje nos queda claro, todo se para y entra en escena una de las melodías de bajo más top de la historia de la música pop. El famoso riff de ‘The Chain’, que comienza como una amenaza, acaba liderando el frenesí rockero del tercer y último pasaje, que quizá conformándose con lo que son las cosas, acaba reconociendo que una cadena les mantiene unidos. Eso amigos, eso, es tener buen gusto para los arreglos.

Y si ‘The Chain’ es el extracto puro creativo de la pestes de esas relaciones turbulentas en forma de locomotora, la clausura del disco es la calma después de la tormenta, la bajona. ¿Qué pasa cuando las luces se apagan?

Decir que ‘Gold Dust Woman’ es uno de los cortes más íntimos y oscuritos del disco sería como decir que “gold dust” significa “heroína”: obvio. Cuando decía que el amor de estos Fleetwood por los arreglos delicatessen no tenía mesura, me refería exactamente a que seguramente (y aquí me estoy viniendo arriba) la música de la canción está completamente basada en esa nota disonante en el motivo principal de guitarra. Me vengo aún más arriba si digo que, igual que ese acorde intenta sin suerte convertirse en otro, la narradora de la letra tira la toalla y se entrega a su ruina personal. En su espiral hacia abajo tiene tiempo de hablar de amantes patéticos y de cómo la hacen llorar, tener ataques y destrozar sus ilusiones amorosas mientras uno de ellos efectivamente le pone los coros.

No sabría decir si es honestidad o profesionalidad, pero que esta gente se sentara con sus parejas y ex-parejas a escribir temas contra ellos es lo que le da al disco esa cualidad de transparente. Y no es que pasaran por alto esos jaleos para centrarse y escribir buena música, si no que se sentaron a la mesa, escribieron sus penan en cinco papeles y los clavaron cada uno con un puñal.

Y esto no es mitomanía. Lo que hace grande Rumours no son las sombras, sino las luces. No lo que callan misteriosamente o maquillan con metáforas rebuscadas, sino los dramas y rolletes que reconocen abiertamente y hasta convierten en melodía.

¿A que ha valido la pena el rollito Salsa Rosa para entender este disco?