La emoción de la aventura, el recuerdo de la explosión de adrenalina, la contemplación absorta ante el espectáculo desconocido y la obtención de tesoros, fama y riqueza, son y han sido el combustible que ha impulsado a las expediciones inolvidables.

Mucha gente desconoce que este paraíso al sur de la península, que se creía que era una isla, es donde se recibe originalmente el apelativo de California. Fortún Jiménez Bertandoña, primer europeo en dejar su huella en estas playas, comandaba por fuerza al navío Concepción. El navegante rebelde tras amotinarse y asesinar a su capitán, luego de abandonar a los sacerdotes franciscanos y a los leales al capitán en la costa “a la buena de Dios”, se tropezó con esta tierra nueva.
La lectura de libros de aventuras era la principal fuente de información y como ahora en las novelas, se entretejían datos verídicos con relatos fantásticos. Así, entre renglones surge la Isla de California a un costado del Paraíso Terrenal, habitada por morenas y robustas amazonas cuyas armas estaban confeccionadas en oro y que obedecían a la Reina Calafia, como se registra en Las Sergas de Esplandián, de Garcí Rodríguez de Montalvo. Por tanto, no es de extrañar que Fortún y sus secuaces al arribar en estas playas, creyeran identificar en las altas y semidesnudas morenas a las amazonas de Calafia y sin la supervisión de los clérigos dieron vuelo a sus más impúdicos instintos, para luego despojarlas de sus adornos de perlas y conchas. Entonces aparecieron los guerreros pericúes que defendieron a sus mujeres y su territorio. Fortún, seguramente sorprendido ante la falta de apego a la trama del libro, pagó la osadía con su vida. Fueron pocos los españoles que sobrevivieron y en el Concepción volvieron a tierra firme para informar sobre la isla descubierta, los tesoros y el trágico fin de la aventura.
La avaricia motivó la competencia despiadada entre los principales imperios europeos por encontrar una ruta marítima alterna rumbo a las Indias Orientales, específicamente a las Islas Mo lucas, localizadas en lo que actualmente es Indonesia. La ruta principal pertenecía a los portugueses, establecida por Vasco da Gama, quién marcó el camino alrededor del África, bordeando el Oriente Medio y la India, para llegar al destino anhelado. A esta búsqueda desesperada se deben muchas de las aventuras más increíbles en los viajes de exploración marítima. La referencia al Estrecho de Anián nos da una idea del desconocimiento geográfico de la época y aparece en las descripciones de Los Viajes de Marco Polo como una posibilidad de llegar al Oriente por un camino alterno. Se creía que ese estrecho se encontraba al norte de la Isla de California.
Entre las travesías más famosas por aguas del Atlántico Norte, auspiciado por la corona inglesa, el navegante genovés Giovanni Caboto se lanzó en la búsqueda del mismo pasadizo secreto y terminó su trayecto desembarcando en la Isla de Terranova (hoy Canadá), pensando que llegaba a las costas de Cipango (Japón) y existe la posibilidad que haya tocando tierra firme del nuevo continente años antes que Cristóbal Colón.
Financiado por los reyes católicos con el mismo propósito, Cristóbal Colón, encabezó 4 expediciones que no lograron su objetivo, aunque dotaron al Imperio Español de sus principales colonias de ultramar.
Años después, el navegante portugués Fernando de Magallanes, propone una ruta diferente buscando el pasadizo a Las Molucas por el sur del nuevo continente y debido a las restricciones del Tratado de Tordesillas se asocia con el Rey Carlos I de España. Magallanes tras haber descubierto el estrecho que lleva su nombre, pierde la vida en las Islas Filipinas luchando contra los nativos. Los supervivientes logran llegar a Las Molucas bajo las órdenes del español Juan Sebastián Elcano, quien decide volver a casa por la ruta mejor conocida, la portuguesa. Con tan sólo 18 sobrevivientes de los 234 que zarparon, termina la accidental circunnavegación de la tierra.
Innumerables historias de caballería alimentaron la imaginación de cientos de jóvenes hidalgos que soñaban con la oportunidad de descubrir ese camino secreto y de paso hallar los tesoros de las 7 ciudades de oro de Cíbola y Quivira, las riquezas de la ciudad perdida de El Dorado, la Fuente de la Eterna Juventud y otros reinos míticos descritos al otro lado de la mar insondable, entre peligros y misterios, en los libros de aventuras. Ante lo desconocido todo parecía posible.
Hoy en día, usted puede planear su aventura a Los Cabos ajustándose al tiempo disponible y a los gustos y afinidades de la familia para disfrutar de unas inolvidables vacaciones, pero no son pocos los que dan rienda suelta a su instinto explorador y se lanzan a recorrer toda la península para encontrar su playa desierta o descubrir el sitio mágico que capture su imaginación y sus sentidos.

Tendencia El Arte de Viajar, edición Mar de Cortés
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