Voy a mi ritmo ¡Y eso está bien!

Hay quienes dicen que el estado natural de la vida es la estabilidad, el equilibrio.

El organismo necesita estabilidad en sus condiciones internas como temperatura corporal, presión sanguínea, niveles de glucosa y de electrolitos y otros más. Adicionalmente, como dice George Leonard, los seres humanos mantenemos equilibrio en el diario quehacer, bañarnos, vestirnos, comer, llamar a nuestros familiares, etc. El equilibrio es necesario y útil, en la medida que entramos consciente o inconscientemente en esas rutinas la vida sue vuelve “más fácil”, somos capaces de conducir sin necesidad de mirar la palanca de cambios o el pedal del freno y eso aporta al placer de conducir.

Entonces ¿Qué es ese cuento del cambio?

En la vida, pasamos de bebés a infantes, a niños, a adolescentes, a adultos, a viejos y a ancianos. Algunos pasamos de solteros a casados y otros inclusive de regreso a solteros. Cambiamos de gustos, cambiamos de vecindario, adoptamos tecnologías y como dicen, vamos con la corriente, en el mejor de los sentidos por supuesto. En cada etapa encontramos un nuevo orden y ese nuevo orden es el nuevo equilibrio a partir del cual arrancamos con el otro escalón.

National Geographic decía hace unos años “El gran reto de todo hombre es vencer su último gran reto” inspirador ¿cierto? ¡El cambio está en nuestra esencia!

En mi concepto dos de las características que han favorecido a la raza humana son, por una parte nuestra capacidad para vivir en cualquier lugar, desiertos congelados, desiertos ardientes, el mar, la montaña, la selva, la ciudad; y por otra que comemos de todo, vegetales, frutas, carnes, carbohidratos. Somos animales muy versátiles y nos adaptamos fácilmente, tenemos disposición y necesidades de cambio. Los demás animales son muy específicos en sus dietas y en sus ambientes. Nunca verás un león viviendo plácido en el polo ni verás un canario comiéndose a un ratón.

Somos seres dinámicos y cambiamos. Hasta ahí vamos bien, pero ¿cómo se debe hacer?

Un consultor me enseñó hace algunos años “no se hace lo que se puede, se hace lo que se debe”

¿Por qué tan afanados?

En la sociedad actual hay un afán desmedido para “crecer”, “progresar”, “ser exitoso”, se nos dice que sin metas claras y “ambiciosas” estamos perdidos y llegaremos fracasados a nuestro lecho de muerte. Se nos dice que debemos hacer cambios importantes todo el tiempo, que debemos desarrollar hábitos adecuados a nuestros “proyectos” y que tenemos 22 días para hacerlo, eso sí, si interrumpes un día debes empezar de nuevo. Y empuje y empuje y empuje. Te debes echar el mundo al hombro.

A propósito, ¿se han dado cuenta que el único animal que se afana es el ser humano? Los demás solo apuran el paso cuando están por convertirse en el almuerzo de otro.

Los cambios más eficientes son los que toman tiempo y dedicación, repetición, ensayo y error. Estos son los que permiten encontrar nuevos equilibrios que son sólidos. Nada se hizo de la noche a la mañana, todo ha sido el resultado de pequeños pasos. ¿Recuerdan aprender a bailar? Cuántas fiestas, cuántas parejas, cuántas clases, cuánta práctica, cuánto disfrute. Aprender a jugar en el Play Station, muchas muertes, muchas vidas, comienzos y caídas, y muchas alegrías al pasar de mundo en mundo hasta rescatar a la reina. De bachiller a profesional, largas noches estudiando y leyendo, tareas, exámenes, logros y aprendizajes hasta ser el Licenciado reconocido en el gremio.

Lo que asusta del cambio no es la tarea es el tamaño del cambio

Una gallina buscaba empleo, en el primer gallinero le dijeron que su tarea era poner 365 huevos en el año, entró en pánico y salió corriendo, “Que tarea descomunal ¡¡¡365 huevos!!!”. En el segundo gallinero el requisito era poner 30 huevos al mes, “¡NO! ¿Qué piensan que soy? ¿Una máquina o qué?”, dio la vuelta y se marchó. Entró en el tercer gallinero y el hombre le dijo “debes poner un huevito cada día” y la gallina dijo “¿Uno no más? Eso sí soy capaz” y se quedó feliz.

En fin, sí cambiamos, un gran SÍ, pero los cambios GRANDES y ¡para ya! solo traen penas y frustraciones, el secreto está en poner un huevito al día, con eso, al final del año has puesto 365.

Inspirado en The Paradox of Behavior Change de James Clear.