¿Qué es el éxito?

¿A dónde voy?

Recuerdo como el 2015 empezó, lleno de zozobra, incertidumbre e impaciencia pero sobretodo estaba cargado de un nerviosismo diferente, como si mi inconsciente supiera lo que estaba por venir, lo que estaba por vivir, lo que estaba por aprender y lo que me iba a sacudir.

Un vaivén de emociones cargado de dosis de nervios a flor de piel, ¿Es este mi año? ¿el mítico y calculador año 27? resonaba en mi cabeza muy a menudo.

Sobraron momentos de agotamiento mental, si, ese agotamiento que te ataca cuando tratas de ver las cosas de manera diferente, si, el mismo que te dice que no vas a poder, el que te lastima y te orilla a perder el pensamiento positivo y energico que por años te caracterizo. De pronto todo lo ves monotono y en escala de grises, pierdes interés por las cosas y las mismas que le dieron sabor a lo que hacías, ya no te saben igual.

Por años el optimismo siempre me inundo y, aunque siempre he sido precavido, la paciencia no es la mejor de mis virtudes, esta misma es la que me dio la lección mas fuerte en este caótico y grandísimo año.

Me cuesta trabajo pensar que soy al único que ha pasado por una “crisis” emocional-psicologica a sus casi 30’s. Pensar en el ‘éxito’ como una medición para saber que vas por buen camino, que has tomado buenas decisiones y que viene lo mejor. Pero, ¿y si no logro hacerla? ¿y si en el intento todo me sale mal? ¿y si no estoy preparado para tener una familia? ¿y si aún no es el momento?

¿Qué es el éxito?
¿Acaso basta con tener un buen trabajo y disfrutar el mismo?
¿Formar una familia? ¿Tener ‘suficiente’ dinero? 
No lo creo. Es complejo.

A veces no basta en el trabajo entregar buenos resultados de acuerdo a objetivos, tampoco basta con proponer nuevos caminos que permitan a la empresa seguir por el trayecto de la victoria y mucho menos basta con tener un pensamiento disruptivo.

No basta con salir y disfrutar una velada con tu novia, con el amor de tu vida, a la que un año antes le pediste que se casará contigo.

No basta con ‘estar’ 1 hora con tus padres, con compartir alimentos y experiencias del día a día. No basta con un Domingo por la tarde de una buena charla.

El éxito es más íntimo, más tuyo, más puro, te genera unas ganas por querer seguir aprendiendo, creciendo y amando la vida y lo que esta trae consigo.

No basta con decirlo, hay que vivirlo. Para mi “fortuna” vivo en una ciudad llena de apariencias, donde la sociedad te valora más por lo que traes puesto, por quienes son tus amigos y en donde trabajas, que por lo que realmenre eres. Trabaja duro, muy duro y más duro. No lo hagas.

Ojalá pudiera escribir que eso no me afectaba, pero si, si me afecto. Tener que seguir trabajando por las noches para lograr algo y compensar mis desvelos (entre otras cosas) con dinero, no es ni cerca a lo que hoy llamo éxito. Para muchos quizás suena lógico pero cuando ya no tienes tiempo para tener un momento de calidad con tu familia, con tu novia, contigo mismo, sabes que algo esta mal.

Por consecuencia la presión que yo mismo ejercía hacia mi persona era tal que mi cuerpo me empezo a gritar que tenía que hacer una pausa o me podía ver afectado de muchas maneras. Y así paso, mi salud mental, física y emocional se vio mermada. Un médico y nada, otro y tampoco, ¿un neurólogo? Quizás era mas la desesperación de no poder darme cuenta que los síntomas en mi cuerpo eran consencuencia de acciones en mi pasado inmediato los que me tenían atado a pensamientos oscuros, sufridos y pesimistas.

Por fortuna fueron solo 3 médicos y me decidí a hacer algo que tenía tiempo pensándolo, “es hora de visitar un psicólogo”, me dije y medité por varios días. Se llego la hora, 18 horas en punto y me encontraba frente a la puerta de un consultorio, tocando sin saber lo que estaba por venir. Después de 2 horas de consulta, de introspección guiada, de regaños y valoraciones, supe que hacía tiempo que había dejado de disfrutar lo que venia haciendo, y por el contrario, el estrés era cada ves mayor, me estaba consumiendo y gobernando por igual.

Estaba claro, la situación no iba a cambiar si yo no cambiaba, si no empezaba por preocuparme por mi, después por mi y al final por mi, esto no cambiaría. Es así, el cambio empieza de uno hacia afuera y no al revés. Las grandes oportunidades no caen del cielo y los planetas no se acomodan a tu favor. Punto.

Las oportunidades tu las creas, tu las persigues, las buscas y las encuentras. Claro que es difícil, pero hasta hoy, ¿alguien dijo que la vida fuera fácil?

¿Cuándo deje de divertirme y empecé a estresarme? ¿Cuándo deje de dsifrutar de las cosas simples de la vida? ¿Por qué no supe darme cuenta? ¿Qué cambios tenía que hacer ya y no esperar?

Nota mental: nadie se preocupara por lo que a ti te ocupa, por tus cosas, por tu vida y por tu futuro si tu no lo haces. Tu tienes que salir a buscar las bondades, emociones y ocaciones a tu favor. Nadie más.

No dejes para mañana lo que debiste de iniciar ayer.

Después de años de pedir algo nuevo y no ver nada, después de cansarme y no ver cambios, de enfermarme y permitir que el estrés me enfermara, tuve que cambiar, aprendi y crecí. ¿Me tarde? Claro que si, ¿Dolió? por supuesto.

Subidas y bajadas, montones de pensamientos y grandes cambios por venir y de nuevo, como desde niño mi mamá me lo viene diciendo, “se paciente y todo llegará en su momento”. Y así fue, sin seguir buscándolo a lo pendejo, sin esperar a que baje del cielo, trabajando inteligentemente, haciendo cambios mínimos pero que repercuten a mi alrededor.

Se empiezan a abrir nuevas puertas, nuevas oportunidades. Se que lo mejor esta por venir y, ahora más que nunca, se que lo que esta por venir: HAY QUE SALIR A BUSCARLO.

Gracias querido año.

Ya lo dijo el gran René Pérez Joglar, caí con todo el peso pero si es fuerte la caída mas impresionante será mi regreso”.

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